Diario de Valladolid

El «regalo» de una nueva vida

La Asociación de Trasplantados de Corazón rinde un homenaje a los profesionales del único centro regional autorizado para realizar este tipo de intervención, el Hospital Clínico

El cirujano Ramón Echevarría, el presidente de la Asociación de Trasplantados, Emilio Bautista, y el cardiólogo Javier López.-M.Á. SANTOS (PHOTOGENIC)

El cirujano Ramón Echevarría, el presidente de la Asociación de Trasplantados, Emilio Bautista, y el cardiólogo Javier López.-M.Á. SANTOS (PHOTOGENIC)

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Elsa Ortiz

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Los pasillos de la séptima planta del Hospital Clínico de Valladolid fueron testigos ayer de la más cálida discusión sobre veteranía. «¡Yo soy el más joven, solo tengo 11 años!». Se escuchaba entre bromas, risas y abrazos de reencuentro.

José Luis, Jesús, Pedro o Pablo ya no soplan las velas de la tarta el día que dicta su carné de identidad. Su nuevo cumpleaños lo marcó en el calendario una llamada tan inesperada como deseada que les cambió la vida. Más bien, se la devolvió.

La Asociación de Trasplantados de Corazón de Castilla y León quiso rendir un homenaje «a quienes hicieron posible nuestro sueño más grande: volver a vivir», rezaba el manifiesto que leyeron en un sencillo acto en el que la palabra gracias se convirtió en su gran protagonista.

José Luis Alonso se remontó a febrero de 1984, cuando sufrió un infarto de miocardio que desembocó en un arduo itinerario con varios episodios de muerte súbita. «Hace nueve años fui operado y actualmente camino una media de ocho kilómetros diarios. Llevo 3.467 días más de regalo de vida», aseguró el leonés.

La historia de Jesús Fernández empezó en 2002 con una deficiencia que, en principio, requirió marcapasos y desfibriladores. «Tenía un corazón que no me cabía en el pecho. Una crisis importante me llevó a estar mes y medio en coma inducido. Tras otros seis en lista de espera, la primera oportunidad falló. Pero apareció una segunda, con un corazón que era al 90% compatible», explicó el burgalés.

Isidro de la Viuda está próximo a alcanzar la mayoría de edad como un paciente de alta prioridad. «Durante una prueba médica se me paró el corazón; de repente, me convertí en urgencia cero», concretó, recordando que «tres días después» llegó su nuevo órgano.

A los seis meses de ser intervenido por estar «por debajo del 30% de su capacidad», Pablo Sanz sufrió un rechazo. «Yo no noté nada. Lo vieron en una de las biopsias rutinarias y se solucionó con medicación en vena», matizó.

Experiencias como estas nutrieron el homenaje rendido ayer a los profesionales del Clínico, el único de la Comunidad que está autorizado para realizar este tipo de intervenciones quirúrgicas. «Es preciso resaltar la osadía que tuvo Christian Barnard hace medio siglo al manipular por primera vez un corazón. Osadía que se ha extendido a todos los que hoy continuáis regalando vida a nuestros años», manifestó Emilio Bautista, presidente de la Asociación de Trasplantados regional. Conocedor en primera persona de sus palabras, definió esta operación, a la que fue sometido hace 18 años, como «una especie de crisol en la que se enciende una moneda de dos caras, donante y profesional, con un único valor: la vida».

El cirujano Ramón Echevarría hizo un repaso histórico a una práctica médica que se inició el 3 de diciembre de 1967 y que al hospital vallisoletano llegó en 2001, tras once años de esfuerzo hasta lograr implantar el programa de trasplante cardiaco. Aunque son muchos los pacientes que pasan por sus manos, quiso compartir un recuerdo con nombre de mujer. «Carmen fue un caso que me costó mucho. Era amiga mía y viví con ella todo el proceso, compartiendo la angustia y la incertidumbre de la espera».

Después de cerca de 140 intervenciones de este tipo, el cardiólogo Javier López garantizó que mantienen «desde el principio la filosofía y la ilusión en las que se involucra todo el hospital». Aseguró que un trasplante «es muy diferente a todo lo demás que hacemos. Cuando el corazón empieza a latir, por muchas operaciones que lleves, el tuyo también da un vuelco. Es indescriptible».

Ambos doctores, en consonancia con el Clínico Universitario, apuestan por dar continuidad a los trasplantes y a la vida que regalan.

«Me gustaría que la gente donase más»

El próximo mes de enero, concretamente el día 26, cumple 15 años. En realidad tiene 74, pero en 2003 volvió a nacer. Y lo hizo en el regazo del Clínico Universitario. Fue la primera mujer trasplantada del hospital vallisoletano dos años después de comenzar su programa en este tipo de operación quirúrgica.

A Matilde Dieguez aun se le iluminan los ojos y se le enciende la sonrisa cuando rememora la andadura de los últimos 15 años, de su nueva vida. La valentía se refleja en los recuerdos de lo que considera una «experiencia que, a pesar de ser un poco dura, ha sido muy bonita».

Y precisamente así, como voz de la experiencia, tiene una petición de cara a las Navidades que extiende al resto de los 365 días del año: «Me gustaría que la gente donase más. Pues es algo muy importante», aseveró.

‘Síndrome de Duchenne’. Esos son el nombre y el apellido de la distrofia muscular que hacía que el corazón de Matilde «fuese más grande de lo normal». Identificado el problema, comenzó la larga espera que desembocó en una intervención custodiada por sus múltiples revisiones. Un trayecto que sigue recorriendo con «muchos nervios, pero sin miedo. Tampoco se lo tengo a los médicos», aseguró.

La primera mujer sometida a un trasplante cardiaco en el hospital de la ciudad del Pisuerga reconoció que es «un poco duro saber que tienes el corazón de otra persona».

Pero, sin duda alguna, Matilde comparte sentimientos con sus compañeros de experiencia y coincide con ellos en resaltar una palabra que sintetiza todas sus afecciones: agradecimiento. Agradecimiento a la persona que le devolvió la vida, a sus familiares y a los múltiples profesionales que lo hicieron posible.

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