Diario de Valladolid

«Ahora que tenemos todo en el pueblo, no hay nacimientos»

Claudino García Martín (1940) llegó al Ayuntamiento de Cantiveros (Ávila) en 1971 sin saberlo. El alcalde de aquel momento le colocó en la lista y desde entonces el Consistorio se ha convertido casi en su segunda casa. En 1977 tuvo que sustituir al regidor y en 1979 ganó sus primeras elecciones con UCD.

El alcade de Cantiveros, Claudino García Martín, con la iglesia del pueblo de fondo.-A. GARCÍA

El alcade de Cantiveros, Claudino García Martín, con la iglesia del pueblo de fondo.-A. GARCÍA

Publicado por
Antonio García

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En medio de la gran llanura de la comarca abulense de La Moraña, muy cerca de la vecina provincia de Salamanca, se encuentra la pequeña localidad abulense de Cantiveros (112 habitantes). Sus calles están limpias y asfaltadas, pero vacías, como en tantos pueblos de esta Comunidad.

Durante el tiempo que estuve con su alcalde, Claudino García Martín (1940), no vi a ningún otro vecino en este pueblo situado a poco más de 2 kilómetros de Fontiveros, la patria chica de San Juan de la Cruz.

Por eso, no era extraño que el primer tema de conversación antes de entrar en materia fuera otro que la despoblación. «No hay nacimientos», apuntó este regidor que hace ahora cuarenta años fue elegido por primera vez por sus vecinos, aunque dos años antes tuvo que tomar el bastón de mando porque su predecesor, Aderito Rodríguez, se casó y se traslado a otra pequeña localidad de la zona: Gimialcón.

Tan grave es el problema, que García Martín ponía un ejemplo muy claro, vinculado a los comicios municipales del próximo 26 de mayo. «Si las elecciones hubieran sido en 2020, nos hubiéramos quedado con tres concejales», comentó de forma gráfica, señalando que los 112 vecinos se corresponden con el censo a 1 de enero del año pasado.

El alcalde, que no quiso desvelar si volverá a concurrir como candidato del PP, apareció pertrechado con una carpeta en la que, además de algunas fotos antiguas, también figuraba el borrador del acta de constitución del Ayuntamiento, el 7 de febrero de 1971.

En ese documento figura por primera vez su nombre como concejal, aunque sin saberlo. «Ni me enteré de que me habían metido para las elecciones», apunta, aclarando que en aquel momento fue el regidor quien le incluyó en la renovación de dos de los integrantes de la corporación, por lo que se denominaba «el tercio familiar».

Desde entonces, el Ayuntamiento de Cantiveros se ha convertido en una especie de segunda casa para él, ya que desde entonces ha formado parte de las sucesivas corporaciones. Hasta 1977 como concejal y a partir de entonces, como alcalde.

Los dos primeros años, hasta 1979, ocupó el cargo de primer edil de rebote, al sustituir al alcalde de aquel momento, que al casarse emigró a Gimialcón. Sin embargo, las primeras elecciones a las que se presentó bajo las siglas de la desaparecida UCD, las ganó con mayoría absoluta, como ha ido sucediendo comicios tras comicios en el periodo democrático.

Ahora, quiere mantener la incógnita de si volverá a encabezar la lista del PP, porque pretende que la gente «joven» de su equipo, es decir, personas que se sitúan en torno a los 50 años, tomen el relevo y se hagan con las riendas del Consistorio, porque su deseo es claro a estas alturas: «Quiero permiso indefinido».

Con cierta picardía, al no querer dar pistas acerca de la posibilidad de volverse a presentar, Claudino García Martín repasa su vida desde la infancia hasta llegar a un tiempo actual que ve con luces y sombras.

Sólo hay una cosa que le hace tener un gesto fuera de la sobriedad propia de esta tierra: la despoblación. Al preguntarle cómo se arregla ese asunto, García Martín se echa las manos a la cabeza y sólo puede pronunciar un significativo «¡puf!».

«Ese es el problema», añade, mientras describe la situación de Cantiveros, un pueblo en el que «no nacen niños». La última alegría se la dio hace dos años una familia que tuvo una niña de 2 años, después de mucho tiempo sin nacimientos. Los otros dos más jóvenes tienen 16 y 18 años.

Teniendo en cuenta estos indicadores, el alcalde admite que en los pueblos «el futuro es malo». «Esto se queda para los descendientes que vengan los fines de semana o verano», describe de forma gráfica, lamentando que esta situación se produzca cuando en los municipios los vecinos viven mucho mejor que antes.

«Ahora que tenemos todo en los pueblos, no hay nacimientos», señala el regidor con cierta resignación, después de repasar algunas de las cosas que han mejorado en este municipio cuyo Ayuntamiento cuenta con un presupuesto que ronda los 120.000 euros.

Las calles, que antaño eran de tierra, están todas asfaltadas; ahora existe red de saneamiento y agua corriente; un depósito de agua con capacidad para 60.000 litros; un cementerio nuevo, que sustituyó al que había junto a la iglesia de San Miguel Arcángel, patrón de Cantiveros, cuya fiesta se celebra el 29 de septiembre.

Su figura preside el templo de la localidad, de estilo mudéjar, el típico de la comarca de La Moraña. En su interior alberga la imagen de la patrona, la Virgen de la Vega, que celebra su fiesta también el mes de septiembre, pero en este caso el día 8.

Claudino García Martín muestra con orgullo el interior de esta iglesia, pero con especial interés un artesonado impresionante que ha sido recientemente restaurado y que es contemplado por aficionados al arte a los que él mismo abre el templo.

Y es que Claudino García Martín es el dueño de las llaves del pueblo, ya que no sólo tiene las de su casa y las del Ayuntamiento, sino también las de varios vecinos y las de la iglesia, en la que ejerció de monaguillo y sacristán hasta que tuvo 14 años. En ese momento, las necesidades familiares, le obligaron a trabajar en la construcción con su padre, abandonando también la escuela.

Esa iglesia que con tanto orgullo enseña, no sólo está próxima a él desde el punto vista sentimental, sino también físicamente, ya que su casa apenas dista 25 metros del templo.

Una casa en la que ha vivido toda su vida, desde que era un niño, tal y como recuerda sin aparente nostalgia. Primero con sus dos hermanos, Ildefonso y Teófilo, y sus padres, Anfiloquio y Rosalía, y después con su mujer, Delfina, fallecida hace cuatro años, y sus hijos, Rosalía, Jesús y Rodrigo.

De todos ellos, el único que vive en el pueblo es este último, el mayor de los tres, que además trabaja en la construcción, como su padre y su abuelo.

En este sentido, el alcalde reconoce que las cosas han cambiado mucho, porque antes el oficio de albañil se realizaba sin apenas medios, con fuerza y sin apenas maquinaria. Es más, para trabajar en los pueblos de alrededor –Fontiveros, Bernuy de Zaparediel...-, García Martín recuerda cómo tenía que llevar a su padre en la bicicleta.

Pero no todo el trabajo se reducía al oficio de albañil, que ha realizado durante toda su vida, sino que también ha tenido que hacer las tareas típicas del campo, ya que no siempre había tarea en la zona, especialmente durante los inviernos.

Ahora, la actividad de antaño se ha visto muy reducida, ya que los más de 300 vecinos que llegó a tener Cantiveros, han quedado reducidos a los poco más de cien que están empadronados, si bien sólo viven en el pueblo en torno a 80.

Entre los que han emigrado y los que han ido falleciendo, la población ha ido cayendo de forma exponencial hasta situarse en la situación actual. Sin embargo, García Martín siempre ha vivido en Cantiveros junto a su familia, aunque su boda la celebró en la iglesia de San Pedro el 8 de octubre de 1964, ya que su esposa, Delfina, trabajaba en aquel momento en la capital.

A partir de entonces, creó su propia familia, después de haber tenido que tomar las riendas de la casa de sus padres, tras perder con 15 años a su madre, Rosalía. Aunque su tía Irinea se trasladó a vivir con ellos tras quedarse viuda, la juventud de Claudino García Martín y del resto de la familia no fue fácil.

«La vida te enseña a ser fuerte», reconoce el alcalde, quien quizá por estas y otras circunstancias, tuvo que madurar más deprisa, hasta llegar a convertirse en el ‘cabeza de familia’ de todo un pueblo al que ha regido durante los últimos 42 años, convirtiéndose en uno de los alcaldes más longevos de Castilla y León.

Después de más de cuatro décadas en el cargo, García Martín tiene sus dudas a la hora de volverse a presentar, ya que tanto «la edad como los achaques, no son para andar como antes», teniendo en cuenta que un alcalde lo es durante las 24 horas del día, para tratar de solventar cualquier problema que se produzca en el pueblo.

Consciente de que la política municipal es muy diferente de la autonómica o la nacional, García Martín lamenta que «el respeto al alcalde ya no sea el mismo» que antaño. Y de la política nacional, casi mejor no hablar, porque según señala, se encuentra «muy revuelta», teniendo en cuenta que «cada vez hay más partidos».

En este sentido, reconoce que «en parte está bien que no haya mayorías», lo que obliga a hablar con los demás, a diferencia al «ordeno y mando» que podía llevarse en otros tiempos en los que, según recuerda, «el alcalde, el cura y el médico eran los que mandaban».

Ahora las cosas han cambiado mucho, al igual que el propio alcalde, quien admite que con el paso de los años ha sabido «adaptarse para escuchar a los demás».

Ahora, echando la vista atrás, se siente relativamente satisfecho de la labor realizada, aunque reconoce que «siempre hay que estar haciendo cosas». Ahora, centra su atención en la remodelación del espacio conocido como escuela de niñas, que desea convertir en un lugar para los jóvenes. Además, abre su carpeta para mostrar un esbozo del que podría ser el futuro escudo del municipio, del que la Cruz del Reto forma parte fundamental.

La amena conversación concluye en las mismas dependencias municipales a las que cuando era un niño acudió para asistir a la escuela. Al salir, saca las llaves para cerrar las dependencias, mientras en el pueblo sigue sin verse, ni oírse un alma.

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