UN HOMBRE | UN REAL SITIO | EDUARDO JUÁREZ
«Era tradición bañarse en las fuentes de La Granja, ¡hasta yo lo hice de niño!»

Eduardo Juárez, en los jardines del Palacio de La Granja, localidad segoviana de la que es cronista oficial desde hace seis años.-ARGICOMUNICACIÓN
Eduardo Juárez Valero es doctor en Historia y profesor en varias instituciones universitarias, como la Carlos III; o la University de Oregón, donde es titular de Cultura y Civilización Españolas. También da clase de Paleografía y Diplomática en la Fundación Carlos de Amberes, preside el Centro de Investigación de la Guerra Civil Española y está vinculado a la Fundación Ortega-Marañón en Toledo. Es segoviano, de La Granja, un lugar que ha marcado, desde su niñez, su afición a la Historia en una villa de la que es cronista oficial. Eduardo insiste en la necesidad de que se abran más ventanas en La Granja y se conozca su patrimonio urbano y natural, además de los Reales Sitios.
Pregunta.- ¿La historia hay que enseñarla? ¡Pero si se hace sola!
Respuesta.- Más que enseñarla, hay que ayudar a la gente a reflexionar sobre el proceso histórico y que cada uno saque sus conclusiones en base a un conocimiento lógico.
P.- Muy joven para ser cronista, ¿no es oficio de eméritos?
R.- Quizás por eso se le ocurrió al alcalde proponerme (ríe), porque los jóvenes somos apasionados. Yo difundo con pasión y me esfuerzo al máximo en la investigación.
P.- ¿Desde cuándo es cronista de su pueblo?
R.- Desde 2012 y soy el primero. Lo importante de nuestra labor es que sea reconocida, dado que preservamos el conocimiento de la Historia, la investigamos, profundizamos en ella y la difundimos.
P.- La Granja, El Sitio, San Ildefonso, los de Valsaín… acláreme porque me pierdo con tanto término, ¿cuál es su gentilicio?
R.- No existe para El Real Sitio. Se ha utilizado el de granjeño, aunque a mí me gusta más la división entre ‘gatos’ y ‘toribios’. Los primeros son los que nacieron dentro de la cerca del Real Sitio, y los segundos, los de los arrabales.
P.- El peso de la Corona es incuestionable…
R.- Fíjate en el detalle: todas las puertas de acceso a La Granja tienen una corona. ¡No te digo más! Es imposible disociarlo. Este es un Real Sitio y lo será siempre, aunque España no tuviera rey o se convirtiera en república.
P.- ¿A quién se lo debemos todo?
R.- A Felipe V, que creó este lugar para su retiro. Pero también a Carlos III, que lo transformó y urbanizó, con los barrios Alto y Bajo que hoy los conocemos.
P.- ¿Qué misterio tiene este lugar, que ha sido utilizado y frecuentado por ministros de la República, la Dictadura y la propia Corona?
R.- La liturgia del poder existe en este lugar desde el siglo XII, cuando a un noble segoviano se le ocurre construir un hospedaje en el paso de la Sierra. Luego, Alfonso XI lo convierte en cazadero; y Enrique III construye aquí la primera casa del bosque de Segovia, embrión del Palacio de Valsaín. Desde hace 800 años, este lugar ha estado conectado con el poder real y político de la Península Ibérica. Y todos han querido participar en él. Aquí han estado jefes de Estado, presidentes de gobierno, pintores, escritores… No deja de ser un lugar mágico, entre el bosque y la montaña, y con esa connotación centralizadora del poder político de todo un país.
P.- ¿Las cosas de palacio van despacio?
R.- Sí. La estructura de Patrimonio Nacional es muy compleja, incluso en su conexión con la administración municipal. ¡Pero esto es así desde que aparece nuestro Ayuntamiento, en 1810!
P.- No me diga que, de niño, se ha bañado en las fuentes…
R.- La prudencia debería obligarme a responder que no, pero admito que sí lo hice. De hecho, la primera persona que, sin ser monarca, se bañó en las fuentes de La Granja fue un vecino del Real Sitio, en 1931, cuando se proclamó la República. Entonces se abrieron los jardines porque era San Luis, patrón del pueblo. Hasta finales de los 90 hubo tradición de bañarse en las fuentes ese día, de forma ordenada, pero luego se perdió. Los Reales Sitios son de todos los españoles, por eso es nuestro derecho disfrutar y deleitarnos con estas maravillas. Pero La Granja es mucho más que sus fuentes: es el único jardín barroco del mundo que conserva la traza del XVIII, es Parque Nacional, Reserva de la Biosfera y la actividad humana asociada a su bosque se remonta a hace 15.000 años.
P.- ¿Solo para el verano?
R.- Se crea para el verano, pero ahora se visita en todas las estaciones del año. Y cada uno debe encontrar el momento adecuado para disfrutar de este lugar.
P.- Ejemplos como el de la Fábrica de Cristales no habrá muchos…
R.- No. Cristales de la calidad de La Granja se fabrican en Murano (Venecia), sobre todo hasta el siglo XVII; en Altare, cerca de Génova, que dejó de producirlos en el XIX; en Bohemia, hoy República Checa; a las afueras de París; en Inglaterra… Más atrás en el tiempo, podríamos hablar de Damasco y Alepo.
P.- Deben ser muy ‘cristalinos’ ustedes…
R.- Yo diría ‘espejeros’, pues los espejos fueron productos estrella, como aquel en el que se miraba todas las mañanas Alfonso XIII montado a caballo.
P.- Quién le diría a Isabel de Farnesio que los judiones de La Granja, con los que alimentaba a sus faisanes, se convertirían en un producto delicatesen…
R.- Sí, eso cuenta la tradición. Probablemente se trajeron de América y empezaron a producirse aquí para dar de comer a los animales. A mí me encantan. Los tengo muy presentes en mis oraciones.