Diario de Valladolid

LA SEMANA SANTA RURAL

Riaza: Gascones y Cillantas o la pervivencia de una tradición barroca

Riaza es una villa segoviana famosa por la riqueza de su arquitectura tradicional, por los palacios y casonas de gran nobleza, y, sobre todo, por la Plaza Mayor que centra, organiza y da personalidad al casco urbano. Es punto de partida para recorrer paisajes naturales de gran belleza, y punto de llegada para degustar una gastronomía de las más atractivas, siendo el centro del cordero asado segoviano. Durante la Semana Santa convoca, además, a los amantes de la historia y el patrimonio que emanan de la religiosidad popular.

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Redacción de Valladolid
Valladolid

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Aunque la Semana Grande comienza el Domingo de Ramos, con la bendición y procesión de los mismos, es el miércoles cuando los riazanos se meten de lleno en el espíritu de estos días, con el traslado de los pasos de la ermita de San Juan a la iglesia de Nuestra Señora del Manto, iglesia parroquial construida a finales del s. XV y comienzos del XVI. Por eso, a partir de este momento se los puede contemplar alineados en la nave lateral del evangelio, a la espera de las procesiones de los días siguientes. Destaca, entre ellos, un Crucifijo de corte gótico con los brazos articulados, por lo que se supone que en otro tiempo servía para el oficio del desenclavo.

La Semana Santa conserva dos eventos importantes que no se deben perder los que quieran participar en ritos espectaculares. El prendimiento de los Gascones, el Jueves Santo, y el cántico de las Albricias, el Domingo de Resurrección.

El Jueves, Al finalizar Los Oficios los miembros de la Cofradía del Sacramento, que han asistido en lugar privilegiado con estandarte blanco y las varas de plata, escoltan al sacerdote que, bajo palio, procede al traslado de la ‘Reserva’, desde el altar mayor hasta el monumento. La pequeña procesión gira, saliendo por la nave de la Epístola hasta alcanzar, por la parte trasera del templo, la cabecera de la nave del Evangelio. El desfile es lento, y los fieles entonan cánticos eucarísticos. Pero al llegar a la entrada del templo, la puerta se abre y entra de sopetón una escuadrilla de hombres armados que se paran delante del palio impidiendo el paso. El sacerdote, aparentemente sorprendido, les pregunta ¿A quién buscáis?

Ellos responden «¡A Jesús el Nazareno!», y el sacerdote mostrándoles al Santísimo, contesta: «Yo soy». Son los gascones, y el cuadro escénico es el denominado en Riaza ‘el Prendimiento de los Gascones’. Son seis personajes que heredan los cargos, de padres a hijos, y son los encargados de hacer guardia delante del Monumento y acompañar al sacerdote. 

Tienen una indumentaria que recuerda a la de los tercios del s. XVII. Visten casaca y pantalón de paño color marrón, camisa blanca, cogidas las mangas con cintas de colores. Una gran banda sobre uno de los hombros que cruza pecho y espalda y se anuda a la altura de la cintura. Yelmo plateado cuya visera bajan cuando están en acción. Por la parte de atrás del yelmo cuelga un mazo de crines de cola de caballo.

Tienen medias y zapatos negros. En la mano llevan alabardas, picas y lanzas. Después del asalto, la procesión prosigue, escoltada por este cuerpo de guardia, hasta llegar al monumento. Los gascones forman a ambos lados para hacer el paso de honor al sacerdote, que deja el Santísimo en el Monumento custodiado por dos de los soldados. A continuación comienza la procesión de la Carrera, en la que desfilan los pasos de Jesús Nazareno, San Juanillo y la Dolorosa.

El prendimiento de los gascones es hoy una reliquia de una tradición muy común en España desde el s. XV. En algunos lugares se llamaban romanos al cuerpo de guardia que custodiaba el Monumento. Gabriel Llompart dice que en Mallorca estos romanos vestían uniformes militares anacrónicos, hasta que en el s. XX los cambiaron por la «auténtica indumentaria romana», influenciados por películas como el Quo Vadis.

El prendimiento de los gascones de Riaza es un ejemplo de las representaciones alusivas a la guarda del Sepulcro. Según testimonio de Antonio Lalaing, que peregrinó a Santiago el año 1501, en toda España, durante la noche del Jueves al Viernes Santo, montaba guardia gente armada ante el Monumento.

El Viernes Santo, por la mañana, es tradicional el Sermón de las Siete Palabras y, después, el Via Crucis por el parque Municipal del Rasero. Por la tarde, el Sermón de la Soledad precede a la Procesión del Silencio, organizada por la Cofradía de la Soledad, con los pasos de Cristo Crucificado –llamado del Dulce Nombre de Jesús–, el Cristo de la Cama, y la Dolorosa. El desfile recorre diversas calles de la villa, iluminadas para la ocasión con velas y antorchas. Pero el momento de mayor emotividad se produce cuando la procesión se para en la Plaza, y los tres pasos esperan a escuchar la Salve. Desde el balcón del Ayuntamiento, un grupo de mujeres canta esta plegaria a la Dolorosa. La Salve Popular es una composición que los misioneros extendieron por toda España entre finales del s. XIX y comienzos del XX, y que hizo furor en muchos lugares durante la guerra civil, hasta el punto de que en algunos lugares es conocida como ‘La Salve de la Guerra’; las letras son aún más conmovedoras que la Salve tradicional Salve, Virgen dolorosa/ Salve, de mártires, Reina. / Madre de misericordia/ entre espinas y azucenas. Y unos versos más adelante, dice: A ti, Reina, suspiramos/ gimiendo y llorando penas/ en aqueste triste valle/ de lágrimas y miserias/.

El Domingo de Resurrección es el otro momento apoteósico de la Semana Santa riazana, con la procesión del Encuentro en la Plaza Mayor. Los cofrades del Sacramento con la cruz, el estandarte, y las varas de la cofradía, escoltados por dos gascones, avanzan con la Virgen enlutada. Les espera otra comitiva, con el sacerdote bajo palio, portando la custodia escoltada por cuatro gascones. En la comitiva de la Virgen vienen nueve niñas, en tres filas, vestidas con traje típico de Riaza; cada una de ellas lleva una vela adornada con un lazo. Comienzan a cantar los versos de Las Albricias. Cuando llegan al pasaje que alude a quitar el manto a la Virgen, uno de la Cofradía despoja a la imagen del manto negro. A continuación, las dos comitivas juntas se encaminan a la iglesia arropadas por el volteo de las campanas y la música de la banda. La palabra ‘cillantas’ se tiene por una corrupción de ‘ciriantas’, las que portan y ofrecen los cirios. En una de las estrofas dicen: Alarga, Virgen, tus manos/ y también tus blancos dedos,/ recibirás estas velas/ que las ciriantas traemos. Las Albricias de Riaza es un texto cuyo cuerpo central se podría fechar a finales del s. XVIII, o comienzos del XIX. Muy extendido por Castilla y León, pero que aquí se ha reformado añadiendo estrofas de particularidad local, con una música propia y particular. Es una larga composición en cuartetas de rima asonante de origen culto.

El nombre de ‘Las Albricias’ proviene de una estrofa que ahora está incrustada dentro del texto pero que era la que encabezaba los cánticos ¡Albricias, Virgen pura,/ de vuestro Hijo el Bendito!/, desde el jueves por la tarde/, señores, no lo hemos visto.

Las procesiones de Riaza se enriquecen con las marchas fúnebres de gran efectismo ejecutadas con sublime maestría por la Banda Municipal. Por eso quien haya tomado parte, aunque sólo sea como espectador, en alguno de los desfiles semanasanteros de esta villa segoviana no lo olvidará fácilmente.

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