ARTE
Valladolid llora la muerte de Andrés Coello, el maestro del barro y la cerámica popular
El pintor, muralista, escultor y ceramista fallece a los 90 años

El artista Andrés Coello en la inauguración de una exposición
Valladolid llora la muerte de uno de sus vecinos más queridos, Andrés Coello (1935-2026), el maestro del barro y la cerámica popular ha fallecido este domingo a los 90 años de edad. El veterano artista (que acaparó campos como la pintura, el mural, la escultura o la cerámica) hizo famosos sus palomares que exportó por todo el mundo y sus singulares figuras humanas de barro que multitud de vallisoletanos tienen en sus casas.
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Este martes 19 se celebrará una misa comunitaria a las 10.00 horas para honrar su memoria en Las Contiendas y antes se producirá la incineración. La capilla ardiente será este lunes.

Una imagen de Andrés Coello
"Mi padre siempre estuvo orgulloso de sus palomares", asegura Gonzalo Coello, hijo del artista, en declaraciones a este periódico. Una pequeña figura de cerámica que gracias a este vallisoletano llegó "a todos los confines de la tierra". Una pasión por el arte que le llevó a exposiciones por América Latina y Norteamérica: "Vendíamos poquísimo, nos costaba mucho, pero era la ilusión que él tenía y la curiosidad por cualquier disciplina".
«Él presumía mucho de la renovación de la alfarería popular, de la cerámica tradicional de la tierra. Antes se iba con el cántaro a la fuente cuando no había agua corriente y toda esa labor que hacían los alfareros se quedó ahí. Y él fue el completo renovador con su criterio estético y sus ideas artísticas de vanguardias, empezó a crear los personajes populares haciendo homenajes al Tío Tragaldabas o los dulzaineros», rememora su hijo sobre la labor artística.
Una de sus obras más conocidas, en España y en buena parte del mundo, fueron sus famosos palomares: «Yo creo que hasta en los países de la antigua Unión Soviética hay algún palomar típico. La idea de los rusos que es la matrioska, la convirtió en una de Tierra de Campos».
«Aunque artísticamente la cerámica popular era muy mal vista y como una cosa de Segunda División, él presumía muchísimo de toda esa labor», recuerda con orgullo sobre s padre.
Gonzalo rememora tiempos pasados cuando acompañaba a su padre y destaca la gran «ilusión» que tenía por su trabajo. Una pasión que le despertaba «curiosidad por cualquier disciplina»: «Hizo grabados, vidrieras, esculturas en hormigón armado. Además, no era muy tenaz, entonces se aburría y empezaba otra cosa inmediatamente y si no le gustaba, se la inventaba».
Gonzalo echa la vista atrás para recordar los inicios de Andrés Coello. En su familia había «poca afición al arte», antes de ser artista era «aparejador de profesión» y tomó la decisión después de una crítica periodística positiva sobre una exposición suya. Pese a la inicial desaprobación de su familia, Andrés tenía claro su futuro: «Lo dejó todo porque tenía tanta curiosidad artística».
Tras más de 50 años dedicados al mundo del arte, Andrés Coello deja huérfanos a los vallisoletanos sin uno de sus grandes exponentes. Su hijo espera que «no se vaya de puntillas después de toda la labor que ha hecho».