SAN PEDRO REGALADO
Suerte adversa para Maldonado
El vallisoletano se vio perjudicado por el mal juego de su lote con embestidas inciertas/ Espada, con dos novillos de calidad, cortó un apéndice a un buen ejemplar de Hermanos Revesado y Varea mostró una infértil pero decidida voluntad
El novillero Francisco José Espada en su segundo toro.-J.M. Lostau
arde de claroscuros, y de calor asfixiante, en la novillada con picadores de la feria de San Pedro Regalado. Los novillos previstos de los hierros salmantinos de Olga Jiménez y Hermanos García Jiménez volvieron al camión y regresaron a los verdes y abundantes pastos de El Cabaco, en las estribaciones de la Sierra de Francia salmantina. Y se hospedaron en los corrales del astados de Hermanos Revesado y Torrealba, dos hierros de una misma familia.
Algunos ejemplares estuvieron bien presentados, aunque otros, como el abecerrado y avacado cuarto, que fue devuelto por inválido, no eran dignos de pisar la arena pucelana. Su sustituto, un castaño ojinegro, muy bien proporcionado en sus hechuras, permitió, qué casualidad, que su lidiador, Espada, desarrollara la faena más completa de la tarde. El utrero, del hierro de Hermanos Revesado, tuvo un comportamiento con movilidad, fijeza, y noble repetición en su seria embestida.
Un gran novillo que estuvo por encima del diestro, aunque el chaval de Fuenlabrada no estuvo mal, con una quietud y voluntad notables. Curiosamente, tras recibir un espadazo, el animal fue llevando su agonía hasta la puerta de chiqueros.
Una faena, esa al cuarto, que permitió que Espada circunvalara el ruedo vallisoletano con la única oreja que se solicitó desde los tendidos y se concedió desde el palco. Ante el que abrió plaza, de mansa y fatigada condición, poco pudo hacer el madrileño, que porfió sin éxito ante una res huérfana de bravura.
Los aficionados vallisoletanos habían depositado en Ricardo Maldonado sus máximas ilusiones de la tarde. Su brillante actuación del pasado mes de septiembre justificaba tal inclinación. Pero entre aquellos novillos de El Torreón y los de ayer de la familia Revesado distó un abismo. Quizá sólo por eso, y quizá también por una responsabilidad que entonces no notó el diestro, Maldonado se debatió entre la decisión y la duda, entre la luz y la oscuridad. Afrontó con profesionalidad ambas faenas, pero la decisión no fue suficiente, ni con el alto segundo ni con el incierto quinto.
Pudo apostar más Maldonado, aunque el oficio es fruto de la experiencia y el menos rodado de la terna es, sin duda, el pucelano. No tuvo la suerte que sí acompañó a Espada, quien tuvo el lote más potable de la novillada. Varea, el tercer espada, tampoco fue afortunado en el sorteo. Su primero, un jabonero gazapón, tuvo poco fuelle. Lo despachó con un tizonazo soberbio.
Ante el sexto la historia volvió a repetirse, y aunque el animal ofrecía la buena condición de su comportamiento, en el tramo de muleta acabó por desinflarse e impedir la buena disposición del castellonense, que posee un toreo sólido aunque de áspera arquitectura.
Con el arrastre del sexto novillo se cerró una feria bien concebida desde el papel pero que, a la postre, ha defraudado en su resultado, en gran medida por el escaso juego encastado de los astados, lo que se unió a la falta de buena disposición de algunos coletudos y a una deficiente presentación de las reses.