CLUB DE PRENSA EL MUNDO / EL JUEZ A JUICIO
Vázquez Taín: «Da igual cómo se llamen los nacionalismos, son un atraso»
Lago destaca el lado humano del togado que inició la lucha contra el tráfico de droga en Villagarcía de Arosa

El presidente de la Diputación, Jesús Julio Carnero, el juez José Antonio Vázquez Taín y el director de EL MUNDO DE CASTILLA Y LEÓN, Pablo Lago, durante la presentación del libro.-J.M. LOSTAU
La editorial le encargó que seleccionase un puñado de juicios famosos, a su criterio, y que los comentase para elaborar un nuevo volumen. Cuando quiso darse cuenta, el juez José Antonio Vázquez Taín había inventado una nueva asignatura, algo así como una ‘antropología jurídica’ –como quizá la habrían denominado los protagonistas de El Péndulo de Foucault que de cuando en cuando veces menciona–. Una disciplina que profundiza en la naturaleza humana y en la evolución de las leyes que ésta inventó para gobernarse. Y con ello, ‘nada’ en los procesos con los que intentaron hacerlas cumplir.
Taín presentó ayer, en el salón de actos del Museo del Vino, en las instalaciones del emblemático Castillo de Peñafiel, el resultado de tanta inmersión. Se trata de su quinto libro, Grandes juicios de la Historia, que recorre desde el proceso que protagonizó Jesucristo hasta el de O.J. Simpson. Le acompañaron en el acto el presidente de la Diputación de Valladolid, Jesús Julio Carnero y el director de EL MUNDO DE CASTILLA Y LEÓN, Pablo Lago.
Sin haberlo pretendido, el autor de La leyenda del santo oculto (2013); Al infierno se llega deprisa (2014); Matar no es fácil (2015) y El mar sin fondo (2016), ha descubierto en su nueva obra que la ‘posverdad’ no es un concepto que se haya inventado ahora, en el siglo XXI, con los populismos y el auge de las redes sociales, sino que viene haciendo estragos desde la antigüedad. También se repiten en la historia los errores de ideologías que están creciendo en Europa: «Da igual cómo se llamen los nacionalismos, son un atraso», dijo.
Muchos episodios de la Historia están teñidos de esa ‘posverdad’ milenaria, y Taín los desgrana en las páginas de su nueva obra. En ellas se habla de un Jesucristo jurista; de la primera trama de corrupción, documentada en el antiguo Egipto; de las ‘bondades’ de la Santa Inquisición o de un Sócrates que podría ser buen filósofo, pero seguramente era una mala persona. Todo lo contrario de lo que la mayoría de los ciudadanos tiene asimilado como verdades absolutas.
«Hace un momento que me han llamado y me han dicho que ya se llegan en la tercera edición», celebró el juez al inicio de su intervención. Un gran logro para un volumen recién salido al mercado.
Lago, por su parte, destacó los valores humanos del juez Taín, del que subrayó la labor que realizó en Villagarcía de Arosa. «Ahora está de moda la serie Fariña, y los Charlines y los Oubiña, pero quien comenzó toda esa labor fue este juez que tenemos aquí», subrayó. También puso en valor las épocas de persecución sufridas por el juez, que soportó sombríos episodios como el intento de atentado con ácido a su hijo, o la tentativa que hicieron las redes de narcotraficantes para implicarle colocando estupefacientes en su domicilio.
«Taín además es el juez que ha resuelto casos como el del Códice Calixtino, el de la niña Absunta, el del accidente del AVE de Angrois...», recordó Lago. «Lo bueno es que sale de la sala de vistas no para hablar, sino para escuchar a la gente». Para remarcar sus palabras, Lago recordó anécdotas como la que vivió junto a él en la presentación de otro de sus libros, cuando se acercó a él un ex presidiario que había permanecido una década en la cárcel por una de sus sentencias. «Vengo a agradecer el trato tan humano que me dio», le dijo el hombre. Se había acercado a que le firmara uno de sus ejemplares.
Versiones
El magistrado explicó a los presentes en el salón de actos del Museo del Vino alguno de los juicios y los personajes estudiados en su libro, para demostrar cuán diferente es la versión que conocemos de la realidad de los hechos que se desprende a través de los procesos si se ponen bajo la lupa.
Así, presentó a un Jesucristo experto en esas leyes en las que vive inmerso el pueblo judío. Las discutía con los rabinos, las debatía con el Sandedrín y, sin embargo, calló «de tanto que las respetaba», aseguró, cuando fue él al que se juzgaba. «Fue un revolucionario que no luchaba por cambiar la norma, sino porque se aplicara de otra manera, teniendo en cuenta la máxima de amar al prójimo como a uno mismo».
Y es que el juez es un convencido de la importancia del papel de los jueces en la aplicación de las leyes. Un papel muy importante: «los jueces no son ni mejores ni peores que la sociedad para la que trabajan», aseguró.
El juicio de los Templarios es otro proceso histórico que pone sobre el tapete. El rey de Francia, que temía perder poder frente a la riqueza de la orden, extendió una mentira que caló en la sociedad de la época y pudo disolverla en un juicio público.
Casos como el de Hitler y los juicios de Núremberg son ‘la guinda’ de un libro que desvela muchos interrogantes. Igual que ahora los nacionalistas plantean sus derechos a tribunales internacionales, Hitler demandó a un americano que había traducido Mi Lucha de forma íntegra, tachándolo de racista. El tribunal dio la razón a Hitler, por su derecho al honor. «Un mes después invadió Polonia».
Caso aparte fueron los juicios deNúremberg. «No existían leyes para juzgar lo que había pasado con el Nazismo», explicó Taín. «No se conocía el genocidio. Por eso el tribunal apeló al Derecho Natural».
La inquisición era buena, pero la reforma tenía la imprenta
El lector va sorpresa tras sorpresa cuando avanza en las páginas de Grandes juicios de la Historia. Descubre, por ejemplo, que la Inquisición, ese tribunal que el saber popular considera casi demoníaco, en realidad era el menos malo de los tribunales que existían en la época. «Limitó, por ejemplo, el tiempo que se podía practicar la tortura en un acusado», explicó Taín. «Hay que tener en cuenta que en aquellos tiempos todos los tribunales utilizaban la tortura. No fue hasta Beccaria, en el siglo XVIII, cuando se planteó suprimirla».
¿Por qué, entonces, se extendió la idea de la inhumanidad de la inquisición? Porque los inventores de la imprenta fueron los protestantes. «Se encargaron de divulgar una imagen negativa y equivocada del Santo Oficio que terminaron por creerse incluso los habitantes de los países católicos», señaló el juez.
Una idea equivocada como la de Galileo Galilei. «Todo el mundo cree que fue condenado a la hoguera, pero lo cierto es que murió en su casa, viejo y rico». Y es que Galileo hizo del mecenazgo –«palabra usada en la época para referirse a lo que en realidad era un ‘enchufe’»–, una virtud. «Fue un gran científico, pero también metió la pata, pues llegó a calcular el tamaño del infierno», aseguró Taín. Los dueños de la imprenta se encargaron de hacer creer que se había condenado a Galilei, y silenciaron que quien postuló primero el heliocentrismo fue Copérnico, un sacerdote católico.