Diario de Valladolid

ENTREVISTA A CONCHA VELASCO - ACTRIZ

«El maltrato hace actual a Juana»

La ganadora del último Premio Nacional de Teatro vuelve este fin de semana a su ciudad. Por primera vez actuará en un escenario que lleva su nombre, por lo que, dice, «la responsabilidad es doble». Regresa con ‘Reina Juana’, espectáculo de Ernesto Caballero y Gerardo Vera. Ha ‘vendido’ todo el papel en el LAVA

La actriz Concha Velasco durante una representación.-OLMO CABALLERO

La actriz Concha Velasco durante una representación.-OLMO CABALLERO

Publicado por
Julio Tovar
Valladolid

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Descuelga el teléfono en un día de esos en el que, nos advierten, la actriz tiene la agenda «muy apretada», cargada de entrevistas. Hay que ser puntuales y ceñirse a unos 20 minutos que se vuelven escasos en cuanto se formula la primera pregunta. Concha Velasco (Valladolid, 1939), locuaz, no da pie ni a que el periodista termine de formular la primera cuestión. Está feliz, desbordante. Tiene un motivo:este fin de semana pisa por primera vez el Laboratorio de las Artes de Valladolid, el escenario de la sala que lleva su nombre. Regresa con su Reina Juana, tres días de representación –algo inusual en el LAVA– y tres llenos.

«Vuelvo a Valladolid de una forma excepcional: para trabajar por primera vez en un teatro que lleva mi nombre. Fíjate la responsabilidad», celebra al otro lado del teléfono la última ganadora del Premio Nacional de Teatro. Ella, que como bien recuerda estrenó en su ciudad montajes como Hello, Dolly! (2001) o Yo lo que quiero es bailar (2011), que presume de ser ‘Embajadora del Teatro Calderón’ y de lucir su nombre en una placa en la fachada del coliseo, asegura sentir algo diferente. «Eso de actuar en una sala que lleva mi nombre, de pisar por primera vez sus camerinos que son para mí una segunda casa... El sentido de la responsabilidad es doble. Estoy un poquito preocupada, pero sin miedo, porque sé que es un espectáculo bellísimo, con un texto precioso de Ernesto Caballero, con una dirección de Gerardo Vera fenomenal y con unas críticas maravillosas desde el estreno, incluido el Premio Corral de Comedias de Almagro», asegura antes de pedir «que pongan sillas supletorias» al conocer que ya se han agotado todas las entradas.

Pregunta .– Aquella mujer, tan culta, tan poderosa, presa durante cuarenta años de su vida...

Respuesta .– Cuarenta y seis años. Era La cautiva de Tordesillas, que es un libro precioso que a mí me sirvió muchísimo. Fue el primero que leí después de recibir el texto, y no paré luego de leer sobre ella, hasta que Ernesto me dijo basta.

P .– ¿La ha descubierto ahora?

R .– Claro. He descubierto a esa mujer superdotada, bellísima, que hablaba idiomas, tocaba instrumentos y cuestionaba todo desde su sensibilidad e inteligencia... No me gusta decir que los hombres son malos y las mujeres muy buenas, porque yo creo en las personas por encima de todo, pero a las mujeres aún se nos cuestionan muchas cosas.

P .– ¿Esa contradicción, la falta de libertad de una mujer poderosa, la hace más cercana, más actual?

R .– Claro, claro. Y, sobre todo, el maltrato físico al que se la sometió, más allá del psíquico al apartarla de todo diciendo que estaba loca. Esta función muestra a una reina anciana que se confiesa con Francisco de Borja por orden de su nieto, Felipe II, que la acusa de bruja, de luterana. Esa confesión existió. Pese al secreto debido, está en los libros lo poco que pudo contar obligado por el mandato del emperador, que moriría un año después que su madre.

P .– En esa confesión dice eso de ‘Bienaventurados los que se entregan en cuerpo y alma en los brazos del próximo’, todo un canto al amor, a la pasión carnal de la que ella pronto se ve privada...

R .– Es un momento precioso, contado desde el punto de vista de una anciana. Recuerda aquel viaje a Flandes, con 130 barcos; el naufragio y la llegada a Inglaterra; el encuentro con un hombre que no conoce, que tiene dos años más que ella, y al que descubre bellísimo. Y se enamora. Es precioso el momento. Y eso que se casa de cualquier manera. Eso lo hemos visto antes en el cine o la televisión, pero no hay mucha gente que sepa que los Comuneros le ofrecieron la libertad a cambio de que traicionara a Carlos, al que llamaban El extranjero. ‘Todos nacemos extranjeros a un mundo que no nos pertenece’, dice Juana. Es un personaje que dice unas cosas tan bellas, que sigo interpretándolo como si fuera la primera vez, con mucho placer.

P .– ¿No apoyar a los Comuneros fue un gesto de amor de una madre hacia un hijo que le dio la espalda?

R .– Sí, sí, para su dolor, porque Bravo, Padilla y Maldonado acabarían perdiendo la cabeza.

P .– Qué pudo marcarla más, que su padre y su hijo la encerraran o la pérdida del marido, con ese peregrinar acompañando el cuerpo.

R .– No ocurrió como se cuenta, eso de que como una loca vagaba con el cuerpo de Felipe... Sabía que había sido envenenado. Lo que hacían entonces era embalsamar, porque a través de las vísceras se podía descubrir de qué murió Felipe. A él le extraen rápidamente el corazón para que no se sepa. Ella decide ir con el cuerpo como la mayor protesta.

Lo del envenenamiento era algo que se contaba y cantaba hasta en los pueblos. Otra cosa es que se conformara otro relato, según el interés político del momento.

P .– En los últimos años ha encarnado a una serie de mujeres tremendas, desde esa reina troyana cautiva de Hécuba, a la madre con una enfermedad terminal a cargo de un hijo con Down (Olivia y Eugenio). ¿Se necesita algo más que oficio, quizá toda una trayectoria vital, para interpretarlos?

R .– ¡Y La vida por delante con Pou! Hace falta buena memoria, mucha capacidad de estudio y una preparación grande, además de talento.

P .– Cuando le concedieron el segundo Premio Nacional de Teatro destacaron su «magisterio» sobre «las nuevas generaciones». ¿Esa huella es el mejor legado?

R .– Yo estoy emocionada. Mis ejemplos son Nuria Espert, José Sacristán y Lola Herrera. A veces hay gente que dice eso de ‘tan mayor y todavía ahí’. Pero si no somos nosotras que tenemos lucidez para salir a escena las que interpretamos a estos personajes, quién los va a hacer.

Me ha contado Pou que ha visto en Londres a Vanessa Redgrave en el teatro, con el público haciéndole un pasillo sólo para entrar en el camerino. La gente no sabe lo maravilloso que es ser actor o actriz. Es tan importante poder vivir otras vidas, el madrugar, no comer, pasar frío o calor para poder vivir vidas magistrales en el escenario. Vidas con las que yo como persona nunca me podría comparar...

P .– ¿Y de paso tocar al espectador?

R .– Claro, claro. Incluso a través del humor, con el que se puede hacer denuncias estupendas. Pero yo no soy partidaria de salir al escenario como diciendo ‘mire usted, ahora se va a enterar de qué va esto...’. No. Yo vivo el personaje hasta el fondo. Lo estudio. Me meto en él. Y luego que el espectador saque sus consecuencias, que se emocione.

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