Diario de Valladolid

ABUSOS SEXUALES

Una vallisoletana, víctima de pederastia, a Argüello: «Mi vida era una película de terror»

Paula Alonso exige al arzobispo, a quien asegura conocer, que «dé un paso decidido por la tolerancia cero»

Colegio Maristas la Inmaculada de Valladolid y en miniatura Paula Alonso

Colegio Maristas la Inmaculada de Valladolid y en miniatura Paula AlonsoPHOTOGENIC

Publicado por
Valladolid

Creado:

Actualizado:

«Cada caso que sale te reabre tu herida». Una brecha que a Paula Alonso-Pimentel se le abrió cuando solo tenía ocho años y que ha cargado durante toda su vida con ella. Ha tenido que pasar por momentos muy complicados para, a día de hoy, 50 años después de lo ocurrido ser capaz de contarlo y reclamar públicamente a la Iglesia y a Luis Argüello que dé «un paso decidido, un paso claro, un paso transparente, un paso de decir se acabó: tolerancia cero con cualquier indicio de pederastia». La historia de esta vallisoletana se remonta al año 1974: «Yo iba a catequesis al colegio de mi hermano en los Maristas la Inmaculada de Valladolid». Un año en el que su vida cambió para siempre: «El padre portero (que atendía la portería) empezó a mostrarse muy cariñoso conmigo. Empezó a prestarme mucha atención, hizo lo que se llama una seducción afectiva. Yo al salir de la catequesis pues me quedaba un rato con él siempre en la portería. La agresión empezó desde el primer día».

«El primer día que me vio, se acercó a mí. Estaba como apoyada en sus piernas, estaba de pie y me estaba levantando las faldas. Yo me las me las bajaba, él me las levantaba y yo me las bajaba. Me sentía incómoda», relata Paula sobre la trágica experiencia que ha marcado su vida. «Me dijo ‘eres una pecadora’. Yo en un momento digo ‘¿por qué?’. Porque ya tenía ocho años y había otro hermano Marista enfrente viéndolo todo. Lo estaba viendo. Y me dijo ‘como me digas que no eres una pecadora, te mato. ¿Acaso no te sabes el yo pecador?’», recrea aquellos trágicos momentos de hace 50 años que jamás podrá borrar de su memoria.

«Ya empezaron desde el primer día a culpabilizarme, haciéndome pasar vergüenza. Ese momento para mí fue una clave», asegura para posteriormente indicar que, tras diversas averiguaciones, que ese marista venía de Salamanca y le trasladaron el curso siguiente a Segovia: «Esta situación de irle trasladando de lugar a lugar es bastante sospechosa». Con apenas ocho años no era capaz de entender lo que estaba sucediendo: «Era una sexualización constante, me hablaba mucho de sexo», recuerda con dolor aquellas conversaciones con este religioso y los «tocamientos» y «abusos» sexuales que sufrió. Había entrado en un infierno que se escapaba a su conocimiento: «Yo vivía en una película de miedo. Mi vida era una película de miedo. Yo tenía terrores nocturnos. Empecé a sacar malas notas. Yo no podía identificar lo que estaba pasando, tampoco tenía ningún adulto a quien se lo pudiera contar, es que yo ni siquiera lo entendía», relata con un dolor y un pesar apreciables desde el otro lado del teléfono, muestra de que estas palabras no son solo un mero recuerdo.

Del desconocimiento Paula pasó a una fase de olvido: «Durante dos o tres años lo olvidé completamente. Tuve amnesia. Es una respuesta traumática, tu cerebro no lo puede procesar y lo olvida. Lo guarda en otra parte». Pero todo cambió cuando en el colegio les hablaron «un poco de sexo» y a esta víctima de pederastia en la Iglesia entendió el terror que había vivido: «De repente lo vi todo, lo comprendí. Pero además en ese momento lo único que sentí fue una vergüenza horrible una sensación de que eso era mi culpa. Y que no se iba a contar a nadie en mi vida porque era algo absolutamente vergonzante».

Un sentimiento que la minó desde lo más profundo: «Para empezar, la vergüenza y la culpa te hace sentirte completamente indigno. Te quita la confianza en ti mismo la confianza de los demás, el sentido de tu valor, tu dignidad». «Yo con 18 años tenía muchísimas ideas suicidas. Y no las relacionaba con esto, yo pensaba que era defectuosa, que era una persona que no era capaz de apreciar la vida. Tenía muchas dificultades para relacionarme. Cosas muy horribles».

A los 20 años tomó la decisión de empezar a contar su trágica experiencia con el marista en el colegio vallisoletano (que se limita a trasladar su condena a «cualquier tipo de abuso y pedimos perdón a las víctimas por no haberlas protegido en su momento. Estamos a su disposición». Faltaría más que no lo hicieran), pero no fue como pensaba: «Con 20 años lo pude contar a cierta gente. La respuesta no fue nada buena, entonces me volví a cerrar. Viviendo en un entorno religioso, eso no tuvo una recepción de apoyarme a mí». Paula Alonso recuerda en su conversación con este periódico esa frase tan socorrida de «tienes que tratar olvidarlo»: «Esto no se olvida nunca, se mantiene en ti y ese silencio mantenido durante años y años es como una carcoma».

Ya de adulta pudo comprender que lo ocurrido en el año 1974 no fue culpa suya: «Hasta que no tuve unos 40 años no pude entender que yo no tuve nada de culpa en eso y que yo soy la víctima. Llega un momento en que no puedes dejar de pensar en ello».

Gracias a un proceso largo y con terapia, ha podido salir adelante, pero siempre con esa carga sobre sus hombros: «Todas (las víctimas) hemos llevado una vida en la que no has podido desarrollar completamente nuestras capacidades. Has vivido con miedo, con vergüenza, con un sentido de ser alguien indigno. Es muy duro», confiesa sobre esa época de su vida. Ahora, participa con ANIR (Asociación Nacional Infancia Robada) para decirle a otras víctimas «que no están solas» y que pueden contar con la ayuda de asociaciones.

Mensaje a Argüello

Ahora, con 59 años y con un peso a sus espaldas con el que ya ha aprendido a convivir, lucha para exigir un perdón de la Iglesia y ayudar a otros que pasan por su misma situación. Paula Alonso asegura conocer a «Luis Argüello «desde que tenía 18 años» y afirma que su entorno sí ha mantenido contacto con el actual líder de la Iglesia española.

El último escándalo sobre la pederastia en la Iglesia ha llevado al Vaticano a apartar al obispo de Cádiz, Rafael Zornoza, por un supuesto caso de abusos. Un hecho que llevó a esta vallisoletana a escribir una carta en El País al presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Valladolid, institución que afirma que no va a hablar al respecto. «Desde que leía sus declaraciones quería encontármelo por Valladolid o llamarle y decirle, Luis, mírame a la cara y repíteme todo esto que dices. Atrévete a decirlo delante de mí, a los ojos. No tenía fuerza para hacerlo. Pero es que ya, todo lo que está sucediendo todas esa declaraciones que hacen una tras otra...», explica en una conversación con este diario.

Así, lamenta la actitud de la Iglesia sobre los abusos: «Están intentando tapar todo lo posible todos los casos que no trasciendan, ellos siguen actuando como encubridores de los agresores. Siguen revictimizándonos a nosotros». Pese a la falta de avances por parte de la Iglesia, Paula y otras tantas víctimas no piensan tirar la toalla: «Hay que seguir peleando porque hagan una reparación firme y lo que yo le pido en la carta es que den un paso porque una de las cosas que él decía era que no iban a ser proactivos».

Más allá de pedir perdón y «abrir sus archivos», Paula considera que «la Iglesia lo que debería es de una vez por todas dejarse de juegos y de manipulaciones y aceptar lo que le está proponiendo el gobierno que es hacer una comisión Gobierno, Iglesia y víctimas para un plan de reparación a las víctimas». «Nos tenéis que devolver la dignidad a nosotros y al devolvérnosla recuperaréis o tendréis la vuestra un poco mejor de cara a los que crean en ellos», reclama esta víctima vallisoletana de la pederastia a Argüello y a la Iglesia española.

tracking