Cuadrado Lomas se asoma una última vez al paisaje
El artista, que sugiere su retirada, reúne una veintena de óleos, muchos realizados entre 2016 y 2017

Cuadrado Lomas, ayer, en la sala municipal de Las Francesas.-PABLO REQUEJO
«Ya no tengo más lienzos preparados... No pienso pintar más, aunque nunca se pude decir de esta agua no beberé», advierte el decano de los artistas castellanos y leoneses mientras lanza una mirada a los óleos que cuelgan, desde ayer, en la sala municipal de exposiciones de Las Francesas. Cuesta creerle. A Félix Cuadrado Lomas (Valladolid,1930) le pesa la falta de luz en su estudio –quién le mandaría al vecino plantar ese árbol– tanto como algunos achaques propios de su fatigada mala salud de hierro, pero nada de eso desvía el trazo firme de su dibujo preciso ni empaña la lucidez de su poética y reflexiva mirada al paisaje –siempre retratado desde la contemplación al natural– y al ser humano. No hay más que asomarse a Desde la atalaya para comprobarlo.
Comisariada por María Aurora Viloria, la muestra reúne una veintena de obras realizadas, en buena parte, en 2016 y 2017. También hay algunas naturalezas muertas de los años setenta, alguna mirada al páramo castellano de los noventa, algún desnudo firmado hace cuatro décadas y hasta un testimonio (La terna) de una etapa en la que, con un tono oscuro, exploró un cubismo sintético.
En su trabajo más reciente, Cuadrado Lomas rinde su particular homenaje a Mantegna y su Lamentación sobre Cristo muerto, aunque en Los pies de Cristo el vallisoletano cubre el cuerpo del redentor con un sudario, salvo sus pies heridos y manos, creando en los pliegues de la sábana un delicado paisaje semitransparente con sus volúmenes y oquedades. Esa obra, de 2016, ese tributo del artista erudito a sus maestros, conecta en cierta medida, por su guiño a los clásicos, con su Paisaje con figura de 1992, homenaje a Berruguete en su personal adaptación de un detalle que adorna una esquina de La virgen del cuello largo, de Parmigianino.
El vallisoletano, siempre reconocible en su defensa de la línea, la forma y el color, emplaza su caballete en un alto para contemplar diáfano el paisaje, los caminos serpenteantes que se pierden y reaparecen en los planos del lienzo. Y pinta un bodegón de cerezas frente a un fondo que parece inspirado en Mondrian. Y entona una ‘oda al amor carnal’ con esa pareja que se entrega entre las malvas a los placeres, sensual y delicada, ante la mirada pura de una mariposa blanca.
El tiempo dirá si Desde la atalaya es la despedida artística de Cuadrado Lomas, un «fin de ciclo» como él mismo anticipa. En Las Francesas, dos óleos de 2016 –Paisaje escueto y, sobre todo, La calima– muestran un paisaje castellano casi sugerido, fantasmal, de contornos que parecen diluirse entre el polvo... Una imagen que en esta Castilla vaciada deviene en metáfora de una tierra que va perdiendo también a quienes le canten. «Se ha menospreciado a los pintores castellanos», lamentó ayer el vallisoletano tras recordar al desaparecido García Prieto y agradecer a su ciudad y sus paisanos el apoyo que siempre le han brindado.