Diario de Valladolid

LUCHA ANTITERRORISTA

Un ‘lobo solitario’ sicario de los GAL

Daniel Fernández Aceña asesinó con dos tiros a bocajarro a un ciudadano francés en 1984 / El autoconfesado yihadista cumplió doce años como criminal de la banda armada

Daniel Fernández Aceña, en una comparecencia judicial en su época de los GAL.-EM

Daniel Fernández Aceña, en una comparecencia judicial en su época de los GAL.-EM

Publicado por
TERESA SANZ
Valladolid

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Daniel Fernández Aceña, el lobo solitario que abrazó el yihadismo, detenido ayer en Segovia, fue condenado en 1985 por la Audiencia Nacional a 29 años y cuatro meses de prisión por el asesinato de un ciudadano francés al que confundió con un terrorista de la ETA.

La sentencia fue confirmada tres años después por el Tribunal Supremo. Junto Fernández Aceña fue condenado Mariano Moraleda Muñoz, ambos por un delito de pertenencia a banda armada y por el asesinato con alevosía del ciudadano francés y trabajador ferroviario Jean Pierre Leiba, cometido en Hendaya el 1 de marzo de 1984.

Por primera vez un fallo judicial consideró entonces la existencia de los GAL y dos españoles fueron condenados por integración en este grupo terrorista. Esta sentencia serviría una década después al teniente fiscal de la Audiencia Nacional, Jesús Santos, para solicitar a la Sala Penal que confirmase el procesamiento por un delito de pertenencia a banda armada del general Enrique Rodríguez Galindo y otros procesados por la muerte de José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala, el conocido como Caso Lasa y Zabala.

Según la sentencia de la Audiencia Nacional de 1985, Daniel Fernández Aceña – el detenido ayer en Segovia en una operación antiyihadista- formó parte del comando Jaiztubia, dentro de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), los cuales venían operando en el País Vasco y en el sur de Francia, llevando a cabo operaciones de represalia por los actos delictivos cometidos por ETA.

Se dedicaba a actuar contra los miembros de esta banda armada o relacionados con la misma, tanto españoles como franceses, y, por ese motivo, se dedicaban a espiarlos para obtener información sobre aquellos contra los que atentarían después.

Según el relato judicial de la sentencia, tanto Daniel Fernández Aceña como Moraleda Muñoz se trasladaron el 1 de marzo de 1984 a la población francesa de Hendaya con el propósito de asesinar a un miembro que creían que era de ETA. Para ello se desplazaron a la cooperativa de Empresas Auxiliares de Aduanas y se dirigieron a la sociedad ‘Transfesa’, en la Estación de los Ferrocarriles Franceses.

Los terroristas después condenados se escondieron en el interior de uno de los vagones de transporte de mercancías que estaba allí estacionado, quedando a la espera de que el turno de trabajadores de esa hora saliera del edificio donde estaban los vestuarios.

Cuando vieron salir a varios de ellos en grupo, se bajaron del vagón y se situaron detrás de una plataforma de cemento. Esperaron a identificar a Jean Pierre Leiba, que marchaba en solitario y algo separado de ese grupo, interceptándole el paso y con la pistola que portaban, que no fue encontrada, ya que la intervenida a Fernández Aceña «no es con la que se hicieron los disparos», -según la sentencia- le pegaron dos tiros a quemarropa sin mediar palabra. Uno a la altura del corazón y otro en el sobaco derecho, lo que le causó la muerte instantánea. Después abandonaron el lugar del suceso a toda prisa. Cruzaron la frontera, por el Puente de Santiago, y fueron detenidos horas después en Irún, localidad natal de Daniel Fernández Aceña.

Éste ingresó en prisión preventiva el 8 de marzo de 1.984 y fue clasificado en tercer grado en julio de 1996. Accedió a la libertad condicional en octubre de ese mismo año 96 y a la libertad definitiva en febrero de 2004. Estuvo en prisión más de 12 años.

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