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SANIDAD

El Clínico de Valladolid hace protagonista al paciente de su proceso quirúrgico

Un nuevo proyecto permitirá analizar todo el recorrido, detectar puntos de fricción, áreas de mejora y avanzar en una atención más humana durante el periodo perioperatorio

Icíar Martínez-Almeida Castañeda, especialista del Servicio de Anestesiología y Reanimación del Hospital Clínico Universitario de Valladolid y adscrita a la Unidad de Calidad del centro.

Icíar Martínez-Almeida Castañeda, especialista del Servicio de Anestesiología y Reanimación del Hospital Clínico Universitario de Valladolid y adscrita a la Unidad de Calidad del centro.ICAL

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El Hospital Clínico Universitario de Valladolid prevé implantar en las próximas semanas su primer mapa experiencial completo del proceso perioperatorio, una herramienta con la que pretende analizar, desde la mirada del paciente y de los propios profesionales, todo el recorrido asistencial vinculado a una intervención quirúrgica para detectar áreas de mejora y avanzar hacia una atención “más segura y más humana”.

La iniciativa está impulsada desde el Servicio de Anestesiología y Reanimación con el apoyo de la Unidad de Calidad del centro, y se enmarca dentro de la estrategia del Hospital de avanzar en la calidad de la asistencia. Surgió durante una reunión preparatoria vinculada al modelo EFQM, en la que se identificó la oportunidad de incorporar estas herramientas para analizar de forma más completa la experiencia del paciente durante su proceso asistencial.

“Un mapa experiencial es una herramienta que nos va a permitir analizar un proceso. Este sistema permite analizar todo el proceso quirúrgico desde la mirada del paciente y también de los profesionales”, explica a Ical la especialista en Anestesiología y Reanimación y adscrita a la Unidad de Calidad del Clínico, Icíar Martínez-Almeida Castañeda. La finalidad es identificar “qué ocurre en cada fase de todo ese proceso, cómo se vive y en qué aspectos puede mejorarse para ofrecer una atención más segura y más humana para los pacientes”.

El trabajo se centra en el itinerario perioperatorio, es decir, en el recorrido completo que realiza una persona desde que recibe la cita para las pruebas complementarias preoperatorias hasta el momento en que recibe el alta y regresa a su domicilio. Incluye, por tanto, las consultas, los tiempos de espera, el ingreso hospitalario, el paso por quirófano, la estancia en reanimación o en la Unidad de Recuperación Postanestésica (URPA), el traslado a planta y el alta final, cuando el paciente se marcha a su casa. “Se trata de dar un paso más allá; analizar qué necesita el paciente, qué quiere y cómo vive cada una de las etapas. La única manera de avanzar es preguntar al propio paciente y analizar cómo vive todo este proceso”, insiste.

Humanizar la atención

Martínez-Almeida recuerda que el Servicio de Anestesiología y Reanimación del Clínico lleva años trabajando en calidad asistencial y seguridad del paciente, con diferentes certificaciones vinculadas a estos ámbitos. Sin embargo, reconoce que la mayor parte de esos análisis se centran tradicionalmente en resultados clínicos y asistenciales. “Todos esos análisis van dirigidos a resultados clínicos. Hemos querido ponernos en la visión del paciente, saber cuál es su experiencia en todo el proceso, para poder analizarlo y encontrar áreas de mejora que permitan mejorar la experiencia global del paciente cuando viene a operarse a nuestro hospital”, una situación, ya de partida, nada agradable.

La especialista vincula esta evolución con el creciente peso que ha adquirido la humanización dentro del sistema sanitario. “La calidad en la asistencia sanitaria, la visión del paciente y la humanización son un pilar importantísimo”, afirma. A su juicio, este enfoque no solo repercute en la percepción de la atención recibida, sino también en la propia evolución clínica. “Influye enormemente no solamente en la experiencia, sino también en la recuperación de sus patologías”, aseguró.

El proyecto se encuentra actualmente en fase de análisis de la información recogida tanto entre profesionales como entre pacientes. Para ello, el hospital constituyó un grupo de trabajo integrado por especialistas del Servicio de Anestesiología y Reanimación, supervisoras de Enfermería del Bloque Quirúrgico y Reanimación y agentes de calidad.

A partir de una primera aproximación interna, el Clínico ha organizado entrevistas presenciales con pacientes que aceptaron colaborar de forma voluntaria en el proyecto, con sesiones dirigidas por asesores externos para facilitar una conversación más espontánea y menos condicionada por la presencia de los profesionales sanitarios.

Ahora, toca analizar toda la información para construir un ‘mapa visual’ que permita identificar los momentos especialmente sensibles, los puntos de fricción y las posibles oportunidades de mejora a lo largo del proceso quirúrgico, resume la anestesióloga.

Pequeños cambios

Martínez-Almeida reconoce que muchas veces las mejoras más relevantes no requieren grandes transformaciones estructurales ni inversiones complejas, sino pequeños cambios vinculados al trato, la información o la comunicación con el paciente. “Nos acostumbramos a trabajar de una manera muy técnica, hacemos muy bien nuestro trabajo, pero tener la visión del paciente puede aportar pequeños detalles que ellos van a valorar con mucho peso y que nosotros quizás no damos esa importancia”, reflexiona.

En este sentido, señala que algunas iniciativas de humanización ya se han empezado a implantar en áreas especialmente sensibles como reanimación, donde se han desarrollado protocolos de cuidador principal, de modo que se han ampliado horarios de visita y se permite acompañamiento continuado en determinados casos. No obstante, admite que trasladar determinadas medidas al conjunto del bloque quirúrgico resulta más complejo porque implica coordinación entre distintos servicios y áreas hospitalarias.

La especialista considera además que este tipo de metodologías podrían extenderse a otras unidades asistenciales más allá del área quirúrgica. “Las áreas de hospitalización también son lugares donde el paciente pasa mucho tiempo y seguramente se puedan extraer importantes áreas de mejora”, para humanizar la atención.

No en vano, un estudio reciente del Instituto Experiencia Paciente (IEXP) consultado por Ical concluye que este tipo de proyectos no solo mejoran la percepción de los usuarios, sino que generan también impactos clínicos y organizativos medibles. Según ese análisis, realizado entre profesionales implicados en proyectos de experiencia del paciente en hospitales españoles, un 60,8% percibe mejoras en salud y adherencia terapéutica y un 64,7% identifica avances en eficiencia asistencial y rediseño de procesos. Además, el 92,1% considera que estas metodologías permiten detectar barreras asistenciales invisibles para los sistemas convencionales, precisa el informe.

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