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Padre e hijo unidos por la raza charolesa
Ganadería Pío y Jorge Chapinal se dedican en la Sierra de Gredos a la cría y venta de machos y hembras de esta raza francesa en tierras de avileño

Pío Chapinal y su hijo Jorge en su explotación ubicada en Santa María de los Caballeros.-e.m.
En tierra de avileño, Pío Chapinal y su hijo Jorge, de 56 y 25 años respectivamente, se dedican a la cría y venta de machos y hembras de pura raza charolesa en el pequeño municipio abulense de Santa María de los Caballeros, de apenas 75 habitantes.
Situado a 80 kilómetros al suroeste de Ávila, en la vertiente norte de la Sierra de Gredos, este pequeño pueblo acoge a las ganaderías de este padre y su hijo, centradas en la mejora genética de esta raza, a través de los ejemplares más destacados y de la inseminación artificial de los mejores toros raceadores franceses probados.
Entre ambos forman ‘Charolés Los Píos’, integrada por las ganaderías de Pío y Jorge Chapinal desde que hace tres años el más joven decidió independizarse, después de seis trabajando y aprendiendo con su padre, una vez que decidió abandonar el colegio a los 16.
«Siempre me ha gustado más el campo que ir a clase», reconoce Jorge, mientras se encuentra cuidando de su ganado junto a su padre que, pese a tener una ganadería distinta, «siempre» trabajan juntos en un proyectos que, aún con dificultades, avanza con pie firme gracias al trabajo y la dedicación de ambos. Un trabajo que se ha visto reconocido con varios premios nacionales de raza y con la pertenencia a la Asociación Nacional Charolés de España.
Ambos admiten la dureza de una profesión que requiere una dedicación plena. «No hay días de fiesta», admite el joven, quien señala que si un fin de semana sale con sus amigos, al día siguiente «hay que levantarse a las 8.00 de la mañana». Y después… «nunca se sabe cuándo acaba la jornada», argumenta, antes de que su padre le dé la razón y añada: «No trabajo seis días y al séptimo me despisto».
Aunque reconoce que le hubiese gustado que su hijo hubiese seguido estudiando, Pío asegura que «siempre» apoyó a su hijo pequeño en la decisión de dedicarse a la ganadería, pese a las dificultades de un sector que aún se lo pone más complicado a los más jóvenes para incorporarse al campo.
Jorge lamenta que «sólo se pongan problemas» a los jóvenes que deciden dar el paso de poner en marcha una explotación ganadera. En este sentido critica el «mucho papeleo» que se les requiere, así como el plazo de cinco años que se les exige de permanencia mínima en este sector. Y ello, pese a las cuantiosas inversiones que los jóvenes tienen que realizar, aunque las ayudas tardan años en llegar. Por ello, es la familia la que tiene que ayudar o avalar al joven que opta por arriesgarse, como Jorge. Ahora, aunque se trata de dos negocios distintos y un único objetivo verdadero, padre e hijo se alegran de trabajar unidos, ya que como segura Pío: «Con los dos juntos, cualquier problema es menos –problema-». Y todo ello en un entorno privilegiado para el desarrollo de una raza que a juicio de Jorge se caracteriza por su «nobleza y tranquilidad», que resulta perfecta para «cruce con cualquier otra raza, ya que pone m0chos kilos». Además, añade, «da mucho rendimiento» y «tiene mucho músculo».
El padre señala que, tras haber estudiado hasta los 21 años completando el Bachillerato y habiendo obtenido el título de Administrativo, tras realizar el servicio militar, comenzó a trabajar con su padre, que tenía vacas de leche. Sin embargo, la temprana muerte del progenitor hizo que Pío se «acobardara» y optara por criar ejemplares de la raza charolesa porque veía «más salida para sementales» y porque «no había sementales en la zona».
La apuesta le salió bien y ahora su ganadería de extensivo es toda una referencia. En la actualidad, entre los dos cuentan con un centenar de cabezas, de las cuales cuatro son sementales y el resto hembras. En torno al 95 % se dedican a reproducción y el 5% a carne. La demanda procede de toda España debido a la calidad de unas reses que se crían en extensivo y que son producto de un cuidado continuo. El padre señala que en torno al 20% son fruto de la inseminación artificial a través del semen que raen desde Francia, lugar de origen de esta raza, con el objetivo de mejorar el producto.
Pero padre e hijo no son los únicos vinculados a la ganadería de la familia, ya que los otros dos hijos del matrimonio integrado por Pío y Micalela –auxiliar de enfermería-, también están vinculados de forma directa e indirecta con el sector.