EDUCACIÓN
Castilla y León mantendrá abiertas en pueblos 30 escuelas con menos de cinco alumnos
La Consejería estima provisionalmente que trece centros cerrarán por falta de matriculados
La continuidad de las aulas rurales es, según Pardo, «un compromiso con el territorio y una garantía de igualdad y de futuro»

Alumnas de primaria llegando a un colegio de Soria.
Tener un colegio cerca de casa es un imprescindible para muchas familias. Este requisito, que en las ciudades y pueblos más grandes de Castilla y León es relativamente fácil de conseguir, se convierte en un auténtico desafío cuando se trata del medio rural. La despoblación y especialmente la falta de niños y jóvenes en las localidades de menor tamaño hace que resulte complejo mantener abiertos los colegios. No obstante, la Consejería de Educación realiza cada año un esfuerzo y garantiza el funcionamiento de escuelas en las que solo estén matriculados tres o cuatro estudiantes, con la previsión de que 30 de ellas se mantengan a lo largo del próximo curso.
Desde hace varios años, la Junta de Castilla y León mantiene el compromiso de dejar abiertos los colegios en muchos puntos del medio rural, aunque ello suponga que los alumnos matriculados apenas sean unos pocos. Y como cada año, la Consejería de Educación, ahora dirigida por María Pardo, acomete durante el verano la planificación para permitir el acceso a estas escuelas al mayor número posible de niños.
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Mientras dura el proceso de matriculación, que no finaliza hasta septiembre, todos los datos que se manejan son provisionales y, por lo tanto, pueden sufrir cambios hasta el inicio oficial del curso. No obstante, con la información que maneja actualmente el departamento de Pardo y a la que ha tenido acceso este periódico, 30 de estas aulas rurales de menos de cinco alumnos estarán operativas durante el curso 2026-2027, contando 18 de ellas con tres estudiantes y las doce restantes con cuatro.
Según la previsión, las provincias de Salamanca y León, por ese orden, serán las que más aulas rurales con menos de cinco alumnos mantendrán abiertas, con seis y siete, respectivamente. Esto supone, de hecho, que entre estas dos provincias acaparan casi la mitad del total autonómico, lo que deja ver la importancia que esta iniciativa de Educación tiene en estos territorios.
Por su parte, y siempre de manera provisional, Ávila contará con cinco colegios abiertos; Zamora, con cuatro; Burgos y Valladolid, con tres; y Segovia y Soria con uno en cada caso. De esta forma, actualmente solo Palencia es el territorio que no cuenta con ninguna de estas escuelas abiertas en la planificación que maneja la Consejería.
Según destaca la propia titular de Educación, María Pardo, «la escuela rural ha sido y seguirá siendo una de las grandes fortalezas del sistema educativo de Castilla y León, y continuará siendo una prioridad en esta legislatura tal y como refleja el pacto de gobierno actualmente vigente».
«Tenemos claro que mantener una escuela abierta en un pueblo es una obligación de la Administración con la igualdad de oportunidades y con la cohesión territorial. Es una de las mejores medidas para combatir la despoblación y sobre todo es la mejor inversión en futuro», añade en el mismo sentido la consejera, que tras tomar posesión del cargo hace solo unos meses será la primera vez que gestione esta parte de la política educativa de la Comunidad.
En todo caso, Pardo se muestra convencia de que las aulas rurales con tres y cuatro alumnos tienen unos efectos más allá de la propia escolarización de los niños. «Cuando una familia tiene la oportunidad de enviar a sus hijos a un colegio con tres alumnos, estamos contribuyendo a fijar población, estamos garantizando que todos los niños, vivan donde vivan, tengan acceso a una educación no solo de calidad, si no en igualdad de condiciones».
Recuerda, además, que «Castilla y León mantiene una de las mayores redes de escuela rural de España, con 174 colegios rurales agrupados (CRAs), con más de 13.400 alumnos y con una actividad educativa que se mantiene en 470 localidades de nuestro territorio».
En base a lo anterior, Pardo reafirma que «la Junta prevé este año mantener abiertas 30 unidades con tres y cuatro alumnos», si bien matiza que será una decisón que habrá que «revisar en septiembre una vez que finalice el proceso de matrícula y ya conozcamos las necesidades reales de escolarización». «Una obligación, un compromiso con el territorio y una garantía de igualdad y de futuro», resumen la consejera de Educación.
Según la previsión del departamento de Pardo, en el caso de la provincia de Ávila se mantendrán abiertas con tres alumnos aulas en las localidades de Cabezas de Villar, Gotarrendura y Sotalbo; mientras que con cuatro alumnos funcionarán las de Santa Cruz del Valle y Herreros de Suso, cada una de ellas vinculada a un colegio rural agrupado. Estos últimos son colegios públicos de Educación Infantil y Primaria formados por varias aulas pequeñas situadas en pueblos distintos. A efectos de administración, funcionan como un único centro con una sede central, pero comparten un mismo equipo y profesores especialistas que se desplazan entre las localidades.
Por parte de Burgos, las unidades de tres alumnos operativas en el cruso 2026-2027 serán las de Nava de Roa, , Tórtoles de Esgueva y Villahoz; mientras que con cuatro estudiantes no habrá ninguna. En el caso de León, las aulas de Calamocos, Congosto y Tremor de Arriba tendrán tres alumnos; mientras que las de Canedo, Santalla del Bierzo y Oseja de Sajambre contarán con cuatro estudiantes.
Salamanca contará el próximo curso con cinco aulas abiertas con solo tres alumnos: las de Cantagallo, Aldea del Obispo, Santiz, San Felices de los Gallegos y San Muñoz. Con cuatro alumnos, además, estarán operativos el CEIP Nicolás Rodríguez Aniceto, ubicado en la capital charra y que supone un caso excepcional en la lista, y el aula rural de El Payo.
En Segovia solo funcionará un aula rural con menos de cinco alumnos, la de Zamarramala, que mantiene una previsión de tres matriculados; dato que iguala Soria con el aula de Borobia, también con tres niños.
Finalmente, Valladolid abrirá el colegio de Urueña con tres alumnos y los de Cogeces de Íscar y Valbuena de Duero, con cuatro en cada caso. Zamora, por su parte, contará con tres matriculados en la unidad de Ferreras de Arriba y con cuatro en las de Villar del Buey, Casaseca de las Chanas y San Juan del Rebollar.
En todo caso, y frente a las treinta aulas rurales que permanecerán abiertas el próximo curso con menos de cinco alumnos, salvo cambios de última hora, la Junta de Castilla y León también prevé que trece dejarán de funcionar.
Esto se debe a que en ninguna de ellas se alcanzarán las cifras mínimas de matriculados, ya sea porque las familias han elegido otros centros para sus hijos o porque los estudiantes dan el salto del colegio a la educación segundaria y, por tanto, deben acudir a un instituto.
En este caso los cierres, o mejor dicho, la suspensión de la actividad, que se puede retomar más adelante si las cifras de matriculados lo justifican, se reparten entre las provincias de Ávila, Burgos, León, Salamanca, Segovia y Zamora. Esta última, junto a la leonesa, son las que acaparan mayor número de unidades que dejarán de funcionar en el ciclo 2026-2027, con tres en cada caso.
En Ávila, las previsiones de la Consejería de Educación prevén el cierre temporal de las aulas rurales de Villarejo del Valle y de La Torre, si bien los datos a los que ha tenido acceso este periódico matizan que la suspensión temporal está aún «pendiente de confirmación».
Sí se considera más prbable que deje de funcionar la unidad de la localidad burgalesa de Cilleruelo de Abajo, al igual que en León las de La Vecilla de Curueño, Bercianos del Real Camino y Mozóndiga.
En el caso de Salamanca, las previsiones anticipan el cierre de los colegios de Martiago y Valero, mientras que esa falta de alumnos matriculados también tendrá efecto negativo en los de Torrecilla del Pinar y Aldea Real, ambos en Segovia.
Finalmente, por parte de Zamora, la suspensión de la actividad lectiva apunta directamente a Coomonte, Torrefrades y Castrogonzalo.
En todo caso, y como sucede con las aulas que sí funcionarán durante el curso que arranca en septiembre, los cierres también son por el momento provisionales. Es menos frecuente que esta situación se revierta, pero se pueden dar algunos casos en los que sí suceda. Un ejemplo sería que a cualquiera de estas localidades o a alguna cercana y que no disponga de colegio se traslade alguna familia que necesite escolarizar a sus hijos, y dado que en este tipo de unidades la diferencia entre la apertura y el cierre puede depender únicamente de un niño, esto podría marcar la diferencia.
Aún así, y como insisten desde la Consejería de Educación, no será hasta el arranque oficial del curso cuando el mapa de las aulas rurales con menos de cinco alumnos será definitivo.