FERIA DEL LIBRO 2025
El periodo más turbulento de la República, en la Feria del Libro de Valladolid
Los ganadores del Premio Umbral, Fernando del Rey y Manuel Álvarez, presentan 'Fuego cruzado, la primavera de 1936', en un acto organizado por la Fundación Francisco Umbral
«Venir a Valladolid es siempre un privilegio por ser la ciudad que va unida a Delibes y Umbral»

Fernando del Rey y Manuel Álvarez, autores de Fuego cruzado.
La presencia de los historiadores y escritores Fernando del Rey y Manuel Álvarez Tardío en la Feria del Libro de Valladolid, en un acto organizado por la Fundación Francisco Umbral, realza la presente edición. Los autores de 'Fuego cruzado. La primavera de 1936', ganadores del Premio Umbral analizan la violencia política que precedió al golpe de estado. Un trabajo de muchos años, riguroso y metódico, dio paso a un libro que recibió el premio de Mejor Libro de 1924. El jurado destacó el «rigor académico, la documentación exhaustiva y la prosa atractiva» que emplearon los autores para plasmar en su obra lo que ocurrió entre las elecciones de febrero de 1936 y el golpe de estado de julio.
Los autores coinciden al señalar que el libro es fruto de un trabajo de investigación de «muchos años» con «pretensiones académicas». «Hemos querido alejarnos de interpretaciones sesgadas en una coyuntura tan compleja y enrevesada que desembocó en una guerra civil. El desenlace pudo ser otro, Fue un periodo conflictivo y el desenlace condicionó interpretaciones», afirma Fernando del Rey, historiador y catedrático de la Complutense y de la Universidad Juan Carlos I.
«Hemos priorizado las fuentes del momento no tanto las memorias. La prensa, los archivos y los epistolarios del momento. Es un relato para intentar fijar los hechos, el análisis de la violencia y del orden público, tratando de medir esos hechos y las responsabilidades. Había una dialéctica muy compleja que no empieza el 17 de febrero, viene de atrás y define la historia de la democracia republicana en años intensos en España y Europa», indica Del Rey.
«Nos hemos hecho nuestra propia composición de lugar. En la primavera del 36 ocurrieron cosas muy variadas y en los medios del momento la prensa de la izquierda obrera no se corresponde con la prensa conservadora. Tampoco somos hermanitas de la caridad, tenemos vara de medir. Nos sentimos más cerca de El Sol y Ahora, eran los análisis más correctos del momento», añade Fernando del Rey.
El libro incluye cifras de muertos y heridos. Fuego cruzado refleja 2.143 víctimas, 484 muertos y 1.659 heridos y hace referencia también a la violencia que había en mitines, en celebraciones y en bailes. «Fue un periodo muy politizado. Hacer análisis de la violencia es como poner un termómetro para ver los desencuentros. Tomamos referentes de víctimas, muertos, herido que se denomina grave, o así lo entendemos, por herida de bala que si no le produjo la muerte, pudo. Son cifras provisionales que no siempre definen los fuentes. Posiblemente fueron más. Hay víctimas que fueron producto del follón cotidiano que se estaba produciendo. Hay una fragmentación política acusada y se ve lo mal que se llevaban los falangistas con la derecha monárquica, como opina en junio del 36 José Antonio, de Falange, de Calvo Sotelo».
El rigor con el que han trabajado Del Rey y Álvarez queda reflejado en Fuego cruzado. «Estamos más identificados con determinados medios. Llevamos al lector lo que fue la realidad, no diría tanto la verdad absoluta porque nadie la tiene. Es una de las aproximaciones más rigurosas hasta ahora. Los lectores pueden sacar conclusiones. Es una aproximación con rigor, lógica y argumentada. La violencia es una barra de medir y hacemos análisis político global de las fuerzas gubernamentales. La verdad absoluta está en un poso. Es un libro de madurez, la investigación se remonta a 4 o 5 años atrás. No hubiera sido posible sin retroceder a los años 30. Hemos estado 20 años dedicados a estudiar la República y el periodo entre guerras», señala.
«El premio de Mejor Libro de 2024 nos sorprendió gratamente porque consideramos algo que no es fácil. Es un producto que no es académico y llega a la ciudadanía. El tribunal era de altura pero no necesariamente formado por historiadores. Nos ha reconfortado mucho», dice Del Rey. «Muchas veces el trabajo se queda enconsertado en el mundo académico».
Del Rey, catedrático de la Complutense y de la Universidad Rey Juan Carlos, concede mucha importancia a su presencia aquí. «Venir a Valladolid y a su Feria del Libro es siempre un privilegio, entre otras muchas razones por ser la ciudad que va estrechamente unida a las figuras de Miguel Delibes y Francisco Umbral, dos de los mejores escritores en lengua española del siglo XX, cuya obra ha marcado la formación de tantos ciudadanos en nuestro país», afirma Del Rey.
Manuel Álvarez Tardío resalta la importancia del libro para dar a conocer lo que ocurrió en esos meses tan convulsos. «Es un libro de cinco meses pero tan poco investigados. Hemos dedicado muchos años de investigación, no se puede explicar sin otros muchos trabajos anteriores. Tenemos una base de datos de más de mil episodios que ocupa cientos y cientos de páginas. El libro tiene mucha información. Era necesaria para que cada lector pueda tener una fotografía lo más exacta posible. No podemos devolver el pasado a la vida, lo que pasó en esos meses tan complicados».
Álvarez indica que la información que recibía la gente era en cierto modo igual que ahora. «La única diferencia estaba en los canales por donde llega la información. No hay rastro de la radio de la época. Había transmisión radiofónica de mitines, prensa profesional y mucha prensa de partido. A quienes no sabían leer se lo leían. Había muchas oportunidades de informarte y contaba mucho el sesgo ideológico», indica.
El trabajo riguroso que han llevado a cabo los autores del libro se aleja precisamente de esos mensajes interesados que no suelen ajustarse a la realidad. «Hemos intentado en esos mil episodios reconstruirlos con el mayor número posible de fuentes. A diferente de otro historiadores nunca hemos dado por buena una información que solo se publicó en un sitio. Es la valía del libro, que va a durar y perdurar. No me demuestra que fuera verdad lo que le contó a alguien el vecino. Hemos acudido a muchas fuentes. En la información es fundamental respetar al lector y ver qué pasó exactamente porque las versiones son contradictorias. Tenemos compañeros historiadores que han cogido el Socialista o el Obrero de la tierra, un periódico de partido sindical de izquierda, y nos han contado la historia. La información estaba muy sesgada. La Guardia Civil siempre era mala, de forma sistemática. A algunos compañeros les encanta lo de los buenos y los malos», indica.
Álvarez, escritor, politólogo y catedrático, tiene muy claros dos aspectos que deben tenerse en cuenta a la hora de hablar de la memoria histórica. «Llevamos con esto los últimos 20 años, desde 2004 con el Gobierno de Zapatero. Hay que tener en cuenta dos ámbitos, el respeto a las personas que quieren rescatar los restos de sus familiares y averiguar el pasado para esclarecerlo. No hay tantas fosas ni tantos cuerpos como nos ha dicho la propaganda y el trabajo tiene que estar respaldado por todos los gobiernos para llevar a cabo la investigación y el análisis. Por otra parte, hay un aprovechamiento político de las leyes y normativas de este Gobierno. La última Ley de Memoria Democrática es un insulto a la inteligencia política de los españoles. Una cosa es investigar lo que no se conoce como son los restos humanos y otra colarnos un discurso moral de buenos y malos que no responde a la realidad», afirma.
«En la primavera del 36 se produce una paradoja. Revelamos algo a lo que hasta ahora nadie prestaba atención. La censura estaba presente, los gobernadores podían controlar la información que se publicaba sobre episodios violentos. Era una sociedad politizada con minorías muy movilizadas. La censura era incentivar versiones y rumores. No se podía publicar libremente. Los medios no podían hacer su trabajo profesional, la censura promovía todavía más la manipulación de la información. Circulaban todo tipo de bulos acerca de lo que pasaba».
Álvarez agradece la valoración del jurado al consideralo como Mejor Libro de 2024. «Es reconfortante y muy bonito porque en el jurado lo que había eran intelectuales y escritores, no historiadores. Lo eligen mejor libro, no mejor libro de historia, y eso es motivo de orgullo. La inmensa mayoría de profesores de historia de Universidad publican libros que no lee nadie o una tirada de 200 ejemplares. Tenemos muchas presiones de la Universidad, solo lo quieren en el medio científico y eso nos aleja de los lectores generales. Es una barbaridad», concluye.