ENCUENTRO INSTITUCIONAL
El día en que cambiaron la forma de mirarse
Silván muestra a Puente la monumentalidad de la ciudad, en una jornada que acabó con cocido maragato en San Isidoro

Firma de Óscar Puente en el libro de visitas.-E.M
Fueron multitud los elogios que el alcalde de Valladolid, Óscar Puente, dedicó a León y a sus gentes durante la larga jornada que pasó en la capital, invitado por su regidor, Antonio Silván. Antes de abandonarla, dejó un mensaje por escrito. Fue en el libro de visitas de la Hospedería de San Isidoro, donde almorzó con el alcalde de León y directores de medios de comunicación. Allí dejó constancia del «día inolvidable vivido»; una fecha «para la historia» en la que «León y Valladolid decidieron mirarse de otro modo».
Puente llegó a la ciudad leonesa, con un minuto de retraso, en el primer AVE de la mañana y caminó por la céntrica calle Ordoño hasta la sede del Ayuntamiento. El anfitrión le subió a la azotea de la séptima planta para ofrecerle la primera instantánea de la ciudad, aunque Puente confesó no ser muy amigo de las alturas. «Me da vértigo», reconoció.
Los dos alcaldes, que compartieron unos minutos de privacidad en el despacho de Silván, se intercambiaron obsequios. El regidor de León le entregó cecina, morcilla, vinos del Bierzo y Tierra de León, el libro sobre la investigación que sitúa en León al Santo Grial y una colección de autores locales.
Óscar Puente le correspondió con con un volumen de grabados de Valladolid y otro sobre el 60 aniersario de la Seminci, queso, pastas y sendas botellas de vino de Ribera, Cigales y Rueda, informa Ical.
Antes de salir del Consistorio, hizo parada en la quinta planta para saludar al portavoz del grupo municipal socialista, José Antonio Diez.
La comitiva se dirigó entonces a pie hasta la Colegiata de San Isidoro. De camino, tropezaron con cinco miembros de la Comunidad Leonesa, que exhibieron banderas y corearon «Esto es León, no es Castilla, ni es Castilla y León».
Llegados al templo, el abad Francisco Rodríguez les dio la bienvenida antes de iniciar una visita al Museo, con el Grial como punto destacado. Las explicaciones de la guía fueron apostilladas con comentarios sobre el hasta hace poco conocido como el cáliz de Doña Urraca. El representante del clero evitó el entusiasmo que sí muestra Silván sobre la autenticidad del Grial. Puente pidió opinión a su jefe de gabinete. «Es arqueólogo», advirtió. La visita culminó en el Panteón de los Reyes.
Tras las comparecencia ante los medios, la comitiva se dirigió hacia la Catedral. Por el camino, conversaron con algunos viandantes –entre ellos, una familia boliviana y un matrimonio madrileño, de turismo–, y se hicieron varios selfies.
En el afamado bar Camarote Madrid, elogiado por el periodista Carlos Herrera como uno de los diez mejores de España, brindaron con vino. Javier Gómez, el dueño, sirvió un Prieto Picudo a Silván y un Arzuaga a Puente, pero los alcaldes se intercambiaron las copas: el de León bebió el Ribera y el vallisoletano, el Tierra de León. Puente se había fijado durante el paseo en las jardineras colgantes de los balcones que lucen vistosos geranios en la calle Ancha y, tras el vino, pidió a Silván que le acompañara de nuevo, interesado, quizá, en exportar el modelo.
De allí partieron rumbo al restaurante, la Hospedería de San Isidoro, donde degustaron cocido maragato regado con Peregrino, del que Puente se sirvió para brindar por una «ciudad y gentes maravillosas». Pasadas las cinco, Puente llegó a a la estación de tren, donde logró subirse a un AVE que partió de León y llegó a Valladolid con doce minutos de retraso.
Valladolid
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raquel-sastre