50 AÑOS DE LA FÁBRICA DE MOTORES DE RENAULT
«Hubo días en que contrataban a 100 trabajadores»
Quienes asistieron al estreno de la fábrica recuerdan sus sueldos, pero también las huelgas
Un operario fabrica el motor K-9-Pablo Requejo
A los trabajadores de la antigua FASA, los ‘faseros’, se les conocía en Valladolid como los nuevos ‘señoritos’ de la clase obrera. «Se cobraba bien y estábamos bien vistos en la ciudad». María Esther Álvarez se convirtió en mayo de 1965, meses antes de la inauguración oficial de la fábrica, en la quinta mujer en trabajar en motores.
Tenía tan sólo 15 años y, por su edad, entró como aspirante a secretaria. Aún así, su primera nómina ascendió a 5.000 pesetas al mes, lo que suponía «el doble de lo que se ganaba en Valladolid». En 1971 su salario como secretaria en el departamento de Métodos alcanzaba las 12.000 pesetas. «Era un sueldo muy elevado», recuerda, al mismo tiempo que afirma que «había días en los que entraban a trabajar hasta cien nuevos empleados».
Lo mismo comenta Desiderio Martín Madrigal, que empezó percibiendo 5.000 pesetas al mes, el sueldo por trabajar de lunes a sábado, a lo que sumar 24 pesetas por cada hora extra que realizaban los domingos. Independientemente de la nómina, el primer recuerdo que les asalta a ambos: «Éramos una gran familia, se respiraba un ambiente de compañerismo».
Todos comparten esa sensación, aunque si hay un recuerdo que les asalta es el del incendio del 30 de octubre de 1974. El fuego se originó en Montaje y tuvo trágicas consecuencias (diez fallecidos). Nadie escapó a esa tragedia. Andrés Martín, que trabajó en motores a finales de los noventa, aún se acuerda de la imagen de nueve compañeros tumbados en el suelo y cubiertos con hollín cuando las llamas ya estaban siendo acalladas, pero el humo salí por toda la factoría.
Y qué decir de las huelgas que ensombrecieron la paz social durante la transición. «Fueron años muy convulsos», afirma Desiderio Martín Madrigal, al que eligieron para acudir a las reuniones que se mantenían en la ‘sala de los 500’, aunque él no pertenecía a ningún sindicatos. Esther Álvarez, embarazada por aquel entonces de su primera hija, tiene una fecha marcada, enero de 1975, como el mes de una «muy gorda».
En cualquier caso prefieren recordar que hoy aún, muchos años después de su jubilación, los compañeros siguen reuniéndose una o dos veces al año.