Diario de Valladolid

Javier Barón, un Premio Nacional de Danza que evoca a Goya en el Calderón

«En ‘Caprichos‘ el aficionado reconocerá una bambera, una alegría o una seguiriya, aunque no en primera línea», explica el coreógrafo de su espectáculo en Valladolid

Javier Barón en la Bienal de 2020

Javier Barón en la Bienal de 2020A. FIDALGO

Publicado por
Valladolid

Creado:

Actualizado:

Con los grabados de Goya como inspiración, y con el flamenco como hilo invisible que cose la propuesta, el bailaor y coreógrafo sevillano Javier Barón presenta este sábado en el Teatro Calderón de Valladolid su último espectáculo, Caprichos, estrenado el pasado mes de septiembre en la XXIII Bienal de Flamenco celebrada en la capital hispalense.

Una «fantasía» de baile en la que el Premio Nacional de Danza (2008) tiene a la bailaora Rosario Toledo como artista invitada. Un espectáculo dirigido por el dramaturgo y director de escena Alfonso Zurro, responsable de la compañía Teatro Clásico de Sevilla, con música de José Torres Vicente (guitarra), Karo Sampela (percusión), Javier León (clarinete), Jacobo Díaz (oboe) y Antonio Campos (cante).

Fue Zurro quien le propuso a Barón asomarse al trabajo de Goya para buscar su inspiración, cuando el coreógrafo buscaba ideas para armar un nuevo espectáculo. «Apareció con esas láminas de Goya. Eran preciosas, una cosa que realmente yo no había visto. Me impresionaron mucho. Y nos dimos unos días para decidir», evocó el coreógrafo en declaraciones a este diario.

«Nosotros miramos aquella época, por así decirlo, de reojillo. Nos sirve de inspiración sin llegar a centrarnos en ella. Con Alfonso hemos aprendido muchísimo sobre aquella época. Nosotros más bien lo tratamos por el baile, por la afición, por el equilibrio, por el conflicto», explica el bailaor. Aunque inicialmente lo contemplaron, al final descartaron el uso de proyecciones que recordaran el mundo retratado por Goya

El montaje, sin embargo, se despoja de la carga satírica y crítica de la serie del aragonés. «Rosario y yo llevamos esos movimientos, esos bailes, sin perder de vista el flamenco, que aparece con mucha clase. Somos un matrimonio que está ahí, en una habitación, donde ocurren muchas cosas: no nos podemos ver o podemos estar juntos, querernos o no queremos, jugando... Porque a Alfonso Zurro le pedí un poco de humor, de diversión, para presentar al público y que se lo pase bien, con la buena música y con lo que hacemos entre nosotros, con una historia que al final es muy feliz», resume el bailaor.

Un montaje «rápido», en palabras del coreógrafo, en el que se suceden 16 caprichos, en pequeños cuadros en los que el flamenco está presente «en segunda línea», que encuentra su espacio entre el clarinete, la batería, una guitarra «medio clásica» y la voz flamenca de Antonio Campos haciendo suyos diversos cantes populares. «El aficionado que sepa podrá reconocer una bambera, una alegría, una seguiriya o una farruca, pero no estarán en primera línea como en uno de mis espectáculos tradicionales».

tracking