Diario de Valladolid

SAN PEDRO REGALADO

Blázquez pide a los corruptos que «devuelvan» lo que se han llevado

Llama a la corrupción «llaga infecta de la sociedad» y pide reacción ante «casos bochornosos» / Aunque rescata a la mayoría de los políticos, asegura que comprende la «irritación» de los pobres

El cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, durante la eucaristía celebrada en la iglesia de El Salvador en honor a San Pedro Regalado.-Ical

El cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, durante la eucaristía celebrada en la iglesia de El Salvador en honor a San Pedro Regalado.-Ical

Publicado por
Íñigo Arrúe
Valladolid

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in citar nombres ni partidos políticos, el arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, lanzó una dura arenga contra la corrupción política, a la que definió como «llaga infecta de la sociedad», y producto del «ansia compulsiva de acumular dinero», para contraponer esta práctica con el mensaje de pobreza que predicó el patrono de Valladolid, San Pedro Regalado.

En una de las homilías más duras que se recuerdan del cardenal, Blázquez, no se quedó en la denuncia. Pidió hechos para reponer el mal causado. «Es necesario que lo devuelvan quienes se han llevado lo que no les pertenece, defraudando, abusando de su posición, saltándose los obligados controles y actuando como cómplices», clamó el mitrado durante su homilía en una abarrotada iglesia de El Salvador, que contó con la presencia de gran parte de la Corporación Municipal, con el alcalde Javier León de la Riva a la cabeza.

Sin perder el hilo de la corrupción el mitrado llegó a afirmar incluso que comprende «la irritación de los más desposeídos cuando se observa el enriquecimiento tan injusto de otros». Por ello, invitó a luchar contra esta lacra, «proceda de donde proceda», ya que dejó claro que, pese a todo, ni la sociedad ni los responsables políticos «en su conjunto» están corrompidos, como han dejado constancia «tantas personas admirables por su competencia, integridad ética y dedicación a la sociedad», aclaró el cardenal.

Tras dejar claro que la corrupción, por fortuna, no es moneda corriente, como demuestra «la reacción contraria que se ha producido», sí puso el foco en los que sí han sido tentados por la avaricia.

«Ha habido focos y grupos de corrupción y personas concretas que han caído en las redes del dinero. Unas veces la corrupción ha sido más extensa y otra más concentrada; ha habido casos bochornosos y nos da pena», tronó el prelado en un sermón que lanzó, intencionadamente o no, a once días de las elecciones municipales y autonómicas.

La peor consecuencia de estos actos, denunció, es la repercusión en los más desfavorecidos, convirtiéndoles en más pobres. «La corrupción es una llaga infecta en la sociedad, un pecado que clama al cielo y un fraude para los demás», afirmó, poniendo de ejemplo a los afectados por el desempleo de larga duración o con pocos recursos.

«Nos aferramos al dinero dañándonos a nosotros mismos, causando estragos a en la sociedad y empobreciendo a muchos», insistió el Ordinario, quien colocó a San Pedro Regalado en las antípodas de esta codicia, un franciscano que observó la pobreza hasta su muerte con una vida espartana.

Tras recordar las palabras de Jesús, «no podéis servir a Dios y al dinero», propuso imitar la «lección básica» del patrono, según la cual «el dinero es un medio para vivir, no es el fin de la vida». «Hacemos del dinero nuestro dios, le tributamos un culto idolátrico y terminados siendo esclavos del afán de tener, de desoír el clamor de los pobres, de olvidarnos de Dios», agregó el presidente de los obispos españoles.

Como antídoto, el purpurado recetó a los fieles «renovación moral» y «activación de las defensas de la sociedad» con «ejemplaridad de personas y hechos» que «estimulen su esperanza».

«Como ciudadanos de una sociedad que amamos, debemos ser moralmente responsables en las convicciones internas y en las actuaciones exteriores, vigilando nuestros comportamientos y mirando por todos, especialmente los más vulnerables», afirmó.

El metropolitano aprovechó la homilía para recomendar la lectura del documento ‘Iglesia, servidora de los pobres’, aprobado por la Conferencia Episcopal, una reflexión en medio de la crisis «dura y persistente» que afecta a España «con el corazón y el oído atentos a la voz de los que más sufren y apenas pueden hablar», concluyó.

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