Diario de Valladolid

XIV FESTIVAL DEL TEATRO CLÁSICO

Olmedo narra un «Juego de tronos» en la Castilla del XI

Juan Sanz y Daniel Pérez llevan a escena la obra de Guillén de Castro, todo un «drama shakesperiano»

Una imagen de ‘Las mocedades del Cid’-CRISTINA GÁLVEZ

Una imagen de ‘Las mocedades del Cid’-CRISTINA GÁLVEZ

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J. T. | VALLADOLID
Valladolid

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El Olmedo Clásico, como ya hiciera hace unos días con María de Zayas, incorpora un nuevo autor a su historial de dramaturgos representados a lo largo de estas catorce ediciones del festival. Hoy resonará en la Corrala del Palacio del Caballero la voz del valenciano Guillén de Castro, uno de los referentes de la Comedia Nueva. El director Juan Sanz lleva a escena (22.30 horas) la Comedia segunda de Las mocedades del Cid, en versión de Daniel Pérez.

Muerto Fernando I y dividido su reino entre Sancho, Castilla, Alfonso, León y Urraca, Zamora, el primero iniciará una guerra fratricida que desembocará en el asedio durante más de medio año de esta última ciudad, ‘la bien cercada’.

«Es un drama shakesperiano», advirtió ayer a este diario el director y escenógrafo, a quien Pérez, director del Teatro Principal de Zamora, le propuso levantar el espectáculo con motivo del 30 aniversario de su reapertura. «Conocía el viejo romance de El cerco de Zamora, pero no la obra de De Castro. Cuando Daniel me descubrió esta Comedia segunda no lo dudé. Es todo un Juego de Tronos: una guerra civil entre hermanos en la que confluyen la épica y la historia; esas luchas internas son fascinantes», subrayó Sanz.

Al XIV Olmedo Clásico llegará esta «tragedia poliédrica» depurada de ciertos pasajes – la legendaria Jura de Santa Gadea, por la que Alfonso VI ha de demostrar que no ha participado en la muerte de su hermano, no aparece en el montaje, por ejemplo –, con su historia repleta de conflictos de amor y honor, de cobardía y valor, de fidelidad y traiciones. «Es una obra muy coral en la que Doña Urraca es fundamental: una infanta que va a ser desheredada por ser mujer y que alza la voz para reclamar su parte, que es inteligente, fría y calculadora hasta el punto de servirse de Vellido Dolfos», apuntó Sanz.

El Cid, con una presencia «más discreta» en esta segunda parte, es el «héroe sensato» que sirve a su señor. «Es un hombre que se echa en falta en estos tiempos tan llenos de aduladores. Él habla con sinceridad y cuando Sancho dice aquello de ‘mis enemigos son todos, beberé su sangre ingrata’ él le recuerda que está cargando contra sus propios hermanos contrariando la voluntad de su padre. Representa algo tan raro como la dignidad dentro de una estructura de poder, con enormes dudas que le hacen aún más interesante», explicó el director, que lamentó los «problemas» que están teniendo para hacer girar el espectáculo. «Suena increíble, pero aún hoy parece que el Cid es una figura franquista», aseveró.

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