Dos creadores de Valladolid exhiben su teatro en la cartelera madrileña

María San Miguel y Alberto Velasco se suben al prestigioso Teatro del Barrio dirigiendo ‘Federico. No hay olvido, ni sueño’ y ‘Solo quería bailar’

María San Miguel y Alberto VelascoM. zaragozá

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Diario de Valladolid | El Mundo
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Dos creadores vallisoletanos brillan estos días en la cartelera madrileña. Son María San Miguel (1985) y Alberto Velasco (1983), cuyas últimas propuestas ocupan el escenario de Teatro del Barrio, en Lavapiés, un espacio impulsado en 2013 por Alberto San Juan que hace dos años recibía el Premio Nacional de Teatro.

Desde el pasado 7 de septiembre y hasta el próximo 1 de marzo, María San Miguel, con su compañía Proyecto 43-2, dirige y coprotagoniza el espectáculo Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva, junto a Alba Muñoz, Pablo Rodríguez o Luis Heras. Por su parte, Alberto Velasco estrenaba el pasado 28 de enero como director y responsable de la escenografía Solo quería bailar, un espectáculo basado en la novela homónima de Greta García.

Responsable también de la dramaturgia, la última ganadora del Premio Ojo Crítico estrenó Federico. no hay olvido, ni sueño el 1 de junio de 2024, en el 20 Festival El Rinconcillo de Cristobica. El montaje, que se pudo ver en la pasada edición de la Feria de Teatro de Castilla y León, aún no ha tenido acogida en Valladolid. La creadora, «un referente en el teatro documental contemporáneo», como advierten desde Teatro del Barrio, « hace contrapeso a la desmemoria con memoria disidente, aportando luz sobre las ejecuciones franquistas de Granada», con el asesinato de García Lorca en el centro de la mirada.

Protagonizada por Olalla Hernández, Solo quería bailar ha sido recibida en algunos medios como «la obra de teatro más punk de los últimos tiempos». La actriz, atrapada en una suerte de cuadrilátero formado por zapatillas de ballet, interpreta a la Pili, una mujer que lesionada y harta de batallar en la precariedad de los que luchan por vivir del arte, un día llega a su límite y decide hacer algo. Su rabia no va en contra, solamente, de la administración pública y sus trabas burocráticas.

«La dramaturgia de Sergio (Martínez Vila) sobre la novela de Greta está fantásticamente construida porque, poco a poco nos va soltando datos sobre por qué esta mujer está en la cárcel, qué es eso que dice que hizo, que es algo que todos hemos tenido ganas de hacer en algún momento y que no hemos hecho por no acabar como ella», explicaba Velasco antes del estreno, en RNE.

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El coreógrafo, director de escena e intérprete vallisoletano dirige la adaptación de la novela de Greta García, una historia que conecta con su propia trayectoria y discurso artístico: «Hay algo que tiene muy fuerte este libro: el conquistar los espacios. Se acerca a la idea de cómo se mueve una persona libre y de cómo esto asusta al sistema, y al sistema de la danza en particular, porque tiene unos patrones hegemónicos, un esquema tan pequeño sobre los cuerpos que asusta. Sin embargo, la danza contemporánea lleva abriendo pequeñas grietas desde hace un montón de tiempo a otras corporalidades. Pero vamos muy lentos: con espacios muy concretos. En mi carrera siempre he sido el gordo que ha bailado en otras compañías, como el animal mitológico, lo exótico», defiende Velasco, que está trabajando en un montaje, Sacresize, que levantará con un elenco formado solo por profesionales de «cuerpos grandes».