RICARDO INIESTA, DIRECTOR
«En ‘Rey Lear’ hay textos que parecen escritos hoy»
El fundador y director de Atalaya, Premio Nacional de Teatro, sube este fin de semana las tablas del teatro Calderón Rey Lear, el drama más desgarrador de Shakespeare protagonizado por Carmen Gallardo

-ATALAYA
Tras el éxito que supuso Ricardo III, Atalaya Teatro bajo la dirección de Ricardo Iniesta regresa al teatro Calderón para levantar en toda su crueldad el drama del Rey Lear, uno de los grandes clásicos de Shakespeare que durante siglos estuvo semiproscrito por su dura crítica contra los poderosos. El texto, la historia de un dictador y sus tres hijas, presenta un mundo complejo de ambición desmedida. Una obra protagonizada por Carmen Gallardo quien compone con una estremecedora sensibilidad y fiereza a uno de los personajes con mayor riqueza de matices de la historia del teatro. Despotismo, arrogancia, ceguera, dolor, locura, destrucción. La obra representa un viaje por las emociones y los sentimientos pero con una fuerte denuncia hacia los potentados y una toma de partido en favor de los desheredados. La cita es este viernes y el sábado a las 20,30 horas y el domingo una hora antes con precios entre 10 y 30 euros. Junto a Carmen Gallardo, sobre el escenario Joaquín Galán, María Sanz, Silvia Garzón, Raúl Vera, Lidia Mauduit, José Ángel Moreno, Elena Aliaga y Javier Domínguez.
Pregunta.– ¿El ser una de las obras cumbre de la literatura dificultad el reto?
Respuesta.– Es el Everest de la literatura universal. Ponerla en escena ha sido como una subida al Everest sin oxígeno. Ha sido extenuante pero cuando llegas a la cumbre es apasionante. Y seguimos en la cima. Es el espectáculo más premiado en nuestros 37 años de historia y tiene que ver con la calidad del texto y con el trabajo extenuante de los actores y de un equipo que, siguiendo el argot de los montañeros, han sido unos sherpas magníficos que me han ido ayudando a subir a la cima.
P.– Y para encarnar al rey Lear, otro reto: una actriz.
R.– Sí. Carmen Gallardo. Es la actriz más icónica de Atalaya. Y borda el papel. Su trabajo es enorme, más allá de que sea hombre o mujer. A partir de los cinco minutos del montaje, nadie se plantea que sea una mujer haciendo de hombre. Es más, hay personas que ni siquiera lo llegan a saber a lo largo de la obra. Lo importante son los textos y la energía con los que lo transmite seduciendo, enamorando y emocionando al espectador.
P.– ¿Quizá el abandono de los hijos remueve más los sentimientos de una mujer?
R.– Nuestra idea no ha sido crear una Reina Lear, sino seguir manteniendo la esencia de un Rey Lear y, al revés de lo que pasaba en la época de Shakespeare donde los personajes femeninos los hacían hombres, en este caso es al revés. Este personaje ya lo interpretó Glenda Jackson o Nuria Espert y también Blanca Portillo se puso en la piel de Segismundo o de Hamlet. Y me parece muy interesante que sea así. Carmen arranca encarnando a un rey que tiene una energía muy iracunda, muy tiránica, muy despótica y a lo largo de la obra va realizando un viaje hacia los infiernos. He visto grandísimas interpretaciones del rey Lear a cargo de grandes actores y al final están un tanto pasadas de testosterona. Les falta esa extrema fragilidad, esa capacidad de conmoción, de provocar una compasión enorme que transmite Carmen.
P.– Shakespeare es un autor muy político. En esta obra es más maduro y también tiene una mayor sensibilidad social. ¿Quizá es el drama más desgarrador?
R.– Rey Lear es la última de las grandes tragedias que escribió. En ella recopila todo lo que ha ido creando y ha vivido sin escabullirse de las cuestiones sociales. Frases como ‘Poderosos, sentid como sienten los miserables’ o ‘Que acabe la injusticia del mundo’ parece como si estuviesen escritas hoy en día y como si se las dijera a Trump o a Bolsonaro. Son ideas que subyacen en esta obra. No sólo en Lear, también pone en boca de Gloucester, en el bufón, o en Edgar frases que parecieran escritas hoy por alguien que quiere cambiar el mundo.
P.– Si Hamlet representa la duda, Otelo los celos y Elektra la venganza... ¿Qué representa el Rey Lear?
R.– La ceguera. Una ceguera que impide ver la verdadera naturaleza de los acontecimientos y las personas. Esa ceguera que tiene cuando concede a las hijas que menos lo quieren su reino y destierra a la hija más fiel. Y esa ceguera también sigue latente en nuestros días con tantos ciegos ante lo que está sucediendo en el mundo.
P.– La obra es una travesía por las emociones y los sentimientos, pero también hay una denuncia muy fuerte hacia los potentados y una toma de partido en favor de los desheredados y los desarrapados, un hecho que le imprime plena vigencia.
R.– Lo más bonito es cómo un actor del siglo XXI puede decir frases, palabras y pensamientos totalmente actuales pero escritos hace cuatro siglos por el más grande entre los grandes. Shakespeare se nos aparece como un ‘indignado’ y pone en boca de varios personajes textos que podrían pertenecer a nuestros días. En la obra se da un triple conflicto. Tres niveles de caos. El gran caos que sobreviene primero en la cabeza de Lear al decidir de buenas a primeras repartir su reino. Ese caos en su persona provoca un caos en el Estado que deviene en luchas, en guerras fratricidas. Y, por último, ese caos en el Reino repercute también en un caos en la naturaleza. Es como si la propia naturaleza se hiciera eco de esas decisiones caóticas de Lear desencadenándose los eclipses y una enorme tempestad. Todo está entrelazado. Es como si la naturaleza pasara factura como ocurre en el mundo en que vivimos. Pensemos en el cambio climático o en lo que está pasando en Amazonía.
P.– ¿Quizá porque la mayoría de los grandes textos clásicos tienen el poder de ponernos frente a nosotros mismos?
R.– Y Rey Lear más que ninguno. Yo llevo en el oficio más de cuarenta años y esta obra es, como decía antes, el Everest y sobresale del árbol de todos los textos de la literatura. Es un texto universal que deja en evidencia que las pasiones y los instintos humanos son eternos y que no han cambiado en los últimos 4.000 años. El hombre ha cambiado en su forma de vestir, en su forma de desplazarse, en su forma de comunicarse pero los instintos y las bajas pasiones -también las altas- siguen siendo las mismas y todas tienen que ver con la arrogancia, con el orgullo, con la envidia, con la ira, con la mentira, con la codicia...
P.– Es el montaje número 24 de la compañía Atalaya. ¿Cómo se consigue mantener un sello tan personal durante tanto tiempo?
R.– Siempre hemos intentado rodearnos de personas llenas de ilusión, de ética, de ganas de trabajar. Somos ya cuatro generaciones. Nos hemos ido nutriendo de jóvenes que han ido entrando con sangre nueva y fresca que nos han inoculado vida, energía y realidad para no estar en nuestra torre de marfil. Es una compañía de gran fertilidad creativa que también debe mucho a dos de nuestros grandes maestros como Carmen Abad o Eugenio Barba, a quien el TAC le rindió un homenaje hace unos años. Eugenio nos decía que teníamos en nuestras manos una copa de cristal que deberíamos cuidar. Una bellísima y fragilísima copa que normalmente se cae, se quiebra y se acaba rompiendo. Yhemos tratado de cuidar esa copa manteniendo la misma ilusión que el primer día.