La situación tras el 20-, el caso de la Serna
«Era un madrileñó más, de los de fin de semana y verano»
Gómez de la Serna la compró a otra propietaria, María Vega de La Cruz y la reformó hace escasamente un año, contratando arquitecto y contratista segovianos. «Dicen que se gastó 50.000 euros en la reforma y que la casa no le costó ni los 100.000”, señalan algunos propietarios de fincas de la localidad. Aquella transacción ni siquiera fue comentada en su momento, cuando Pedro Gómez de la Serna era «un madrileño más, de los que busca casa para fines de semana y verano», apuntan los vecinos.
Las causalidades de la vida han hecho que el diputado del PP se convirtiera en vecino de un segoviano que como él mismo dice, se sitúa ideológicamente «en las antípodas del ilustrísimo». Y es que el diputado comparte el rincón rural con Rafael de Frutos, presidente de Mesenor, cooperativa agraria dependiente de la organización a UCCL.
Su trato de vecindad con Gómez De la Serna ha sido «en todo momento, afable». «Como con cualquier vecino, nuestra relación es escasa porque no viene mucho por aquí, pero es cordial. Una familia muy educada; nos saludamos y nada más», refiere Rafael de Frutos.
Para Belén y Antonio, propietarios de uno de los dos bares de la localidad, han sido vecinos «silenciosos, muy discretos. Y los chavales majísimos, muy normales, aunque no jugaban con los del pueblo».
Por su establecimiento, ‘El Rincón de Belén’ solo han ido los hijos a comprar chucherías y el matrimonio a llevarse un par de veces alguna paella para llevar o unas tortillas de patata.
«A la iglesia sí iba el diputado», señala una señora de avanzada edad, que conoció la condición de aforado del vecino cuando en las fiestas de Basardilla del año pasado, el anterior alcalde del PP, José María Calzada, hizo salir al balcón consistorial al ‘ilustre vecino’. «Así lo llamó y así nos enteramos todos los que estábamos oyendo el pregón de que en Basardilla había un diputado. Hasta entonces, no teníamos ni idea de quién era», reconocen.