Cultura
El vallisoletano Rodrigo Garrido Paniagua ahonda en la identidad, la muerte la memoria y el amor en su poemario 'La primera vez que vi un animal muerto'
La editorial Difácil publica el libro, que se presenta hoy a las 20.00 horas en El Desierto Rojo
La llegada de Rodrigo Garrido Paniagua (Valladolid, 1978) a la poesía fue tardía, superada la treintena, pero el impacto que ha tenido en su vida ha sido poderoso y absorbente. Licenciado en Historia del Arte y profesor de Geografía e Historia, fue a través de un concurso para profesores como llegó a la poesía “por casualidad y de una forma muy tardía” hace apenas un lustro. Desde entonces, ha publicado el poemario 'Los dormidos' (Origami, 2014) y ha participado en numerosas antologías y movimientos poéticos como el micrófono abierto de poesía y microrrelato 'Susurros a Pleno Pulmón', que se celebra cada viernes en el bar El Desierto Rojo, en colaboración con la Librería A Pie de Página.
Es precisamente en El Desierto Rojo donde esta noche, a partir de las 20.00 horas, presentará en sociedad su segundo poemario, 'La primera vez que vi un animal muerto' (Difácil, 10 euros), un volumen de carácter más existencial que 'Los dormidos', que parte de una poderosa imagen icónica: la contemplación de un animal muerto para tomar conciencia de la mortalidad del ser humano y de lo que supone estar vivo.
El libro se estructura en cuatro capítulos, en los que el autor reflexiona y busca respuestas, “sin encontrarlas”, sobre “la identidad, la muerte, la memoria y cómo continuar viviendo con esa consciencia de la mortalidad, sin desfallecer en la búsqueda del asombro de las pequeñas cosas”.
En el primero de ellos, 'Perder la intimidad', reflexiona sobre “la personalidad y la identidad”, lanzando interrogantes sobre cuestiones como el miedo y el amor”; el segundo apartado, llamado 'Pronunciar lo que se teme', se centra en el concepto de la mortalidad, aproximándose al ser humano como “ser finito”; el tercero lleva por título 'Patrimonio en llamas', y trata de la memoria y cómo “el pasado no es algo ajeno a nuestras vidas”; y el último bloque es 'La vida en la boca', y pretende “darle valor a la belleza y a la capacidad de asombro del ser humano para poder soportar esa consciencia de ser un animal finito”.
“Al final no dejan de ser preguntas que en el mundo del arte o la poesía el ser humano se hace una y otra vez. Parece que el ser humano está condenado a hacerse las mismas preguntas sin hallar respuestas, y al final es casi mejor no hallarlas, para seguir indagando”, reflexiona.
Reconquistar el silencio
Garrido Paniagua reivindica la poesía como un instrumento idóneo para aquellos que se cuestionan el mundo en el que viven: “En estos tiempos que corren, en este mundo que va tan rápido y al que estamos sometidos constantemente a un bombardeo de noticias y consumismo, la poesía tiene que reconquistar un espacio de tranquilidad, de silencio activo y reflexivo. La poesía tiene que servir para preguntarnos sobre nosotros mismos, sobre lo que nos rodea, y nos permite ser más dueños de nosotros mismos. Tiene esa función de buscar, de ahondar en lo humano, algo que hoy en día no se da mucho en la sociedad”.
Según detalla el autor, “la poesía tiene su espacio en Valladolid”, y propuestas como 'Susurros a Pleno Pulmón', en la que él participa, otro micrófono abierto como 'Perversos' (cada miércoles en Herminio's Jazz), o las iniciativas de la Casa Zorrilla y la Fundación Segundo y Santiago Montes, entre otras, mantienen viva y cada vez con más intensidad una llama a la que se suman las nuevas generaciones.
Por último, Garrido Paniagua recalca el “orgullo” que para él supone publicar su segundo poemario con la editorial vallisoletana Difácil. “No conocía previamente a César, el editor, pero sí tenía varios libros publicados por ellos, y desde que estos poemas fueron tomando forma como concepto de conjunto tuve la visión de que quería que aparecieran en esta editorial”, completa.