Diario de Valladolid

Café de redacción

Jesús Julio Carnero: «Antes consensuaba por devoción y ahora también lo hago por obligación»

Presidente de la Diputación y secretario provincial del PP de Valladolid. Municipalista convencido y amante del diálogo, Jesús Julio Carnero se mantiene al frente de la principal ‘isla’ que le queda al PP en la provincia, tras la pérdida de poder sufrido por el partido en los últimos tres comicios. Afronta un tiempo de pactos, convencido de que el consenso debe ser consustancial a la política. Una costumbre que él ya practicaba aun con mayoría absoluta

Jesús Julio Carnero durante la entrevista.-Pablo Requejo

Jesús Julio Carnero durante la entrevista.-Pablo Requejo

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Pablo Lago / María R. Mayor / Santiago G. Del Campo
Valladolid

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PABLO LAGO.– Después de las elecciones generales se abre un panorama de incertidumbre en el país, y especialmente la incertidumbre de si el PP o Rajoy podrán gobernar. ¿Qué augura usted sobre lo que va a pasar de aquí a no mucho tiempo, cuando se celebre el primer intento de investidura?

JESÚS JULIO CARNERO.– Creo que es la primera vez en toda la historia de nuestra reciente democracia que, una vez constituido el Parlamento, no se sabe quién va a ser el presidente del Gobierno de España. Bien, yo no tengo ninguna bola mágica de cómo se vayan a producir los acontecimientos, pero creo que es importante que, en este momento de falta de certidumbre, haya sentido de la responsabilidad, que es, en este caso, tanto como sentido de la estabilidad.

Hoy por hoy sólo puede prestar esa estabilidad, como la ha venido prestando hasta ahora en aras de salir de la crisis económica que estamos padeciendo, el Partido Popular. El Gobierno que, ojalá, se conforme cuanto antes mejor, debe ser un gobierno en el cual esté al frente Mariano Rajoy.

P. L. – Pero a usted, ¿qué le dicta el instinto?

J. J. C.– Yo acabo de expresar mi deseo. En cuanto al instinto, puede ocurrir cualquier cosa. Desde ese deseo que yo he expresado, a cualquier otra circunstancia de composición variada, que arroje un gobierno de distinto color. Como la posibilidad, ojalá no ocurra, de que haya nuevas elecciones generales. El instinto a lo que me aboca en este momento es a que el panorama está tan abierto, que es muy difícil hacer un pronóstico de por dónde van a ir los tiros.

P. L.– ¿Y no opina que la única opción de que el PP pueda gobernar, tal como están de enconadas algunas posturas, es con la retirada, o el paso atrás, de Mariano Rajoy? Llegar a algún acuerdo, de otra forma, parece inviable...

J. J. C.– Estamos en un momento histórico. La necesidad de estabilidad, tanto por la crisis económica como por la crisis territorial, exige necesariamente muchísimas dosis de responsabilidad. En este momento hay tres partidos que pueden aportarla, de manera conjunta. Estoy hablando de Ciudadanos, del Partido Socialista Obrero Español y del Partido Popular.

En esa suma debe estar ese gobierno que dé respuesta a esta situación histórica. Y creo que eso debe dirigirlo Mariano Rajoy.

MARÍA R. MAYOR.– Dicen los medios que el Partido Popular estaría dispuesto a pactar reformas de la Constitución con el Partido Socialista. ¿Hasta dónde se podrían pactar esa reformas?

J. J. C.– Es importante que tengamos presente lo que tenemos delante de nuestros ojos. Es una situación política muy complicada, que nunca habíamos vivido, desde un punto de vista territorial. Y una situación económica en la que estábamos saliendo de una crisis, en un periodo de recuperación importante, fruto del esfuerzo que hemos hecho todos los españoles. Eso no lo podemos perder.

Yo no creo que en este momento lo importante sea reformar la Constitución, sino canalizar una respuesta adecuada, una solución al tema catalán y la salida de la crisis, desde la seriedad y la responsabilidad de las opciones políticas a las que me he referido.

M. R. M.– ¿Pero se puede reconducir el problema catalán sin una reforma constitucional?

J. J. C.– Yo creo que sí, que la solución al problema catalán está en la Constitución. Podemos avanzar, a posteriori, para adaptarla al momento histórico. Pero la respuesta está en la propia Constitución, la que nos dimos todos los españoles. La que establece en su Título VIII el Estado de las Autonomías. Eso ha tenido un desarrollo importante, no sólo para Cataluña, sino para cada uno de los territorios de España.

P. L.– La respuesta contundente también pasa por la política contundente, que es la que no ha hecho su partido durante cuatro años. ¿Dónde está la altura política de la Transición, de superar problemas?

J. J. C.– La suma de Ciudadanos, Partido Socialista y Partido Popular es la suma de la mayoría de los españoles, y en clave, como usted bien dice, de Transición. Demos esa respuesta contundente, política, entre todos los partidos, de ideologías dispares. Luego, abordemos, si es necesario, la reforma de la Constitución.

M. R. M.– ¿Pero usted cree que el problema catalán se resuelve con un Gobierno de coalición?

J. J. C.– Tiene solución a través de la suma de voluntades. No lo deben resolver sólo los catalanes, porque nos atañe a todos: a los castellanos, los murcianos, a los cántabros... además de a los catalanes.

SANTIAGO G. DEL CAMPO.– Una respuesta contundente como la reforma de la Ley Electoral, para eliminar la sobrerrepresentación de las autonomías catalana y vasca, parece que nunca se aborda. O la reforma de la política educativa, para que nuevas generaciones no terminen creyendo que su historia les separa del resto de España. ¿Medidas como éstas entran dentro de los planes?

J. J. C.– Toda reforma estructural importante, y reformar la LOREG (Ley Orgánica del Régimen Electoral General), a la que usted se refiere, lo es, exige necesariamente un consenso muy amplio. Eso lo aporta la suma de los tres partidos a los que me he referido. Lo que haya de hacerse, se tendrá que hacer. En todo caso, nadie puede olvidar que estamos en una legislatura complicadísima, desde el reparto de los propios escaños.

P. L.– Usted es el presidente de la Diputación y número dos del PP, secretario general, en Valladolid. Después de 20 años de un poder onmímodo del PP en Valladolid, ha ocurrido un ‘cataclismo’. Ustedes han perdido un enorme poder institucional en esta provincia: la Alcaldía de Valladolid; casi todos los principales ayuntamientos; gobierna el PSOE en localidades importantes como Tordesillas y Medina... Un varapalo tremendo. Usted es casi una isla en ese poder institucional del PP, y eso con un Gobierno en mayoría simple. ¿Es necesario un cambio de ciclo importante y trascendente en el PP? Cuando hablo de pérdida institucional hablo de todas las elecciones: autonómicas, municipales y generales, en las que han perdido un diputado en Valladolid. ¿Es necesario ese cambio de ciclo?

J. J. C.– Un comentario a esa realidad: en las elecciones autonómicas y municipales, así como nacionales, el Partido Popular es el partido ganador. Dicho eso, no implica que estemos satisfechos, porque los resultados no nos permiten gobernar en la mayoría de las instituciones. ¿Estamos abocados a un cambio? Yo creo que los cambios son siempre buenos, en muchos casos necesarios.

Puedo hablar en estos casos desde el ejemplo. En la propia Institución hemos procedido a una renovación profunda en la elección de los diputados provinciales, con caras nuevas, en muchos casos jóvenes. La política hay que entenderla desde el cambio, no desde la perpetuidad. Es además una demanda que nos están haciendo los ciudadanos. Creo en la renovación como instrumento generador de ilusión, de nuevas iniciativas, muy especialmente la faceta política. Por tanto, yo no uniría tanto los cambios a los posibles resultados que se hayan podido obtener en un proceso electoral, sino como algo necesario.

P. L.– Cuando hablo de un cambio de ciclo, no me refiero a que tenga que ser imperativamente generacional. No hay que cambiar por cambiar. Hay que contar con gente normal, con dosis de humildad, de trabajo y de sacrificio.

A menudo nos encontramos con gente joven que no tiene otro oficio que la política, ni piensa tenerlo. Y con gente de 50 ó 60 años que sigue trabajando de forma denodada por su ciudad, por su pueblo, como pasa en muchas alcaldías. Cuando hablo de ese cambio de ciclo, hablo de esa forma de posicionarse ante la vida y ante la política.

J. J. C.– Totalmente de acuerdo. La política es una misión al servicio de la comunidad. Gobernar es servir, y por tanto, sólo entiendo la política desde otra actividad u oficio profesional. El salto a la política tiene que ser durante un tiempo determinado para volver a tu situación de partida, a tu actividad ordinaria.

P. L.– Y además es exigible que la gente que cobra por estar en política, trabaje. No se pueden consentir casos que están ocurriendo en su Diputación, en el Ayuntamiento y en las Cortes de Castilla y León, donde hay personas que no tienen el detalle siquiera de pisar la institución, y cobran dedicaciones exclusivas por ello...

J. J. C.– Mire, también le digo que la política es una actividad nobilísima y encomiable. Es además sacrificada, aunque seguro que hay otras actividades en la vida mucho más sacrificadas. Yo no veo situaciones de ésas a las que usted se refiere. Yo lo que veo más son dedicaciones, si se me permite la expresión, ‘en cuerpo y alma’ a la política, al servicio de los vecinos, de los ciudadanos, al ámbito territorial que a uno le competa. Así entiendo la política, así la veo, y así la creo. Si no fuera así, yo no estaría.

M. R. M.– Eso que dice usted de la renovación es contradictorio con lo que está haciendo su partido. El presidente Herrera lleva un montón de años, aunque aboga por la renovación y la limitación de mandatos. Hay parlamentarios del PP en el Congreso que también llevan muchos años y no se les conoce otra ocupación que la de político...

J. J. C.– La conjunción de experiencia, de continuidad en el tiempo, más renovación, es lo que nos da un buen resultado. Así lo he trabajado en esta legislatura en la Diputación. No he renovado totalmente, ni he mantenido a muchos de los diputados que históricamente venían ejerciendo responsabilidades. He conjugado ambos aspectos, porque creo que eso da como resultado un buen gobierno. Creo que hay que hacerlo así. Es lo que siempre ha hecho el presidente Herrera, que tanto en la Junta como en el partido ha combinado siempre renovación y experiencia.

S. G. C.– Eso contrasta con la decisión de la Dirección provincial del partido con Medina del Campo, donde la renovación fue total y ha resultado catastrófica. ¿Cómo valora la situación en el sur?

J. C. C.– En Medina del Campo, como en el resto de municipios, a los candidatos les dejamos la posibilidad de hacer de forma autónoma las listas. Lo cierto es que la situación que tenemos allí es muy delicada, tanto desde el punto de vista del Grupo municipal, como desde la propia configuración de la gestora. Habrá que trabajar largo y tendido para encauzar de manera estable, tanto en el ámbito del partido como en el del Grupo municipal, quién haya de liderar la alternativa en Medina del Campo.

S. G. C. – Si allí no se ponen de acuerdo, ¿dará el aparato provincial del PP otro golpe en la mesa?

J. C. C.– Cuando hemos tratado aspectos relacionados con Medina, y en otras localidades de la misma manera, hemos buscado que las soluciones nazcan desde las propias juntas locales y desde los propios grupos municipales. Esperamos y deseamos, por lo menos a día de hoy, que la solución que se aporte al posible liderazgo en el Grupo Municipal de Medina del Campo sea fruto de una decisión de los concejales de dicho Grupo.

M. R. M. – Siguiendo con la renovación, ¿usted ya no repetiría en unas próximas elecciones? Llevan hablando en su partido durante años de la limitación de mandatos. ¿Cuándo lo van a hacer efectivo? ¿Usted lo va a hacer efectivo?

J. J. C.– Un periodo de ocho años al frente de una institución me parece un tiempo suficiente y razonable. Si Dios quiere, en el 2019, a buen seguro que estaré en situación de decirle lo mismo: que es un tiempo suficiente y razonable.

P. L.– Pero luego, siempre tienen ustedes la opción de decir: «Es que me lo pidió el partido, no me he podido negar».

J. J. C.– Mire, yo no sé lo que ocurrirá en 2019. No tengo la bola mágica de lo que vaya a ocurrir.

P. L.– Vamos a intentar acotar un poco más el terreno...

J. J. C.– Lo que quiera.

P. L.– Es que usted, que es un ávido lector de El Quijote, serpentea dialécticamente muy bien. Haya gobierno o haya elecciones próximamente, llegará un periodo de renovación orgánica en el PP. Si se sigue la norma, los congresos deberían llegar ya: primero el nacional; en mayo el congreso regional, y los congresos provinciales en junio. Sea en junio o cuando sea, ¿es usted la única alternativa para liderar el Partido Popular de Valladolid?

J. J. C.– En este momento yo no me atrevo a pronosticar cuándo serán los congresos. En todo caso, el Partido Popular de Valladolid tiene un gran presidente, que es Ramiro Ruiz Medrano. No sé cuál será la decisión que adopte, si continuará o no, pero estoy convencido de que hay un elenco amplísimo de personas que pueden ejercer las responsabilidades de presidente, de secretario, de la Dirección provincial.

El Partido Popular es un partido de equipos, no de personas. Cualquier integrante de ese equipo puede dar el salto al terreno de juego y empezar a jugar el partido que corresponda, cuando corresponda.

P. L.– Usted es concejal, pero sobre todo, es secretario general del PP en Valladolid. ¿Tienen ustedes claro ya cuál es la línea política que van a seguir en el Ayuntamiento? Después de tanta zozobra, de tanto cambio, de tanta incertidumbre; de decir que sí, que no y que quizá el mismo día ante lo mismo, ¿saben ustedes hacia dónde caminan, o todavía siguen nublados por el sobregolpe de después de 20 años de gobierno pasar a la oposición?

J. J. C.– Después de 20 años, nosotros nos vemos en una circunstancia ni querida ni esperada. Después de haber ganado de forma clara y contundente, no podemos gobernar, porque toda la izquierda se une en torno a otro proyecto.

Cuando uno pasa a la oposición después de 20 años, está en una situación de transitoriedad durante un tiempo. Pero en este momento yo veo al Grupo en clara coordinación, trabajando en hacer lo que nos corresponde, que es oposición, más cohesionado que nunca.

Nuestro deber como partido es recuperar el poder, en el Ayuntamiento de Valladolid, en beneficio de los ciudadanos de Valladolid, y recuperarlo en todos aquellos municipios donde lo hemos perdido, para establecer verdaderas políticas de progreso, que son las que aplica el Partido Popular. En las generales hemos ganado en 208 municipios de la provincia. El resultado en Medina del Campo, por ejemplo, es importantísimo, contundente, y así se han manifestado los vecinos de los municipios de Valladolid.

M. R. R.– Esa labor coordinada de oposición que dice usted que están haciendo en el Ayuntamiento, no se les luce.

J. J. C.– Insisto: 20 años de gobierno del PP, comparado con seis meses... En el momento que se producen los resultados no queridos, ni esperados, ni lógicos, entramos una situación de cierta zozobra, de inestabilidad. Yo creo que eso se ha ido recomponiendo, que se va conformando, ahormando.

P. L.– ¿Cómo valora el Gobierno municipal de Valladolid? ¿Piensa usted, como dijo el presidente de su Grupo en una entrevista en La Quinta Esquina, que Óscar Puente es el alcalde virtual y el alcalde real es Manuel Saravia?

J. J. C.– De la misma manera que lo digo para la oposición, lo digo para el Gobierno municipal. Hay que dar tiempo al tiempo. Pero proyectos nuevos no hay, y los que había están parados. Esa es la percepción de la situación en el Ayuntamiento. Hoy por hoy, lo que veo es una parálisis importante en la ciudad de Valladolid, lo cual me da mucha pena. Por otra parte, no voy a entrar en alcaldes virtuales, ni alcaldes reales, ni alcaldes ficticios.

P. L.– Después de este periodo de adaptación, de experimentación, que es normal, dice usted... Sobre la zozobra, la incertidumbre, la invisibilidad, a veces, ¿van a hacer ustedes una reorganización nueva del Grupo, vista la experiencia?

J. J. C.– El Grupo, necesariamente, como todos, tiene que ir redefiniéndose y orientándose, redirigiéndose... Pero que haya que hacer una nueva estructura, yo no lo veo.

P. L.– ¿Quién lidera ese grupo?

J. J. C.– Su presidente, José Antonio Martínez Bermejo, y además, a mi juicio, de manera positiva. Y junto al presidente hay un portavoz, que es Jesús Enríquez Tauler, que tiene una amplísima experiencia en este Ayuntamiento.

El Partido Popular es un partido muy abierto. Su ideología es fruto de muchos pensamientos y muchas maneras de ver cómo se resuelven los problemas de la sociedad. Eso también tiene reflejo en el Grupo. Pero, no dándose ese pensamiento único, del cual huyo –y a mí me pone los pelos de punta–, es un equipo coordinado. Coordinado y dirigido, insisto, por José Antonio Martínez Bermejo, que es el presidente.

M. R. M.– Después del informe del secretario, ¿da por cerrado el episodio de los sueldos?

J. J. C.– No voy a perder ni un minuto hablando de ello. Yo soy concejal y diputado provincial, y a lo que me debo es a ese servicio en beneficio de los vecinos de Valladolid y los de la provincia. Sobre la legalidad de los sueldos, una vez acuerde el Pleno lo que acuerde, se tendrán que pronunciar los órganos correspondientes. Nosotros tenemos interpuesto un recurso de reposición.

P. L.– En estos seis meses parece que la actividad política municipal se ha limitado a la reyerta de los sueldos, lo que transmite muy mala sensación a los ciudadanos. Una reyerta de todos: del PP, del PSOE, y de todo el mundo. Da la impresión de que sólo se está en política por un sueldo. Estamos hablando también de convicciones de partidos como Izquierda Unida en el formato Toma la Palabra, o Podemos, que pusieron como eje de su campaña algo que luego no se lo han aplicado. En la Diputación hay un concejal que cobra sesenta y pico mil euros... ¿A usted qué le parece eso?

J. J. C.– La obligación que tenemos los responsables públicos es dedicarnos a trabajar. Y cuando hablamos de los sueldos, no estamos trabajando. En relación a esos partidos políticos que llevaban en sus programas lo que llevaban, y luego no lo han llevado a efecto, mejor pregúntele a ellos.

P. L.– Es cierto que el Gobierno del PSOE en esta ciudad no ha presentado proyectos nuevos. Ha tenido situaciones que además no ha podido solventar, como el tema de las motos de Pingüinos, con una alternativa que no ha salido nada bien, pero con la que se ha mantenido la fiesta motera. El paso de la Pilarica, que no se dio ni la solución prometida, ni ninguna solución, ahí está. Pero da la sensación de que la única preocupación de su partido ha sido torpedear al alcalde a través también de los sueldos. Está hablando de la parálisis del Ayuntamiento, pero en su partido no he visto propuestas ni alternativas a nada.

J. J. C.– Perdone, pero quien tiene que gobernar es el Gobierno. Nosotros tenemos que hacer oposición. Veo mi ciudad, en una fase de parálisis, y me da mucha pena, qué quiere que le diga. Ahora bien, insisto, sólo llevamos medio año, hay que dar tiempo al tiempo.

Sobre la fiesta motera, y de Pingüinos, yo creo que es encomiable la actitud del Gobierno municipal en aras a mantenerlo. Quiero ponerlo en valor. Luego los resultados han sido los que todos conocemos, que creo que no podemos estar satisfechos nadie.

Nosotros este fin de semana tenemos prevista la visita a Nava del Rey de 25.000 personas, con el Campeonato Nacional de Galgos y habrá 10.000 personas previsiblemente en Motauros, en Tordesillas. Ha habido 6.000 moteros, o 6.500, en la Ciudad de Valladolid. Todo suma, todo es importante. Lo importante es que vengan, nos conozcan, porque repetirán.

¿Cuáles son los costes en un ámbito y en otro y cómo va a redundar en beneficio de una comarca como pueda ser el Campeonato Nacional de Galgos en Nava? Hemos conocido que el coste para el Ayuntamiento de Nava del Rey está en torno a los 5.000 euros. Me parece que es un dinero muy bien gastado para lo que va a reportar, 25.000 personas en toda la comarca.

P. L.– Es usted, insisto, una isla en el poder institucional del PP en Valladolid...

J. J. C.– Perdone que le interrumpa: gobernamos en 153 de los 225 ayuntamientos de la provincia, y en 14 de las 21 mancomunidades. El Partido Popular sigue siendo el partido no sólo más votado, sino el que gobierna en más instituciones en esta provincia.

P. L.– Es cierto que en la Diputación gobiernan, pero no con la mayoría absoluta que han tenido durante muchos años. Supongo que la necesidad de llegar a acuerdos para usted no es un problema. Lo ha demostrado en los cuatro años anteriores, pues teniendo una mayoría aplastante, no ha aplicado el rodillo, sino que ha buscado el consenso.

J. J. C.– Es que yo en el diálogo creo. La única manera de estar en política es desde el consenso y desde el diálogo. La política es una cuestión de suma de voluntades, por eso hablaba de que es importante lo que seamos capaces de hacer el PSOE, el PP y Ciudadanos. Pero no creo que el consenso y el diálogo sean un fin en sí mismos. Son instrumentos. Lo importante es lo que procuran, que es lo que construyes. La política es el arte de construir, de avanzar, de generar nuevas situaciones y nuevos espacios beneficiosos para los ciudadanos.

Y eso yo lo he aplicado desde una mayoría tan absoluta como teníamos en la anterior legislatura, 17 diputados, y lo hacía por devoción, si se me permite la expresión. Ahora lo tengo que hacer también por obligación.

Nosotros hablamos del reglamento de organización y de los sueldos en su momento, y lo aprobamos casi por unanimidad. Pero mucho más importante que eso, es que el presupuesto del año 2016 lo hemos aprobado, y 48 horas antes de las elecciones generales. El viernes inmediato, y casi por unanimidad. De 27 diputados ha sido aprobado por 26, sólo con el voto en contra de Sí Se Puede.

P. L.– Ha visto que se pueden explorar diálogos con Ciudadanos, con el PSOE, con IU no es de ahora, sino del mandato anterior... ¿Con Podemos, según su experiencia, se puede explorar el diálogo?

J. J. C.– Se puede con cualquier persona y con cualquier partido. Ha habido proposiciones que hemos sacado todos los grupos adelante, de forma consensuada, de forma unánime. También proposiciones que ha planteado el diputado de Sí Se Puede. Yo valoro muy positivamente la actitud de los distintos grupos en la Diputación de cara a ese consenso y a ese diálogo. Muy especialmente, la actitud de colaboración que está llevando a cabo Ciudadanos, en aras a esas políticas que permiten seguir avanzando.

P. L.– Hablo de Podemos porque en la investidura su discurso fue de una rotundidad tremenda contra la Institución. Dijo que era una institución clientelista, medieval, corrupta, decimonónica... Podría seguir enumerando un montón de descalificaciones que usó el portavoz, pese a que participa en la Institución. Una cuestión contradictoria, como le pasa a independentistas que se refugian en las instituciones para cobrar suculentos sueldos.

¿Ha visto usted un cambio de actitud, incluso en Ciudadanos, que tampoco creía en las diputaciones, sobre la importancia que tienen en provincias como Valladolid, con más de 200 pueblos?

J. J. C.– En relación a Sí Se Puede, no lo sé. Yo espero que haya cambiado de punto de vista, porque va conociendo la Institución. En cuanto a Ciudadanos, dialogamos mucho más. Yo creo que la diputada, Pilar Vicente, una persona muy sensata y muy responsable, está viendo de primera mano el día a día de lo que hacemos, cómo lo hacemos, y por qué lo hacemos.

En esencia somos municipios. Y ese municipalismo tiene que estar asistido por una institución del calado, de la entidad de las diputaciones provinciales. Yo creo, quiero pensar, que ella va teniendo otra concepción. Además, no tiene nada que ver una diputación de una provincia como pueda ser Valladolid, a como pueda ser en Gerona.

M. R. M.– En una Diputación siempre parece más fácil llegar a un consenso que en otros órganos, como el Congreso o un ayuntamiento, que está más en cuestiones de gestión del día a día, ¿no?

J. J. C.– Las instituciones las conforman las personas. Es una cuestión de voluntades. No hubo mayor experiencia de consenso que la que nos aportó la Transición en España. ¿Y no veníamos de donde veníamos, de una guerra civil y de una dictadura? ¿Y no fuimos capaces de ponernos en una mesa y llegar a acuerdos solventes y duraderos? ¿No nos dimos una Constitución, y la consensuamos todos los españoles y estábamos todos de acuerdo?

Eso fue fruto de la voluntad de una serie de partidos políticos, detrás de los cuales hay personas. Eso que se dice de que «consensuar en la Diputación es muy fácil», pues no. Yo dejo muchos pelos en la gatera cada vez que me toca consensuar en la Diputación Provincial. Pero los dejo en aras a la suma de voluntades, para construir. Se construye mejor entre todos que uno solo. Eso, o lo hacemos ahora todos los españoles, o nos va a ir muy mal.

S. G. C.– Dice usted que las instituciones las forman las personas que hay detrás. Estamos todavía al inicio de la Legislatura, al fin y al cabo. Por delante quedan muchos acuerdos que adoptar. Toca tener buena sintonía. ¿Qué valora y qué demanda de cada portavoz de grupo en la Diputación?

J. J. C.– Yo tengo con ellos una relación cordial, una relación que valoro de forma muy positiva. Por ejemplo, hay un portavoz como es Salvador Arpa, que tiene un sentido de lo que es la Institución, y de cómo han de llevarse a cabo las cosas, que muchas veces me quito el sombrero, y no tengo nada que ver yo con Valladolid Toma la Palabra, ni tiene él nada que ver con el Partido Popular, pero es la realidad... Es un conocedor de la Institución importante.

Pilar Vicente, lo acabo de decir, ha pulsado la Institución muy rápidamente. Es una trabajadora estajanovista, sin lugar a dudas. Y del resto de los portavoces podría decir cosas parecidas. Yo creo que todos estamos trabajando en aras a la obligación que nos han mandatado los ciudadanos.

S. G. C.– Parecía que la portavoz socialista, Teresa López, podía ser para usted un hueso duro de roer, y sin embargo se han puesto rápidamente de acuerdo para asuntos de calado, como sacar adelante el proyecto de Meseta Sport...

J. J. C.– La relación con Teresa López es una relación contundente, muy positiva, como antes lo fue con Juanjo Zancada. Creo que los portavoces siempre tratan, cada uno desde su postura, lo mejor para los ciudadanos de la provincia.

En cuanto a Meseta Sport, ahora estamos en el trámite de declaraciones de impacto ambiental, etcétera. Yo creo que en torno a finales de este año podremos estar licitando el proyecto, una vez que hayamos desbrozado todo el papeleo.

S. G. C.– El dolor de cabeza de Meseta Sport, ¿es la peor herencia que ha recibido Jesús Julio Carnero de anteriores legislaturas?

J. J. C.– No. Había que darle continuidad al proyecto que venía realizando la Institución, viniera del ámbito que viniera. Meseta Ski nace con una idea, que es contribuir al desarrollo económico y social de la zona sur de Valladolid. Como así han venido haciendo los distintos centros turísticos de la provincia. Los tribunales señalan que eso no está materializado de forma correcta, y por eso estamos reconvirtiendo Meseta Ski en Meseta Sport. Vamos a ver si somos capaces de sacar adelante el proyecto, de cara a que beneficie a los ciudadanos de la zona sur, desde el punto de vista económico y social.

P. L.– ¿Por qué han cercenado ustedes uno de los proyectos estrella de campaña, como era el centro de interpretación de los castillos, para reconvertir en algo útil lo que fueron Las Cortes de Fuensaldaña?

J. J. C.– ¿Cercenado?, no. Aquello del ‘Castillo de los castillos’ es un proyecto que pondremos en marcha en el año 17. Tenemos redactado lo que tiene que ver con el continente, de la reforma del castillo, y estamos en fase de redacción de los aspectos referentes al contenido. Cuando tengamos el proyecto, yo preveo que en 2017 acometeremos las actuaciones, para ponerlo en marcha ese mismo año. Hay una cuestión importante, que es el poderoso don dinero: había una serie de prioridades.

Es un proyecto importante, muy bonito, porque estamos en una tierra con muchos adjetivos: el vino, el teatro, la Semana Santa... Pero si tiene un adjetivo claro, claro, es que somos la provincia de los castillos.

P. L. – Valladolid, aunque no lo sea de derecho, es, de hecho, la capital de esta Comunidad. Bien es cierto que en la cuestión económica e industrial, es privilegiada, seguramente con Palencia y Burgos. Ahí están empresas como Michelín, como Renault, con la cantidad de empleo que aportan. A ese eje industrial hay que añadir un eje agroalimentario fundamental, que es la Ribera del Duero, un tesoro para Valladolid, con la riqueza que genera, con algunas de las mejores bodegas del planeta.

Pero es cierto también que esa sensación de bonanza económica que debería ofrecer, no la perciben los agentes sociales. ¿Hacia dónde debe caminar el proceso de desarrollo en Valladolid?

J. J. C.– Las medias en crecimiento, en tasa de paro, son mejores en la provincia de Valladolid que en la media del conjunto nacional. No debemos abandonar esa política industrial, porque ya forma parte de la esencia de lo que somos, con ese conglomerado de grandes empresas, pero lo que es más importante, el conglomerado de pequeñas y medianas empresas que están, de forma satelital, en torno a ellas.

Por otro lado, la provincia es eminentemente agrícola. Una agricultura que no es sólo tradicional, sino que es transformativa en productos agroalimentarios. Esos productos hablan de calidad, y no son deslocalizables. Esos dos aspectos los tenemos que aprovechar.

Tenemos que aprovechar un doble frente, teniendo en cuenta el sector turístico, por lo que aporta al Producto Interior Bruto. Nosotros tenemos una parte fundamental del sector turístico, vía enología y gastronomía, que pueden aportar tanto desde un punto de vista turístico como agroalimentario en sentido estricto. Tenemos algunas ‘joyas de la corona’, como el sector enológico.

Tiene que servir de arrastre de los otros productos agroalimentarios de Valladolid. Yo creo que tenemos un futuro totalmente halagüeño. Por eso, desde la Diputación vamos a poner en marcha este año un proyecto de promoción de los productos agroalimentarios de la provincia.

P. L.– La Feria de Valladolid, que tuvo un auge importante hace años, ha entrado en un proceso de decadencia. Faltan ideas, imaginación, y seguramente esfuerzo y dedicación. ¿Van a intentar impulsarla, ya que son partícipes de esa Feria, como lo es la Cámara de Comercio y el Ayuntamiento? Se ha convertido al final, casi, en una feria del comercio de segunda mano. ¿Qué van a hacer ustedes con ese mausoleo?

J. J. C.– La idea de las ferias está ya periclitada, desde el punto y hora que todos tenemos la feria en nuestros teléfonos. Por eso, yo creo que debe ir hacia la especialización más absoluta. Cuanto en un sector seamos capaces de darle un sesgo más especializado, más garantía de éxitos podemos tener. Desde la Cámara de Comercio se está trabajando mucho y bien, año tras año, para ver cómo dar con una feria más especializada.

En segundo lugar tenemos un ámbito muy importante a desarrollar, que es unir la Feria con el famoso Palacio de Congresos. Cuando se pueda abordar, yo creo que será muy importante para darle también sostenibilidad a la propia Institución ferial.

P. L. – Por ejemplo Alimentaria, que se celebra cada dos años en Valladolid, en una provincia con una industria alimentaria potentísima, en una Comunidad que somos la despensa de Europa... Fue absolutamente ridículo y esperpéntico la última edición. Menos mal que la Diputación se puso allí, que ocupaba media feria. Si hablamos de especialización, entiendo que uno de los sectores donde debería especializarse es precisamente en éste. Fue un doloroso espectáculo, simplemente porque desde la Feria no se toman iniciativas. Además , el recinto ferial está peleado con media Comunidad, y con la otra media no se habla.

J. J. C.– Yo Alimentaria me lo creo. La Diputación apuesta por ella. Yo creo que es importante que la Junta de Castilla y León vuelva a estar presente, y a tirar del carro de ese certamen.

P. L.– Pero para eso, hay que hacer una propuesta a la Junta...

J. J. C.– Yo no sé si se le ha hecho esa propuesta, pero sí le digo que es importante.

S. G. C. – La Diputación abandera el Plan Impulso. ¿Cuál es el reto, cuánto se ha conseguido en datos concretos?

J. J. C.– Si estamos satisfechos de un proyecto, ése es el Plan Impulso, dedicado al empleo. La Diputación no tiene competencias en materia de empleo, pero en esta coyuntura, estaba obligada a trabajar en él. Y de ahí nace, con un plan abierto, que construimos con las distintas entidades e instituciones: Cámara de Comercio, Iberaval, Confederación Vallisoletana de Empresarios, Asociación de Trabajadores Autónomos, Secot, etcétera, a partir de enero de 2013.

Estamos actuando en el ámbito de las ayudas directas, en el ámbito de la formación, de la internacionalización, de la innovación y de la financiación.

Hoy por hoy, los resultados, y el plan impulso contribuye a eso, desde enero de 2013 hasta este momento, son muy positivos. El paro en la provincia está en torno a los 42.800 personas, y en ese periodo de tiempo más de 10.200 han encontrado trabajo en la provincia de Valladolid, con una bajada del 19% del desempleo. Estoy convencido de que el Plan Impulso ha contribuido a ello.

La estrategia va dirigida a los autónomos y los emprendedores. Está teniendo mucha importancia en el medio rural, porque hay mucha gente que se está enganchando al empleo con el bar, con la pequeña autoescuela, con la pequeña academia, con miles de actividades. Va dirigida a todos los municipios de la provincia a excepción de Valladolid, Laguna de Duero y Medina del Campo. Por tanto, trabaja en un ámbito mucho más complicado de lo que pueda ser un ámbito urbano o periurbano de la provincia.

¿Cuál es el futuro inmediato? Nosotros vamos a presentar en breve un plan de empleo de mujer rural, porque entendemos que es un ámbito de actuación fundamental en nuestra provincia en un doble sentido: en primer lugar, el propio del desempleo femenino, y luego por algo tremendamente importante, y es que la mujer, y a nadie se le puede escapar, en el ámbito rural asienta población.

Cumpliendo ese doble objetivo, vamos a aprobar ese plan, en el que venimos trabajando desde inicio de la legislatura con distintas entidades, distintos sectores, con el Consejo Provincial de la Mujer... Este Plan de Empleo de la Mujer Rural va a venir complementado con una serie de medidas específicas para los parados mayores de 50 años, así como personas con discapacidad. Lo llevamos en el presupuesto de 2016, y son las actuaciones que, antes de que acabe este mes, vamos a poner en conocimiento de la opinión pública para trabajar en ello.

Las ayudas irán dirigidas a las mujeres emprendedoras. Tanto a las mujeres autónomas que ya estén establecidas como a las que quieran establecerse. Se estructurarán en una serie de pilares como pueden ser ayudas directas, ayudas a la formación, o ayudas específicas tecnológicas...

S. G. C.– ¿Cuál es la dotación?

J. J. C.– En el presupuesto de este ejercicio tenemos 275.000 euros consignados para el Plan de Empleo a la Mujer Rural. En cuanto a los desempleados mayores de 50 años, se han presupuestado unos 50.000 euros, y para ayudas a la accesibilidad de personas con discapacidad, otros 50.000.

Continuaremos con las ayudas directas y todas las acciones para el empleo, porque lo que nos ocupa y lo que nos preocupa son esos 42.800 parados que tiene la provincia de Valladolid.

S. G. C.– Como ocurre con el fomento del empleo, la Diputación asume muchas competencias impropias. ¿Qué parte del presupuesto se va en ellas?

J. J. C.– No puedo cuantificar cuánto dinero gasta una administración como la Diputación de Valladolid en competencias impropias. Lo que sí que es cierto, y es importante, y la crisis lo viene poniendo de manifiesto, y hemos avanzado mucho en ello, es que se tiene que ir dilucidando qué competencias debe ejercer cada administración. Y si una administración ejerce una competencia por delegación de otra, tiene que venir amparada con la correspondiente financiación.

La gran demanda del mundo local, una demanda histórica, porque ya ha llovido después de 40 años, sigue siendo que no tenemos un sistema de financiación estable y suficiente, y un sistema claro. Así como las Comunidades Autónomas tienen un sistema de financiación autonómica claro, las entidades locales seguimos, después de la friolera de 40 años, sin contar con él.

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