PUBLICACIÓN - CON EDITORIAL VALNERA
José Ramón Sánchez, el retrato de un ‘soñador’
El vallisoletano Diego Castaño analiza la trayectoria del Premio Nacional de Ilustración y los cinco grandes proyectos del santanderino

Diego Castaño, autor del libro, junto al dibujante José Ramón Sánchez.-EL MUNDO
En la España de los ochenta, aquellos que estaban en disposición de disfrutar de los placeres terrenales y entregarse a las tentaciones de una vida en libertad, probablemente alimentaron sus fantasías en los trazos salvajes y abigarrados de un Ceesepe o en las fotografías underground de un García-Álix o de un Pérez Mínguez, todo a ritmo de Kaka de Luxe. Quienes, por razones de su bisoñez, despertaban a la fantasía, tuvieron a su gran referente en José Ramón Sánchez (Santander, 1936).
El vallisoletano Diego Castaño López se asoma a la vida y obras del Premio Nacional de Ilustración, protagonista de recordados programas como Sabadabadá o El Kiosko, en el libro José Ramón Sánchez: el acróbata de los sueños. El pentágono mágico (Ediciones Valnera).
Profesor de Enseñanza Secundaria en Zamora, Castaño (Valladolid, 1975) admite en su libro que el niño que una vez fue adquirió con Sánchez una deuda –y una admiración– imperecedera. El dibujante, para muchos, «descorría el telón de los sueños» en cada una de sus apariciones. «La televisión actuó de catalizador, de elemento focal. Uno salía del colegio en los años setenta y ochenta y se encontraba con aquellos programas, con aquel hombre dibujando algo que parecía vivo ante los ojos», recuerda en declaraciones a este diario el autor.
Comienzos
La infancia, en este caso la de José Ramón Sánchez, siempre marca, como desvela Castaño en una obra en la que repasa la trayectoria del ilustrador hasta detenerse en el análisis de lo que denomina su Pentágono Mágico: sus versiones de Don Quijote, La Biblia, Moby Dick, La Divina Comedia y El Beato de Liébana. En el caso del santanderino, fue una salud frágil –era asmático– lo que le empujó hacia los libros y los lápices durante su convalecencia. «Era una España en la que la situación para muchas familias no era buena. Aquello era una buena manera de adentrarse en otros mundos. La literatura, el arte o el cine, fundamental para José Ramón, ensancharon su mundo», explica el vallisoletano.
El mar que contemplaba en Santander, o el cine, con sus vaqueros y criaturas fantásticas, del que se empapó estando interno en los Maristas de Palencia, tan presentes en su infancia y juventud, ocuparían buena parte de sus horas de dibujante. «Lo hemos hablado: es en la infancia cuando se asienta una cierta forma de ser y de estar en el mundo. En el caso de José Ramón, está la geografía de Santander, a la que acabará volviendo; están esos libritos de edición modesta; está el cine, que para los niños de entonces tenía un componente hipnótico que quizá se haya perdido», señala Castaño.
Sánchez dará el salto a Madrid, donde se curtirá con el cartelista Jano o en los Estudios Moro, donde conocerá a Cruz Delgado –autor de la recordada serie sobre Don Quijote–. «Fue un tiempo clave», advierte Castaño. El santanderino descubrirá ahí «las exigencias de un oficio nada sencillo». «Cuando le preguntaban por el origen de su pericia dibujando en televisión, él respondía que la adquirió en los Estudios Moro, donde realmente conoció el oficio».
Pocos ilustradores como Sánchez habrán tenido la proyección mediática que él tuvo en aquella España a la que aún no habían llegado las televisiones privadas. En su libro, en el que da cuenta de proyectos aún pendientes de edición, Castaño recupera una reflexión del guionista, editor y comisario de la muestra Cambio de luces Felipe Hernández Cava sobre José Ramón Sánchez: «Fue el más claro adelantado de la estética manifiestamente pop en la ilustración española». ¿Acaso no se convertiría él en un icono pop? «Probablemente. Tiene mucho de icónico y alguna vez ha reconocido que el éxito y proyección que tuvo le sobrepasaron. Es una figura referencial que ha contribuido a descubrir a muchos un mundo que era minoritario», afirma el investigador.
Tan minoritario, que el propio Castaño aún tuvo que vencer alguna que otra resistencia ‘académica’ a la hora de realizar su estudio, con el que culminó un Máster Universitario en Estudios Avanzados en Historia del Arte, de la Universidad de Salamanca, antes de ser publicado en Valnera. «José Ramón aún reconoce que no se le da la atención que merece a la ilustración en medios especializados, en las librerías o en los ámbitos académicos, que permanecen un tanto herméticos», subraya Castaño. José Ramón Sánchez: el acróbata de los sueños está profusamente ilustrado con dibujos de ese Pentágono Mágico.