Diario de Valladolid

El forense sostiene que el acusado de matar a su madre urdió un plan porque le «molestaba»

Ve a César imputable y tumba que posea poco coeficiente intelectual porque estudió en la Universidad / Asegura que los vídeos del supuesto ‘pacto’ de la muerte eran ‘teatro’ para ganarse a sus dos hermanos

El hermano medio de César F. M., en un momento de su declaración con el acusado (derecha) sollozando al oir sus palabras.-LA 8 VALLADOLID

El hermano medio de César F. M., en un momento de su declaración con el acusado (derecha) sollozando al oir sus palabras.-LA 8 VALLADOLID

Publicado por
Íñigo Arrúe
Valladolid

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El psiquiatra forense aseguró ayer que el acusado de matar a su madre en el domicilio de Parquesol, César F.M., víctima de un trastorno límite de la personalidad, llegó al convencimiento de que su madre «era una molestia» y por ello «elaboró un plan para acabar con su vida», un plan que empezó dos semanas antes de la muerte de Sacramento Martínez, de 73, –el 29 de enero de 2018– «con la compra de una cámara de vídeo y la grabación sucesiva de tomas», hasta llegar a las seis horas de filmación que dejó a la vista de la Policía.

El forense J.R.C.R., que elaboró un informe sobre el estado de salud mental de César F.M. el 4 de octubre de 2018, en base a documentación clínica y dos exploraciones al paciente, fue aún más allá al asegurar que esos vídeos que supuestamente avalan el ‘pacto’ entre madre e hijo tuvieron su función dentro del trastorno del acusado.

«Los vídeos se convierten en una especie de representación teatral. César tiene que demostrar y por ello sobreexpresa emociones. Sobreactúa. Tiene que convencer a sus hermanos de que lo ha hecho por su madre, para que la decisión sea entendida y aceptada y para que no le guarden rencor», resumió el médico, no sin censurar que lo ético y, en caso de que fuese verdad la idea de morir, hubiese sido «comunicarlo a la familia y ayudar a la madre, no deshacerse de ella».

El psiquiatra encuadró toda esta forma de actuar de César como víctima de un trastorno límite de la personalidad, además de un trastorno obsesivo compulsivo, pero recalcó que ninguno de ellos le priva de conciencia de la realidad, «aunque sí le daba muchas vueltas a todo y estaba preocupado por la simetría». De hecho, lo considera plenamente «imputable» en el momento de los hechos y minimiza que posea una inteligencia límite «ya que aprobó el Bachillerato y accedió a la Universidad». A su juicio, su trastorno límite de la personalidad se manifestó en aspectos como «ausencia de empatía» y «falta de sensibilidad», lo que definió el psiquiatra como un rasgo antisocial «donde predomina el egoísmo sobre la compasión hacia la otra persona».

Otra forense interviniente en el caso, R.C.B., expresó sus dudas de que Sacramento quisiera la muerte. «No hay constancia de ningún documento donde ella lo desee. Y sobre los vídeos, no se puede extraer nada. Se ve a César hablando de ‘irse’ y ‘marcharse’: nada concreto. Son monólogos que acaban con coletillas ‘lo he hablado con mamá’ o ‘lo tenemos todo hablado’, pero Sacramento solo sale una vez en vídeo, sin hablar y sin señales de que esté entendiendo», recordó.

«LE QUERÍA MUCHO»

En una sesión no precisamente favorable a los intereses de César, las declaraciones más amables llegaron de C. la hermana de Sacramento y tía del acusado, y de la asistencia K.S., quienes recalcaron que César «quería mucho a su madre» y viceversa. No llegaron a afirmar, porque lo desconocían, que hubiesen sellado un pacto, pero sí recalcaron que había una química especial entre ellos, de tal forma que se entendían con la mirada.

La asistenta reveló que trabajaba de 10 a 14 horas y de 19 a 22, horarios en los que le aseaba y le hacía la comida y la cena. En otros momentos veían en la tele el fútbol o un programa de comedia «porque le divertía mucho». La trabajadora recalcó que la madre era muy activa a su manera: «La preguntaba: ¿natillas?, ¿arroz con huevo? y hacía con la cabeza que sí. Ysi le preguntaba por ‘lentejas’ y negaba».

La tía de César aseguró que madre e hijo «eran uña y carne». «La adoraba, la atendía como nunca he visto a ningún hombre, llevarla al servicio o cambiarle los pañales», aunque sí admitió que estaba «estresado».

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