La OSCyl viaja en el tiempo con Mozart y Prokofiev

Spinosi, un director decidido a «transmitir emociones» con la música, guiará a la Orquesta

Jean-Christophe Spinosi, ayer, en el Auditorio.-Pablo Requejo

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Agustín Achucarro
Valladolid

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Entre cansado y vital, su objetivo inmediato es comprarse un traje para el concierto, comer, si le da tiempo, y volver a los ensayos, pero ante la primera pregunta el director Jean-Christophe Spinosi se olvida de todo lo que no sea la música. «En un concierto es importante trasmitir emociones a través de las obras, poder explorarnos a nosotros mismos y a los otros, pues la belleza y la complejidad de las emociones que produce la música establece una comunicación entre los músicos y el público», considera el director francés. «Y por eso –prosigue Spinosi– la música es tan importante para los hombres, y más en estos momentos, pues nos permite reencontrar la paz y la comunicación entre nosotros, ya que traspasa nuestra concepción lógica para ir más allá, al terreno de las emociones».

Spinosi llega al Auditorio de Valladolid, hoy jueves y mañana viernes, con un concierto que aúna lo sinfónico con la ópera y que él define como un «programa espejo». «Finalizamos con la Sinfonía Nº1, Clásica, de Prokofiev, compuesta en el siglo XX sobre las estructuras de la música del siglo XVIII, y al principio interpretamos una obra del XVIII, la Sinfonía Nº41, Júpiter, de Mozart, que se abre al futuro; así que mientras una nos recuerda el pasado, la otra nos permite imaginar cómo Mozart se proyectaba hacia lo que habría de llegar», explica Spinosi.

Y a esto se unen las oberturas de La flauta mágica y La Cenicienta y las arias que interpretará la joven soprano, llena de talento, Ekaterina Bakanova, que para el director no es solo una bella voz, sino que «sabe llenar de contenido lo que canta».

«¡Amo las tres arias!», exclama Spinosi, para después dar sus razones. «La cavatina Una voce poco fa de El Barbero de Sevilla representa a un Rossini joven, cansado de la tradición de Paisiello, que da un corte de mangas y dice alto que ha llegado él, al igual que ocurrió cuando apareció el rock and roll», considera. Del aria Aure chete, verdi allori de Orlando Paladino de Haydn le seduce que «sea una música poco conocida del gran público» y que «Bakanova la cante llena de emoción», por lo que espera que «el espectador se admire». Mientras que de la Canción a la Luna de Rusalka de Dvorak destaca «lo bien que le va a Bakanova», así como que «es la obra de un compositor que se basa en la música popular checa pero que transciende ese ámbito».

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El recitado de su actividad tras su paso por Valladolid es agotador. Vuelve a casa tres días, luego va a la Ópera de Zurich, con Cecilia Bartoli, y a Moscú, tiene un festival de música en Paris, va a Alemania y a Japón, le espera una nueva producción de La flauta mágica, y una gira con su grupo. Y allá por agosto Spinosi sueña «con llegar a su casa, disfrutar de la familia, dormir, ver el cielo y el mar de la Bretaña francesa», que «es su paraíso».