KIOSCOS
El kiosco de la calle Ferrari se convierte en cajero, pantalla publicitaria y servicio de paquetería
"Es renovar o morir. Soy la tercera generación y ver morir a esta empresa es muy duro", declara Rubén, dueño del kiosco de la calle Ferrari que se aferra a un nuevo modelo multi-servicios para no perder su kiosco

Rubén junto a su kiosco de la calle Ferrari
Los kioscos, ese lugar de encuentro para niños que quieren comprar dulces o terminar su colección de cromos y adultos en busca de prensa o de apostar algo de suerte a la lotería, se encuentran en peligro de extinción. El periodismo digital y las grandes superficies de alimentación están empezando a sustituir a un sector que se encuentra en plena lucha por no desaparecer de los barrios.
Rubén, dueño del kiosco de la calle Ferrari, en pleno centro de Valladolid, es la tercera generación de kiosqueros de su familia, lleva más de 30 años en el negocio y ahora es el primero en la ciudad en incorporar un novedoso modelo multi-servicios para poder sacar a flote su kiosco. "Renovar o morir. Ya sabes cómo es la prensa, cómo estamos los kiosqueros, cuando uno cierra ya no vuelve a abrir, quedamos muy poquitos y entonces me ofrecieron la oportunidad de hacer estas cosas y dije, sí, hay que hacerlo", cuenta Rubén mientras atiendes a un cliente que se acerca a meter saldo a su tarjeta de Auvasa.
Este modelo incorporará a la estructura del kiosco "un cajero automático, va a haber una televisión de publicidad y quieren poner un cajón de paquetería. Estamos esperando a que el Concejal de Comercio nos lo autorice. Creo que es una muy buena idea para la ciudad y para todos. Soy el pionero, soy el conejillo de Indias", comenta Rubén.
Rubén ha sembrado la semilla, pero otros kioscos de Valladolid estarían planteándose implementar el mismo modelo, como el kiosquero del Calderón, que lleva 13 años en la profesión y cuenta que para él su kiosco forma parte de lo que es: "Yo me identifico como kiosco y como kiosquero y como kiosco calderón. Ahora mismo es parte de mi ser". Alejandro compartía en su cuenta de 'X' (@kioscocalderon ) el inicio de esta "nueva etapa" para los kioscos de la ciudad.
"Es ese plus económico que estábamos buscando. Por ejemplo, el poder tener publicidad y que esté remunerada. Cuando en la ordenanza municipal no podemos tener publicidad en ninguna parte del kiosco. Llevo tirando de este proyecto casi tres años. Entonces, la idea es que quiero ver, sobre todo estéticamente, cómo queda. A mí me encanta mi quiosco. Los quioscos que tenemos en Valladolid son de lo más bonito que hay en España, muy representativos. Yo estoy pendiente de lo que hagan en el quiosco de Rubén. Porque quiero ver, sobre todo, los remates y demás, y cómo va a quedar", cuenta Alejandro a este periódico.
Se vende menos prensa, pero también se venden menos gominolas a los niños, como cuenta Rubén: "Los niños que vienen a comprar gominolas también son menos. Son muchas circunstancias. Pero la más gorda de todas, la que más me preocupa, es que los supermercados venden ya de todo. Las pipas, los cacahuetes, las bolsas de gominola, y entonces resta más que suma. Las grandes superficies hacen mucho daño. No puedes competir contra esas cosas."
Las cosas eran más estables antes de la pandemia, Rubén trabaja en el kiosco junto con su mujer, pero después la situación empeoró: "Se trabajaba bien antes de la pandemia y estabas a gusto. Pero después de la pandemia, he estado capoteando, tirando de ahorros. Si tienes familia como tengo yo, dos niños, es duro. Pero sales adelante. Mi mujer se tuvo que poner a trabajar. Gracias a ella con lo que ingresa y lo que gano yo, que no llego ni a un sueldo mínimo. Soy autónomo y no puedo coger ni una baja, porque si cojo una baja no cobro. Los impuestos han subido. Es horroroso. Pero creo que todo el mundo lo sabe y lo está viendo. Entonces, cierras los ojos y tiras adelante. Te pones el yugo y vas como los burros con el yugo".
Pero más allá de los números y las reformas, el futuro de los kioscos es también una cuestión emocional y generacional. Rubén, tercera generación de kiosqueros, reconoce que el cambio es una oportunidad, pero también una lucha personal por no dejar morir el legado de su familia. “Yo apuesto por el negocio local, porque es lo más bonito que hay. Aquí no te atiende una empresa, te atiende una persona. Te llaman ‘mi niño’, te conocen, te preguntan. Es que me emociono. Soy la tercera generación y ver morir esta empresa es muy duro. Tengo 52 años, ¿qué voy a hacer? Si dejo esto… yo no tengo nada”.
El nuevo modelo multi-servicios
"Venimos de una familia de kiosqueros, mi abuelo era kiosquero y lo que queremos es que los kioscos vuelvan a ser ese punto de encuentro que era antes y para eso lo transformamos con nuevos servicios", cuenta Luis, dueño de Urban Service Point, empresa encargada de la transformación del kiosco de la calle Ferrari.
"A lo que nos dedicamos es a transformar el kiosco de prensa a nivel nacional. Estamos ya trabajando con más de 600 kioscos por toda España, en Barcelona, Madrid, Málaga, Granada, Valencia, Sevilla y ahora aquí en Valladolid. Lo que buscamos siempre es darle un nuevo uso al kiosco, porque por desgracia la lectura de prensa ha disminuido. No se lee ni la mitad de lo que se leía antes, hace 10 años. Pero el kiosco sigue siendo un elemento que está en medio de la calle, que hay una familia que vive cerca de cada kiosco y que es un elemento reconocible. De ahí nace la idea y lo que buscamos es crear un modelo también basado en servicios más alineados con lo que la gente hoy en día necesita, lockers de reparto de paquetería, cajeros bancarios, antenas 5G, pantallas digitales, carga de baterías para vehículo eléctrico", comenta Luis.
Encontrar al kiosco dispuesto a hacer este gran cambio no es tarea fácil en algunas ocasiones. "Nosotros trabajamos de la mano de los ayuntamientos y las asociaciones y con ellos buscamos un kiosco que esté en un lugar más o menos estratégico, como el caso del kiosco de Rubén, que está cerca de la Plaza Mayor, y también kioscos que sean valientes, porque al final siempre cuesta encontrar ese primer kiosco que quiera romper el hielo, que quiera cambiar algo que no se tocaba desde hace más de 20 años. Pues hay que conseguir esos kioscos valientes que sean los primeros para que después vayan los demás. Por eso Rubén", asegura el dueño de Urban Service Point.
"Es que necesitamos apoyos porque estamos hundidos. La prensa de papel está tocada. Gracias a estos empujes, algunos podríamos seguir viviendo, que es lo que queremos, seguir trabajando. Actualmente, no es rentable tener un quiosco. ¿Qué puedo ganar yo de una gominola que vale 5 céntimos? Con mucho, dos céntimos y medio. ¿Cuántas tengo que vender? Es que no se dan cuenta la gente. La prensa está desapareciendo. Estamos en peligro de extinción. No me lo pensé. Me dan un dinerito que con ese dinero puedo pagar la seguridad. Que en vez de empezar con menos 400, empiezo con 0, y eso ya es una ventaja. Entonces, se agradece. Todo granito de arena en un negocio tan chiquito", asegura Rubén.
Entre la caída de la prensa en papel, la competencia de las grandes superficies y la necesidad de reinventarse, los kioscos de Valladolid se enfrentan a un futuro incierto. Sin embargo, historias como la de Rubén demuestran que estos pequeños comercios siguen siendo mucho más que un punto de venta: son memoria de barrio, trato humano y resistencia local. La transformación puede ser la última oportunidad para que los kioscos no desaparezcan de las calles, ni de la vida cotidiana de la ciudad.
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Diario de Valladolid | El Mundo

Kioscos que se transformarán el Lockers. Kiosco de la calle Ferrari.
La nueva vida de los kioscos de Valladolid: "Es renovarse o morir"

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Kioscos que se transformarán el Lockers. Kiosco de la calle Ferrari. JUAN GARCÍA.
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Rubén junto a su kiosco de la calle Ferrari.
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Alejandro junto a su kiosco frente al Teatro Calderón.
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Alejandro junto a su kiosco frente al Teatro Calderón