CHARLA EN VALLADOLID
El sexólogo Alejandro Villena advierte en Valladolid que "la pornografía puede generar ansiedad y aislamiento en los adolescentes"
El psicólogo y sexólogo clínico participó en una ponencia enmarcada en el proyecto ‘Boomerang’ de la Asociación Treches

Alejandro Villena con la Asociación Trechel en su programa ‘Boomerang’ para educar sobre los retos y consecuencias que arrastra la pornografía en los adolescentes
El psicólogo y sexólogo Alejandro Villena aseguró hoy en Valladolid que “el consumo de pornografía en los adolescentes puede generar soledad, ansiedad, estrés y aislamiento”. Además, dio cifras que colocan el primer contacto con la pornografía entre los nueve y los once años, aunque puntualizó que “uno de cada diez niños lo hace antes de los ocho”. Esta exposición tan temprana trae implícita una falta de madurez en los niños “que no tienen la capacidad para entender lo que es el sexo” lo que causa un impacto en su salud mental “grave”.
No obstante, Villena, que participó ayer en el encuentro ‘Los efectos de la pornografía en la salud mental y sexual’, que se enmarca dentro del proyecto ‘Boomerang’ de la Asociación Treches, advirtió que es posible detectar ciertas señales que avisen de una mala relación con la pornografía y las redes sociales por parte de los adolescentes. Estas pasan por “cambios en el estado de ánimo, inestabilidad, impulsividad y presentan otra adicciones”. Además, añadió, pueden sentirse somnolientos, disminuir el rendimiento académico” y aseguró que si se tiene la confianza suficiente para hablar con el adolescente o niño sobre este tema, estos mismos reconocerán que “ha perdido el control y que es la pornografía la que les controla a ellos”, informa Ical.
En lo que a motivos se refiere, Villena, en declaraciones a Ical, no dudó en señalar las redes sociales, calificándolas como la “gasolina de la pornografía”, y fue más allá y criticó la facilidad que existe dentro de ellas para que “la pornografía se construya y se publicite dentro de ellas” y apuntó a que “dentro de las redes sociales muchos contenidos son ‘hipersexualizados’ y van normalizando esta visión de la sociedad basada en el consumo y en la cosificación y no tanto en lo emocional o en lo relacional”.
Asimismo, el experto señaló dos de los “muchos” mitos que extiende la pornografía, como son “la violencia hacia la mujer, que romantiza y erotiza la violencia en chicos a llevarlo a cabo y a chicas a recibirla”. El segundo mito más dañino según el psicólogo es “la cultura del rendimiento, de llegar a un nivel” que implica que “en lugar de estar pensando en cuidar al otro” se piensa “en obtener un nivel o en extraer placer del otro”, lo que solo trae “consecuencias muy negativas”.
A pesar de todas las problemáticas asociadas a la pornografía, tanto esta como la sexualidad siguen siendo un gran tabú en la sociedad, algo que Villena achaca a que "las familias actuales no han tenido esta educación y no han tenido conversaciones sobre el tema”, pero, lejos de verlo como un problema, lo consideró como una “posibilidad educativa para las familias de esta generación que hay que abordar”.
Él, para poner su granito de arena, publicó hace tres meses un libro titulado ‘El tiburón de internet’, que busca ser una suerte de “manual de instrucciones para ‘peques’ de entre ocho y 12 años para que puedan distinguir los peligros de internet”. Estos peligros, denominados en la obra como ‘tiburones’, pretenden funcionar como una herramienta identificativa “muy importante que pueda servir al ámbito educativo y al ámbito familiar” para educar en estos nuevos temas. El sexólogo confesó que aboga por “incluir este tipo de programas en los colegios de forma obligatorio y con profesionales cualificados”, siguiendo siempre “un manual estructurado de lo que se va a hacer y con plena coordinación con las familias”.
Por ello, animó a los padres y madres a tener “cinco minutos de conversación a la semana, o si no pueden al mes” y a utilizar “una noticia de algún periódico, una canción o una película para incorporar de forma natural estas conversaciones para mandar los mensajes que se quieren mandar” aunque “siempre adaptados a la edad y con sentido común”.
Él mismo reconoció saber que es “difícil” para las familias pero alentó a estas a hacerlo porque “merece la pena y sus hijos e hijas lo agradecerán” y aseguró que sus pacientes, cuando acuden a consulta, siempre dicen que nunca tuvieron “una conversación sobre este tema” y que ojalá les “hubieran hablado en casa de ello”.