El obispado acogió durante décadas a unpederasta pese al aviso de EEUU
Ignoró la advertencia de la archidiócesis de Miami y destinó a Francisco Carreras a varias pueblos, donde presuntamente abusó de menores
Santuario de Valdejimena en el que reside Francisco Carreras.-ENRIQUE CARRASCAL
Las advertencias de la archidiócesis de Miami cayeron en saco roto cuando FranciscoCarreras aterrizó en Salamanca después de dejar su huella en varios niños en el sur de Estados Unidos. El aviso de que en su diócesis tenía un «depredador sexual» no impidieron al religioso nacido enNueva York que se mantuviera en activo durante más de dos décadas en diferentes municipios de Salamanca.
Al otro lado del Atlántico, fue acusado de abusos sexuales en 1981 por la familia de un menor. En ese mismo momento fue retirado de la parroquia y de la actividad sacerdotal; un caso al que se han sumado otras denuncias posteriores.
Tras el exilio de Miami, Francisco Carreras volvió a Salamanca, donde en 1981 se instauró en Sequeros, destino que el obispado de Mauro Rubio le otorgó, donde volvió a la senda de los presuntos abusos sexuales a menores.
Cuando las denuncias contra él en Miami fueron conocidas en España, en el 2011, el obispado de Carlos López defendió la trayectoria «intachable» de Carreras. Hoy, con dos casos en el foco de la polémica (el de Isidro López y el de Carreras), el obispado de Salamanca opta por mantener el silencio. Este medio ha intentado conocer la opinión de Carlos López, encontrando la negativa como respuesta.
Según los testimonios de las víctimas, recogidos por El País, el tren del terror de Francisco Carreras fue haciendo durante dos décadas escalas por toda la provincia. Calzada de Valdunciel, Castellanos de Villiquera, Palacios Rubios, Póveda de las Cintas, Villaflores, Valdunciel, Carbajosa de la Armuña,Naharros de Valdunciel, San Cristóbal de laCuesta y Mata de la Armuña fueron algunos de los lugares en los que dejó su marca un hombre que también ejerció de profesor en el colegioLorenzoMilani de Salamanca. En 2004, FranciscoCarreras fue apartado de las parroquias y desde 2011 vive en el remoto santuario de Valdejimena.
Los recuerdos de las víctimas de Carreras dibujan a un auténtico depredador. Los testimonios hablan de un palacio lleno de juguetes y dulces en los que los pequeños veían películas pornográficas mientras el cura les daba ColaCao.
La casa, situada a escasos cien metros de un cuartel de la Guardia Civil, se convirtió en la casa del terror para los niños de Calzada de Valdunciel que allí iban. Los juguetes eran un reclamo para los jóvenes, que acudían confiados sin saber que entraban en la boca del lobo.
Su presunto modus operandi no era nuevo. En Sequeiros, Carreras montó un taller de marquetería al que acudían los jóvenes de la localidad. Los viernes se quedaban en su casa y allí comenzaba el mal sueño. Uno de los testimonios recogidos hablan de sesiones de sexo en grupo entre niños, hablando incluso de masturbación en grupo ante la mirada del religioso.
FranciscoCarreras sabía cómo ganarse la confianza de los menores. Les hacía partícipe de sus actos para después hacerles regalos como una cámara Polaroid. Si el silencio no se podía comprar con juguetes lo hacía con mano dura, como refleja una de sus presuntas víctimas, que relata cómo le tiró al suelo de una bofetada cuando le amenazó con contarlo todo.
La imagen que transmitía Carreras no concordaba su verdadero yo. Entre los adultos era una institución, la gente lo reverenciaba; una imagen que hacía imposible a sus víctimas el denunciar ante los familiares o profesores. Una realidad vivida que ha mantenido el caso oculto en el silencio durante más de dos décadas.