Diario de Valladolid

El Museo Patio Herreriano dedica un ciclo al director húngaro Béla Tarr

'El hombre de Londres' y 'La condena' son las obras que pueden contemplarse en este certamen

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ICAL

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El Museo Patio Herreriano de Valladolid presentará el 3 y 4 de octubre un ciclo de cine dedicado a uno de los grandes maestros del cine europeo, el hungaro Béla Tarr. para quien “el cine es una especie de reacción frente a la vida". Serán dos de sus grandes obras -'El hombre de Londres (A Londoni férfi) 2007 y 'La condena'. Kárhozat (Damnation) 1988- las que podrán contempalrse en este certamen.

Béla Tarr, nacido en Hungría en 1955, es considerado por buena parte de la crítica internacional como uno de los cinco mejores directores de cine del mundo aún en actividad. Extraña paradoja para un artista que no se considera un cineasta: “No me llevo bien con los cineastas húngaros porque ellos son directores y yo no. Yo no sé lo que soy.”

En sus comienzos, el cine de Béla Tarr, un especialista en construir atmósferas oníricas de extensa duración, se inscribía en el género conocido como ficción documental. Este género incluía el uso de actores no profesionales, diálogos improvisados y el uso de la cámara en mano para retratar una realidad descarnada, claustrofóbica, en un contexto sociohistórico caracterizado por el denominado socialismo real.

La preocupación inicial de Béla Tarr por los problemas de las vinculaciones humanas en espacios reducidos, que ya aparecía en su primer largometraje de ficción documental 'Nido de familia', 1977, se ha ampliado, en la actualidad, hasta adquirir un carácter más general sobre la ontología del poder y la decadencia de las relaciones comunitarias a escala global, tal cuál se evidencia en su último largometraje conocido hasta la fecha, 'El hombre de Londres', 2007, pero que ya establecía sus pilares fundamentales en 1987 con 'La condena'.

Sin abandonar esta temática que subyace a toda su filmografía, el estilo visual y sonoro de Béla Tarr va adquiriendo un refinamiento formal, tanto en los aspectos compositivos como en la puesta en escena, cuya culminación y reconocimiento internacional llegaría con Armonías de Werckmeister en el año 2000.

Dicho estilo –alejado de cualquier intención alegórica o simbólica: las películas son siempre algo concreto, sólo pueden registrar cosas reales, afirma Béla Tarr–, sin embargo, reconoce ciertas constantes que han ido consolidando su sistema formal. Heredero de los grandes maestros de la cinematografía mundial, con nombres que van desde Antonioni, Bresson, Mizoguchi y Ozu, hasta Angelopoulos pasando por Tarkovskii y Jancsó, Béla Tarr se erige en la actualidad, junto a unos pocos cineastas más, como un artista superlativo dentro de un panorama global donde prevalece la frivolidad y la pobreza creativa. Vale la pena entonces conocerlo y comenzar a analizar su obra como corresponde.

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