CORTOMETRAJE CON LA VALLISOLETANA ESTHER PASTOR
Carlos G. Velasco reflexiona en ‘Mario’ sobre el terror cotidiano

Pastor y González Velasco conversan durante el rodaje.-MANUEL J. MERCADO
El director burgalés Carlos González Velasco (1984), que el pasado año presentó en la Semana Internacional de Cine de Valladolid el corto Flora, acaba de rodar un nuevo cortometraje con la vallisoletana Esther Pastor (1983) y el madrileño Carlos Jiménez-Alfaro dando vida a Elena y Óscar, una atípica pareja a «la que solo le queda un triste recuerdo y la oscuridad de la noche».
Se trata de Mario. Mario es un niño que, en plena noche de Navidad, interrumpe a su madre mientras esta ve la televisión. Ante las incesantes lágrimas del niño, Elena saldrá corriendo de casa. «De lo que habla este corto es de que el miedo o el terror están en cada uno de nosotros:están en lo que uno siente, en lo que uno piensa o en las experiencias que nos han podido dejar huella y que, tal vez, no se hayan asimilado de forma correcta», explicó el director a este diario, formado en Comunicación Audiovisual en la Universidad Pontificia de Salamanca y en el Instituto del Cine de Madrid. «No hay efectismos... es un miedo más terrenal, más cotidiano, de andar por casa. El terror psicológico es el más efectivo», matizó.
González Velasco ha codirigido junto a Isaí Escalada cortometrajes como Setas, Diferido y Ramiro. Trabajos más «amateurs» a los que siguieron Uh la lá y La Pleimovil. En 2015 firmó su debut en solitario, con el citado Flora, protagonizado por Marta Belaustegui. «Fue un trabajo más lírico, un poema audiovisual. Jugaba más con la experimentación; no era un corto al uso, desde el punto de vista narrativo», recordó su autor.
Con Mario, el director desarrolla un drama que conjuga elementos del cine de género y del thriller. «Es un juego de despistes en el que continuamente se busca la complicidad del espectador», explicó.
El director, que confía en poder mostrar ya el cortometraje –en fase de montaje– este verano, alabó el trabajo de los dos protagonistas. «Los dos transmiten gran inquietud. No son una pareja al uso y dejan ver que algo raro pasa. Esther transmite fragilidad, pero también una oscuridad que le venía muy bien al personaje. El espectador seguro que sentirá empatía».