Diario de Valladolid

«Hemos dicho: ‘¡Basta! Queremos recuperar a nuestros abuelos’»

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica encuentra restos humanos de cuatro hombres asesinados durante la Dictadura

Voluntarios de ARMH trabajan en la exhumación de la fosa de Boadillo.-E. M.

Voluntarios de ARMH trabajan en la exhumación de la fosa de Boadillo.-E. M.

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SABINA SINOVAS / SALAMANCA
Valladolid

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Ya han pasado más de 80 años desde la Guerra Civil, casi 50 años desde el final de la dictadura franquista pero España sigue con una espina clavada de ese tiempo: los asesinatos por parte de los falangistas. Búsquedas nocturnas, detenciones que duraban días pero acababan en asesinato.

Boadilla, un pequeño municipio de Salamanca, vivió el 13 de agosto ese rasgo tan característico del fascismo. Esteban Mateos Mateos, Tiburcio Mateos Mateos, Emilio Gutiérrez Pascual y Julio Calzada Blasco, vecinos de Robleda, fueron detenidos, asesinados y finalmente enterrados en el fondo del cementerio vecinal en un fosa común.

Existe un documento en el cual, un vecino de Robleda declara que el 11 de agosto de 1936 en la localidad no se molestó a nadie; fue desde ese mismo día cuando varios falangistas de Ciudad Rodrigo se llevaron a varios vecinos de la localidad, apareciendo sus cadáveres días después en varias localidades.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) encontró los primeros restos humanos de los cuatro hombres ayer. Las nietas de dos de los asesinados estaban presentes en el momento del descubrimiento.

La historia de los vecinos de Boadillo encaja: los falangistas trajeron los cadáveres en un carro, tapados con mantas y los enterraron en el cementerio.

Esta exhumación ha tenido que esperar al permiso de la Junta de Castila y León. Un permiso que pidieron en febrero. «No estamos para esperar, los familiares ya han esperado 80 años», aseguran.

En esta partida se ha encontrado una bala. «Son objetos que evidencian el asesinato», avala ARMH.

Este hallazgo de restos humanos supone «otra victoria de las familias», explica ARMH. «Es una evidencia que 4 personas fueran secuestradas, asesinadas y después escondidas», afirma la asociación.

Además, Las nietas están colaborando para «recoger el testigo generacional».

Desde la Asociación lo tienen claro: «hemos dicho ‘¡Basta! Queremos recuperar a nuestros abuelos’». ARMH subraya que «no es justo que España tenga personas desaparecidas y sus familias tengan que buscarlas»

Isabel Mateos, nieta de Esteban Mateos, asesinado a los 32 años junto a su hermano, ya sabía de la fosa, del municipio y de la historia. Lo que no se esperaba era encontrar restos humanos tan pronto, «pensaba que lo iba a llevar peor», afirma. Mateos declara que tenía miedo de abrir la fosa pero tenía más miedo «de que no estuvieran». «Fue un alivio. Ver el primer hueso es una tranquilidad», manifiesta. Mateos cuenta que en su casa nunca se habló del tema pero poco a poco comenzó a recopilar información.

A pesar de eso, nunca se atrevió a decir nada hasta que una persona «me ayudó a reaccionar», subraya. Mateos es la única de su familia que decidió investigar el asesinato de su abuelo, «no tienes armas, no sabes qué hacer», comenta. Comenzó en 2005 y tras 13 años, su trabajo ha dado resultado. Ha descubierto la verdad.

Por su parte, Marisol Ovejero Mateos, nieta de Tiburcio Mateos Mateos, hermano de Esteban, se encontraba «muy emocionada». Para ella era la primera vez en el municipio, y la primera vez que oía la historia de su abuelo. Cuando ha visto el cementerio «me ha dado una vuelta al corazón», alega, e incluso «le han venido lágrimas a los ojos». Al igual que Isabel, en su familia no se ha hablado del tema, «era un tema tabú», comentaOvejero. Sobre todo para su madre, que tenía 4 meses cuando asesinaron a Tiburcio. Con 46 años, era la primera vez que conocía la verdad. «Ha sido un sueño recuperarlo», manifiesta emocionada. Ahora, cuando consigan los restos que quedan, Ovejero le ofrecerá «una sepultura como al resto de mortales». Las noticias llegaron también a su madre que lo afrontó «con miedo pero en el fondo está contenta», declara Marisol.

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