La lluvia no apaga la llama de los Motauros
Las intensas precipitaciones que acompañaron la jornada de ayer no frenan la diversión motera en Tordesillas, que vibró con el espectáculo acrobático de ‘stunt’ a cargo de Paulo Martinho

Espectacular momento de la exhibición de Martinho en Tordesillas.-J.M. LOSTAU
Los moteros, como los antiguos mensajeros, cumplen su misión haga frío calor, nieve, llueva o truene. La mejor muestra de que los aficionados a las dos ruedas están moldeados con otra pasta, la dieron ayer los miles de personas que brindaron una banda sonora de ruido de motor a las calles de la localidad vallisoletana de Tordesillas.
La lluvia fue un Motauro más en la jornada celebrada ayer. Las precipitaciones no dieron tregua casi desde que los primeros rayos de luz dieron la bienvenida al sábado. El agua, sin embargo, no arredró a los moteros, que siguieron la hoja de ruta marcada sin preocuparse de qué color venían las nubes. La espera de una edición a otra es larga y unas gotas de lluvia no iban a chafar el plan. Así, con el paraguas en una mano y el caso en la otra, los más de 10.000 inscritos en Motauros comenzaron una nueva jornada que tuvo en la calle Los Castillos de Tordesillas uno de los puntos calientes del día.
Cientos de personas se congregaron en la vía de la Villa del Tratado para dar la bienvenida al portugués PauloMartinho. El piloto luso es un clásico ya enMotauros (cita a la que ha acudido en tres ocasiones anteriores) y, después de ganarse por la mañana al público de Zamora (ciudad a la que acudieron los Motauros en ruta), conquistó al respetable de Tordesillas. La lluvia apuntaba a aguar, nunca mejor dicho, la fiesta motera. Sin embargo, Martinho desafió al asfalto mojado y fue calentando el ambiente con un espectáculo Stunt (trucos) en el que mostró sus mejores acrobacias.
Derrapes, trucos imposibles, caballitos o un juego con fuego fueron las armas con las que el portugués demostró hacerse grande, a pesar del peligro añadido que supuso el agua. Sobre las dos o las cuatro ruedas (quad y coche), O melhor dos melhores -como se hace llamar el freestyler- se convirtió en uno de los puntos que calentaron un gélido día. No fue el único.
El día fue largo (acabó con el amanecer de hoy, con el fin de fiesta con los Djs y Gogós) y dio tiempo para mucho, incluso para rendir memoria a los moteros caídos, uno de los momentos más emotivos de Motauros. Ni la más intensa de las lluvias sería capaz de apagar esa llama vestida de bengala con la que los aficionados a las motos despiden a sus compañeros que ya no se encuentran entre ellos. Desde el puente, a orillas del río Duero, hasta el centro de Tordesillas, estas simbólicas antorchas iluminaron la noche vallisoletana con la salve del ruido de los motores de fondo.
Motauros también tuvo presente a todos aquellos moteros y aficionados al motor que aún están quemando rueda en las carreteras. La carpa principal de la concentración motera invernal acogió como cada año la entrega de premios a los pilotos y una mención especial a dos personas que han sentado precedentes en el mundo del motor. Una de ellas la madrina del evento, María Herrera. La joven piloto toledana de 22 años ha dado este año el salto a la categoríaSuperSport 300 del Campeonato del Mundo de Superbikes, un ejemplo para los amantes más jóvenes del motocilismo.
La otra mención especial fue a parar a un hombre que ha sentado cátedra no sobre las dos ruedas, sino sobre las cuatro:RobertoCarranza. De las dunas de Perú a la campa de Valdegalindo sin apenas pasar por casa. El primer vallisoletano en participar en un Dakar no tuvo tiempo para deshacer las maletas después del largo viaje desde Sudamérica y se presentó enTordesillas para recibir el aplauso de los cientos de moteros que retaron al frío en las actividades nocturnas del campamento.
Antes, hubo tiempo para aprender escuchando. El salón de actos del Ayuntamiento de Tordesillas acogió la charla coloquio de María Elsi. La aventurera leonesa (segunda mujer del mundo y primera española en realizar en solitario una ruta en moto por Irán, país que prohibe esta práctica a las mujeres) compartió sus experiencias en un acto que completó la presentación del libro El mundo sobre dos ruedas. Hiistorias de BMW Motorrad España, de José María Alegre.
El argentino Coti sirvió en la Carpa principal el plato fuerte musical del sábado (cogiendo el testigo que Mago de Oz dejó el viernes por la noche). La música y el buen ambiente reinó una noche más en la cita organizada por Motoclub Tordesillas, que a lo largo de 19 ediciones ha logrado labrarse una marea de seguidores incodicionales a la cita. Es el caso de los integrantes del Club Ruedas Raras que desde la primera vez que se prendió la llama en el campamento de Motauros acuden cada año a la llamada.
El club de Toro es fiel a la concentración motera, como demuestra el convoy de 50 motos llegaron desde la localidad zamorana. «Venimos desde que nació y colaboramos con ellos. Venimos cada año por la gente y el ambiente. Una vez al año nos juntamos con amigos de Getafe, Badajoz o Sevilla. Estamos en familia», confiesa la presidenta de la asociación, Mayte Blanco.
La motera asegura, con la experiencia como aval, que «es uno de los peores años de lluvia», al tiempo que admite que «no hay dolor» mientras sigan vivas las llamas de la diversión. Eso sí, lamenta que las precipitaciones impidieran que la ruta hacia su tierra (Zamora) no fuera tan nutrida como en años anteriores.
Desde más lejos, A Coruña, llegaron Cristina y Julián.Los kilómetros no importan si hay que cumplir con la tradición y volver cada año desde 2003. «Motauros mola», asegura Cristina, que destaca lo emotivo del desfile de las antorchas como uno de los momentos más especiales de la visita a Tordesillas.
En su camino a Valladolid, hicieron escala enSalamanca, de donde proceden otros dos Motauros: David y Eduardo. David ya acudía a Tordesillas hace 15 años, antes incluso que tener moto.Ahora, sobre las dos ruedas, no podía faltar a la cita. «Somos fijos. Estamos abonados», bromea David, que subraya el buen ambiente existente en la concentración:«No tiene nada que ver con otras.Aquí el ambiente es más familiar, más cercano y no está dividido», reconoce. Esa sensación de amistad la remarca Eduardo, que rejuvenece cuando pisa Tordesillas:«No hay diferencia de edad, porque todos tenemos un punto en común. Me siento un chaval aquí», admite.