Alicia Soto lleva a Nueva York su danza sobre la identidad y la memoria
Con apoyo del Consulado General de España, trabajará en una performance con intérpretes y creadores neoyorquinos

Alicia Soto, en una imagen de archivo, trabajando en 'El jardín de las Hespérides
Con 30 años de trayectoria a sus espaldas, la bailarina y coreógrafa Alicia Soto sigue mostrando su arte más allá de nuestras fronteras en un año en el que ha exhibido sus trabajos en el Teatro Nacional de Túnez o en el Ataturk Cultural Center de Estambul. El próximo mes de septiembre, con el apoyo del Consulado General de España en Nueva York, la responsable de Hojarasca Danza levantará en Queens un laboratorio en el que trabajar junto a jóvenes artistas de la ciudad.
La responsable de espectáculos como El jardín de las Hespérides, Regards o Paisajes humanos tutelará un proceso de formación en la Incubadora de Danza Green Space, que concluirá con una experiencia escénica en el mismo espacio. Un proyecto que girará en torno a la performance Y tú, ¿a quién traes?
Green Space es un referente cultural en Long Island. Fundado hace 20 años por la veterana coreógrafa y bailarina Valerie Green, responsables de la compañía Dance Entropy, el estudio y sala de espectáculos acoge a bailarines, coreógrafos, profesores y miembros de la comunidad para experimentar con la danza.
«Nos conocimos en la bienal Cinars (Conférence Internationale des Arts de la Scène) de Montreal. Es un mercado internacional muy potente, donde uno puede pulsar lo que se está haciendo en el panorama internacional, donde los programadores acuden a ti para conocer tu trabajo, sin que tú les tengas que perseguir», explica Soto en declaraciones a este diario. En ese marco, bajo el paraguas Dance from Spain –un programa de internacionalización impulsado por la Federación Estatal de Compañías y Empresas de Danza con el apoyo, entre otras instituciones, de Acción Cultural Española–, fue donde Alicia Soto entró en contacto con Valerie Green, que ejercerá como asistente de dirección durante la estancia de la bailarina burgalesa en Nueva York. Era noviembre de 2024.
«Desde el principio hubo empatía, la sensación de que había muchas cosas en común, desde la mirada creativa hasta una forma de pensar y de trabajar», evoca la artista.
Surgió entonces en ambas la idea de colaborar en doble dirección. Green participará en 2026, a este lado del Atlántico, en el proyecto de Hojarasca Un paso adelante, mientras que Soto levantará en Nueva York, del 9 al 21 de septiembre, el citado Y tú, ¿a quién traes?, una performance creada en 2016 junto a Júlio Martín da Fonseca.
«Es una pieza interesante porque trata de conectar con esa vertiente creativa que tiene todo el mundo. Vienen los participantes con una propuesta. Se trata de ver qué tiene cada uno, qué trae, quiénes somos, qué no queremos compartir. Es un trabajo sobre la memoria y la identidad. Cada uno trae una propuesta artística, que puede ser una coreografía, un poema... A partir de ahí, yo trabajo con esas propuestas. Y creamos un hilo conductor», explica la bailarina y coreógrafa.
¿Cómo se trabaja la creación en un espectáculo? ¿Qué se exige del intérprete? ¿Cómo conecta con el colectivo el intérprete que es también un creador? Son algunas de las preguntas que deberán afrontar quienes asistan a Green Space, que ha lanzado la convocatoria a bailarines, actores, músicos, autores o, simplemente, curiosos, independientemente de su formación artística.
«Ahora muchos lo llaman proyectos de mediación social... Bueno, es cierto que tienen un impacto social, porque suelen generar piezas con un corte muy contemporáneo, con inquietudes muy reales, del momento», reflexiona la directora de Hojarasca Danza y responsable de espectáculos como La Petite Voiture o Sobre cuerdas.
Alicia Soto celebra la experiencia y la oportunidad que le brinda Green Space. «Es una gran oportunidad para ver cómo se trabaja allí y para mostrar cómo lo hacemos aquí. Y con el apoyo del consulado, que es muy importante, porque cuando una compañía española trata de salir, de fomentar su internacionalización, descubre que no compite de igual a igual con otros países, con formaciones que cuentan con el apoyo de sus gobiernos. Eso hace que a los programadores les resulte más costoso contratar compañías españolas a pesar del interés que despiertan desde hace mucho tiempo», lamenta.