-MARIO TEJEDOR

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P. PÉREZ SOLER / FUENTEARMEGIL
Valladolid

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Dos entidades financieras, farmacia, médico cuatro días a la semana y bar abierto desde el punto de la mañana. Las calles, como la patena; alguna vivienda de reciente construcción y un par de pequeños talleres de reparación de maquinaria. Es media mañana de un día de labor y el futuro en Fuentearmegil promete, pero incertidumbre. Lo saben bien sus 187 vecinos, contando también con quienes residen en los otros tres núcleos de población que forman este municipio de la comarca soriana de El Burgo de Osma, Fuencaliente, Santervás y Zayuelas. Ninguno de ellos tiene menos de 16 años.

La escuela se cerró «hace 32 años» y el presente por aquí no se pasea en carrito ni se desliza en tobogán, anda en garrocha o cachaba, como dicen en la zona, pero también en maquinaria agrícola.

«Siempre se ha vivido del campo y los que quedan siguen viviendo de la agricultura». Con dos décadas a sus espaldas como alcalde, Manuel Gómez Encabo, agricultor hoy jubilado, encara el día municipal con más voluntad y preocupación que optimismo: «Esto se muere. Es que no hay gente joven… No hay relevo en nada. Los políticos están alejados de la realidad». Cuatro frases lapidarias a las que quiere limar aspereza con información en positivo: los últimos empadronados, un matrimonio mayor de Barcelona que se ha establecido en el cercano Fuencaliente; un bautizo en agosto («la abuela es de aquí y les hace ilusión”); y el movimiento que, asegura, tiene el bar del pueblo algunas horas.

Camino del bar, en un patio con más geranios que vecinos hemos visto hasta el momento encontramos a Juliana Antón Vicente (78 años), su hermana Purificación (84) y el marido de ésta, Eladio (88), a quien su cuñada corta el pelo. La maestra que fue Juliana no necesita encerado para describir el escenario. «Lo he contado esta misma mañana. Hay 13 casas viviendo una persona sola de 85 a 89 años». Podría ser uno de los muchos jóvenes que hoy se van de Soria a buscarse la vida fuera, solo que ella lo hizo hace décadas. Juliana regresó tras quedarse viuda. «Hay mucha unión, sí, pero no hay comercio. Vienen camiones, pero ¿qué pasará el día en que quedemos 4?». Una furgoneta reparte pan cada día; el miércoles le toca a la carne («de Huerta del Rey»); el jueves acude el pescado «y el viernes, otro carnicero». La fruta, el jueves.

El solecillo se cuela en la casa de Bienvenido Lucas Sierra. Cien años ejerciendo de vecino y con buena salud. Sus tres hijos, todos en Madrid, tornan al pueblo cada cierto tiempo a cuidarle. «No había trabajo entonces y tampoco lo hay ahora… quitando el campo, claro», cuenta su hija Maite. No se ve a nadie entrar a la Rural ni «a la Duero», como siguen llamando a EspañaDuero, pero «las dos marchan», enfatiza el responsable municipal explicando por qué en Fuentearmegil hay dos entidades: «Aquí fluyen muchos pueblos de la zona. El Burgo y San Esteban está lejos y nosotros tenemos dos cajas». Damos fe de ello y de lo atípico del municipio.

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Ernesto Cabrerizo Cabrerizo, de 36 años, encarna la juventud. De momento. Al frente del bar desde hace cuatro años, apostó por trabajar en su pueblo pero no se ve viviendo en él dentro de diez años. Parte de culpa puede que tenga Mateo (sin dientes aún), junto a su madre, Cristina, al otro lado de la barra (ambos empadronados en El Burgo, que les ha regalado 300 euros por el nacimiento). Hasta que llegue el futuro su padre seguirá insuflando presente a Fuentearmegil.