CALDERÓN ESTRENO NACIONAL DE ‘EL CARTÓGRAFO’
Mayorga y el anhelo de evocar vidas interrumpidas
Portillo y García-Pérez claman contra el olvido de las víctimas del gueto de Varsovia

Blanca Portillo y José Luis García-Sánchez, ayer, en el Teatro Calderón.-J.M.LOSTAU
Puede que este triste recitar surgiera en 2008 en la mente fabuladora de Juan Mayorga, durante una estancia en Varsovia, pero el dramaturgo bien pudo escuchar allí, más de seis décadas después de que el ser humano escribiera una de las más tristes páginas de la historia de la infamia, el eco eterno de una letanía real: «... Alex Krunz, que trabajaba en el barrio ario, por traer escondido un paquete de mantequilla. Andrei Boz por imprimir documentación falsa. Los hermanos Butchovski, encargados del transporte del taller de zapatos, se les murió un caballo y los acusaron de sabotaje.
Bavel Fink, por no entender una orden. Karen Brycik, por caminar por la calle Ogrodowa...». Hoy, por primera vez, sus nombres y sus ‘delitos’ resonarán sobre un escenario como el del Calderón con el estreno nacional de El cartógrafo, con Blanca Portillo y José Luis García-Perez dando vida a la docena de personajes ideados por el autor.
Krunz, Brycik... Hombres y mujeres a punto de desaparecer en la oscuridad del gueto de Varsovia;sus nombres retenidos sólo en la mirada de una niña, cómplice de un anciano decidido a dibujar el mapa del abismo, a conservar la memoria de lo que existió.
«En Varsovia entré por azar en una sinagoga. Había una exposición con fotografías recién descubiertas del gueto: eran imágenes llenas de luz y de vida, aunque luego fuera interrumpida», explicó ayer Mayorga. Aquella visión, y el comprobar después que no quedaba en el presente de la ciudad polaca ni el menor rastro de aquello, sumió al escritor en una sensación de «vacío», de «zozobra»; en un «anhelo de recobrar esas vidas interrumpidas».
Y empezó a soñar con un espectáculo teatral protagonizado por Blanca Portillo, partiendo de esa leyenda inventada por él de un cartógrafo decidido a trazar el mapa de 400.000 vidas en peligro, para atravesar el tiempo y llegar hasta hoy. «Ese tiempo está atravesado por la lucha contra el olvido, desigual ante la fuerza del presente», advirtió el autor de La tortuga de Darwin.
El propio Mayorga quiso explicar por qué decidió ubicar en Varsovia esta relato sobre la memoria, recordando que el holocausto es mucho más que la historia entre unos «nazis malvados» y «unas víctimas indefensas». «Europa no defendió a sus judíos; es su herida», advirtió.
«Hay algo en esta función que conecta dos tiempos y que me sobrecoge», explicó Portillo que, entre otros personajes, da vida a Blanca, la mujer del embajador español en Polonia que decide en pleno siglo XXI buscar el mapa del ‘legendario’ cartógrafo. «Es una reflexión íntima que tiene un eco mayor: tenemos la fea costumbre de olvidar para sobreponernos, pero no se puede; no hay que perder de vista la oscuridad», matizó la actriz. «El espectáculo apela al espectador. Es complejo y completo y cuenta las cosas muy claras», advirtió García-Pérez.
Con la «elocuencia de sus gestos y de sus voces», ambos dejan ver «las heridas y la luz» de cada personaje, celebró Mayorga.
El autor y director de El cartógrafo reconoció que España «tiene mucho trabajo que hacer» respecto a cómo se «relaciona con su pasado». En ese sentido, aseguró que la obra también habla de la memoria de este país. «Todos tenemos una responsabilidad con el otro, también con nuestros muertos. Si no los respetamos no respetamos a los vivos. El pasado no es algo que esté detrás del presente, sino que está dentro; siempre en conflicto».