Diario de Valladolid

ENCUENTRO INSTITUCIONAL

Puente y Silván entierran la etapa de «rivalidades» entre Valladolid y León

Encuentro histórico entre los alcaldes de ambas ciudades, que dan por inaugurado un «nuevo tiempo» de «entendimiento y suma de voluntades» y prometen trabajar en proyectos comunes

Antonio Silván se hace un 'selfie' con Óscar Puente ante la Catedral.-César

Antonio Silván se hace un 'selfie' con Óscar Puente ante la Catedral.-César

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Raquel Sastre

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La imagen fue más poderosa que los discursos. Por lo inédita y, sobre todo, por su significado político. Óscar Puente y Antonio Silván escenificaron el hermanamiento, sin necesidad de título oficial que lo certifique, de Valladolid y León.

Ambos alcaldes, el primero del PSOE y el segundo del PP, dieron por inaugurado un «nuevo tiempo» en las relaciones entre ambas capitales, enterrando sus históricas rencillas. «Hoy quedan atrás épocas de recelos y rivalidades absurdas. León no es más que Valladolid ni Valladolid es más que León, pero lo que es seguro es que León y Valladolid unidas son mucho más que León y Valladolid enfrentadas o divididas», afirmó Puente, cuidando de citar en primer lugar a la ciudad anfitriona.

«No es el momento de mirar al pasado, sino al presente y al futuro. Somos dos ciudades amigas, que no tenemos rivalidad», había dicho con anterioridad Silván.

Fue en el transcurso del primer encuentro institucional, en León. Primero entre Puente y Silván, desde que hace tres meses ambos estrenaran bastón de mando. Primero, también, entre Valladolid y León. Y todo apunta a que no será el último. «Éste es el inicio de un largo recorrido», arrancó el regidor leonés.

En el Salón del Pendón de la Colegiata de San Isidoro comparecieron ante la prensa a media mañana, entre gestos de complicidad y buena sintonía. Ni el lugar fue elegido al azar. «Aquí nació el parlamentarismo en 1.118», apuntó Silván, para centrar el mensaje que hilvanó los discursos de ambos regidores.

«Parlamentarismo es sinónimo del acuerdo, el entendimiento, la suma de voluntades, iniciativas y proyectos», señaló. «Soy un firme convencido de que sumando se hace camino y juntos llegamos más lejos», agregó.

«Hemos hecho esto porque creemos que era oportuno, conveniente, necesario y bueno para nuestras ciudades (...) Porque partimos de una misma premisa, a pesar de las diferencias ideológicas: La suma siempre arroja un mayor resultado que la resta o que la división», solemnizó Óscar Puente.

Eso es, en esencia, lo que dejó el encuentro institucional protagonizado ayer por los dos alcaldes. Si algo concretaron en el encuentro privado que mantuvieron en el Ayuntamiento –en un paréntesis de una visita que incluyó paseo por el centro histórico de la capital leonesa y comida posterior–, en ellos quedó.

Puente y Silván anunciaron que trabajarán en materias «compartidas» como «la cultura, la gastronomía, la realidad social o las infraestructuras», pero no fueron más allá. «Hoy no es el día para hablar de proyectos. Lo importante son los gestos y el mensaje, la etapa que se abre», zanjó el regidor vallisoletano.

Evitaron, incluso, pisar terrenos pantanosos, cuando los periodistas les preguntaron por cuestiones que han sido históricamente motivo de disputa, como la utilidad y rentabilidad de los aeropuertos, o la oportunidad de cerrar alguno. «Vamos a poner en la agenda lo que compartimos y relegar aquello en lo que hay discrepancias, que además son estériles, porque la política aeroportuaria es competencia de Aena», aseguró rotundo Puente.

Tampoco se movieron de lo políticamente correcto cuando se les preguntó si trabajarán de la mano por reivindicar la ejecución de la autovía entre ambas capitales. «Estamos los dos de acuerdo en que viene muy bien a las dos ciudades», resolvió el alcalde vallisoletano.

Su homólogo leonés sí aprovechó para elogiar otras infraestructura, la Alta Velocidad, que desde el martes sitúa a las dos capitales «mucho más cerca» en lo físico. «La distancia real, es inexistente», agregó; reflexión que le sirvió para recordar a los más de 14.000 leoneses que residen en Valladolid; o la «permanente vinculación» entre empresas domiciliadas en ambas ciudades. «La realidad es tozuda», insistió.

Aparcar lo que divide, olvidar el pasado. Fue la máxima del encuentro. «Quiero que esta visita sea la del acuerdo, el entendimiento y la oportunidad», había enfatizado el alcalde anfitrión, en la intervención con la que abrió su comparecencia pública. «Tenemos la responsabilidad y el compromiso», matizó.

Palabras que luego refrendaría su homólogo de Valladolid. «Lo que queremos y lo que vamos a hacer, es abrir una nueva etapa, en la que se sitúen en el primer lugar de la agenda las cosas que nos unen, los proyectos que podemos desarrollar juntos, la complicidad de dos ciudades que se necesitan y se complementan y que no sólo pueden, deben convivir y encontrar espacios comunes y un futuro de prosperidad compartida».

Puente dijo haberse preparado personalmente su discurso – «las palabras son eternamente mías, salidas del corazón»–, como hizo el día en el que asumió el bastón de mando de su ciudad. Y confesó sentirse «emocionado». «Hoy es un día grande», afirmó en dos ocasiones.

«La política, al igual que la vida, tiene muchos sin sabores. Está llena de ruido, de conflicto, de controversia. Pero al igual que la vida, la política tiene momentos hermosos. «Hoy la política nos regala uno de esos momentos, uno de esos que compensan todos los demás, que nos reconcilian con ella», afirmó en un inicio poético.

Más allá de su mensaje en clave de regidor, lanzó algunas reflexiones personales. «Soy de los que disfrutan con un lechazo, sí, pero también de los que se chupan los dedos con una buena cecina, un buen botillo o un cocido maragato. Y no quiero que nadie me obligue a elegir», aseguró.

Dijo no entender a quienes «sólo aprecian su tierra» o «convierten el amor por ella en el reverso del odio, el desprecio o el recelo a las demás. Yo no siento así, yo no vivo así. Y si no siento ni vivo así, tampoco puedo hacer política así», solemnizó.

«Me importa la historia, pero no soy de los que buscan en ella para encontrar elementos diferenciales, distintivos o disgregadores. Prefiero ver los lazos que unen la trayectoria de los pueblos sus puntos de encuentro (...) Mi pensamiento es incompatible con nacionalismos o con localismos», agregó.

Puente cerró su intervención con un deseo, una invitación y una petición. El primero, que la puerta abierta por Silván a Valladolid «quede ya abierta para siempre si es que alguna vez no lo estuvo para todos los vallisoletanos». Un gesto que convirtió en recíproco: «Las puertas de Valladolid están abiertas para todos los leoneses».

Se despidió fijando deberes colectivos: «Les invito a velar juntos porque nadie vuelva nunca a intentar cerrarlas [las puertas], que nadie vuelva a intentar enfrentarnos, que avancemos y preservemos la etapa que hoy se inicia. Convirtamos lo que hoy es excepcional en cotidiano. Hagámoslo juntos».

Silván también puso sobre la mesa otra reflexión. «A lo mejor solos llegamos más rápido, pero juntos llegamos más lejos», sentenció el alcalde de León.

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