EXPOSICIÓN CINCUENTA ANIVERSARIO DE LA PUBLICACIÓN DE ‘CINCO HORAS CON MARIO’
Revilla evoca el duelo eterno de Delibes y Menchu
La sala municipal reúne ejemplares del centenar de ediciones realizadas de ‘Cinco horas con Mario’, una obra traducida en 17 países, trasladada al cine, el teatro y la ópera, y objeto de numerosos estudios.

Ana Redondo, Amparo Medina-Bocos, Adolfo y Elisa Delibes contemplan algunos de los carteles de las obras de teatro.-MIGUEL ÁNGEL SANTOS
Las palabras de Carmen Martín Gaite, prendidas a la pared de la Casa Revilla, resuenan con fuerza: «Cinco horas con Mario es una de las novelas que mejor envejecen con el paso de los años, y por eso cada relectura regala –por lo menos a mí– un nuevo hallazgo. Pocos textos españoles habrán dado más pretextos a tantos estudiosos nacionales y extranjeros como han metido en él la cuchara».
Una reflexión que cobra todo su sentido al contemplar la exposición inaugurada ayer en la sala municipal vallisoletana, para conmemorar hasta el 22 de enero los 50 años de su lanzamiento.
«Esta exposición muestra a la perfección cómo fue concebida la novela, cómo fue publicada y el éxito que tuvo con las sucesivas ediciones», advirtió durante la inauguración Elisa Delibes. Traducido a 17 idiomas, Cinco horas con Mario tuvo un vuelo inigualable desde su publicación por Destino el 3 de enero de 1967, casi 20 años después de su exitoso debut con La sombra del ciprés es alargada.
Lo recordó la hija del narrador ayer, una adolescente cuando la novela llegó a las librerías un tanto renuente a asomarse a los pensamientos de la viuda Carmen Sotillo, a su clasismo, a su moral burguesa, a sus corsés, a sus reproches; a descubrir, con ellos, las vivencias y sentimientos de aquella España. «Viví el entusiasmo que despertó. Mi padre quiso mandar un mensaje a la progresía, a las puertas del 68. El decía que había libros suyos que nacían con gracia y otros que no; entre los primeros estaban El camino, Cinco horas con Mario y El príncipe destronado», recordó.
Algún disgusto también le acarreó a Delibes el éxito de la novela, como descubrió su hija: «Estaba feliz de que fuera una lectura obligatoria en los colegios, hasta que uno de sus nietos, en Selectividad, tuvo que hacer un análisis gramatical de su uso de los ‘que’ en la novela. ‘¡Qué cabrones!’, exclamó entonces», recordó divertida.
«Esta exposición muestra cómo una novela se puede mantener en el tiempo», subrayó la escritora Amparo Medina-Bocos, especialista en la obra del vallisoletano y comisaria de Miguel Delibes. Cinco horas con Mario. Cincuenta años de historia, que tras su paso por Valladolid irá a Madrid.
Medina-Bocos subrayó el papel renovador que en su día le fue asignado a la citada novela, que junto a Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos, constituyó un hito en la literatura de la época. Sin embargo, la comisaria advirtió que ya Delibes había ensayado antes algunas de las claves que desarrollaría en Cinco horas con Mario, como la supresión de la voz del narrador (lo hizo antes en Diario de un cazador), como el protagonismo concedido a un pequeño burgués (Mi idolatrado hijo Sisí), o como el manejo de un tiempo comprimido (El camino).
La muestra
La muestra, que se abre con la esquela de Mario Díez Collado, reúne la correspondencia mantenida entre el escritor, muy preocupado por la censura, y su editor Josep Vergés, así como las primeras críticas aparecidas en prensa. También muestra ejemplares de las diferentes ediciones –se han hecho 107, lanzado 750.000 ejemplares– y traducciones de la novela –17–. Presenta una selección del centenar de estudios realizados de la citada novela, como uno que firma Harold L. Boudreau para la Universidad de Massachusetts, que el propio investigador le dedica como «un humilde homenaje a un gran escritor».
Mención aparte merece en la exposición, relatado con fotografías, afiches y recortes de prensa, el salto de la novela al teatro, con Lola Herrera –se presenta un manuscrito con anotaciones a mano del productor José Samano– dando vida a Menchu; al cine, con Función de noche; e incluso a la ópera, con una creación reciente a cargo de Jorge Grundman.