la espuela: Jaime Gutiérrez, presidente del colegio de psicólogos
«Rato es un sociópata de guante blanco»
«Delibes decía que era un cazador que escribía; yo digo que soy un motero que hace psicología». Rockero, fan de Ramstein y de AC/DC. «Ycon Héroes se me para el reloj». Desde hace un año es el representante de los 550 colegiados de la provincia

El presidente del Colegio de Psicólogos, Jaime Gutiérrez-Miguel Ángel Santos
Ingeniero de emociones y optimista con razón, es profesor en la Universidad Internacional Isabel I de Castilla de Burgos y del Centro Villanueva de Madrid. Vocal de la Sociedad Española de Criminología y Ciencias Forenses y fundador de la joven asociación Helptic, de asistencia a víctimas de las nuevas tecnologías. Y aún le queda tiempo para escribir su tesis, sobre la resiliencia en víctimas de terrorismo.
Pregunta.- Siéntese en el diván. ¿Tuvo una infancia feliz?
Respuesta.- ¡Ah, yo sí! ¡Y sigo siendo una persona muy feliz, ja, ja!
P.- ¿Cuál es la clave?
R.- Darle un significado positivo a los estímulos que percibimos. Un pensamiento positivo genera emociones positivas. Uno negativo, nunca.
P.- ¿Por qué se hizo psicólogo?
R.- Cuando era adolescente una amiga se enamoró del más guapo del grupo –que además era una excelente persona–, pero no le hacía caso. Ella me contaba cómo se sentía y al cabo de unos días vino a darme las gracias: me dijo que estaba pensando en suicidarse y que con mi ayuda le había salvado la vida. Creo que esa fue la espita para poder convencer a mis padres de estudiar Psicología. Hasta entonces me decían: ‘hijo, con la cantidad de carreras que hay en Valladolid, ¿cómo es que te quieres ir a Salamanca?’
P.- Con la crisis, ¿las consultas de están más llenas porque somos más infelices o menos, porque no hay dinero para pagar la minuta?
R.- Menos, porque no se puede pagar la consulta. Entonces te vas al bar a hablar con el camarero, que por eso dicen que tienen mucha psicología. De lo que sí te das cuenta es de que la gente enseguida te cuenta sus problemas. El otro día me paró un señor para preguntarme por dónde se va a la plaza España y me contó: ‘es que a mi mujer le duele el pie y…’
P.- Y eso que no sabría a qué se dedica, que si lo sabe...
R.- Uff, a veces digo que soy autónomo –que también es cierto– porque cuando cuento que soy psicólogo me veo de repente con cuatro personas hablándome a la vez.
P.- ¿Un psicólogo con quién se desahoga?
R.- Con otro psicólogo. Yo he ido muchas veces. Nuestra ventaja es que nos sabemos la teoría, pero todos tenemos experiencias que trabajar.
P.- ¿En España sigue dando vergüenza decir que vamos al psicólogo?
R.- Sí. Sin embargo no nos entraría en la cabeza que a los compañeros del chaval de la ballesta no les atienda un psicólogo. O a las familias de las víctimas del avión.
P.- Muchos psicólogos han puesto el grito en el cielo al considerar que el accidente de los Alpes estigmatiza las enfermedades mentales. ¿Cuál es su diagnóstico de Andreas Lubitz?
R.- Cuando una persona razona, no tiene problemas con su moral, actúa de forma premeditada y su acto no obedece a un impulso incontrolable… no hablamos de un enfermo mental, hablamos de un sociópata. Tampoco podemos decir que fuera un suicida, era un asesino en masa.
P.- La economía de un país, ¿es un estado de ánimo?
R.- Sí. Las crisis no son sólo económicas. Si padecemos una crisis anímica, en lugar de emprender nos quedamos llorando en un rincón.
P.- ¿Somos más desdichados ahora que en época de vacas gordas?
R.- La percepción de la crisis genera la tristeza, pero a partir de ahí podemos construir una realidad nueva. Es el punto de partida para hacer nuevos proyectos.
P.- Disculpe el pensamiento negativo, pero ¿y si esos proyectos no se pueden materializar?
R.- Einstein dijo: no sabía que era imposible y lo hice. Hay que buscarse la vida de otra manera. No podemos esperar resultados diferentes haciendo lo mismo.
P.- Antes la culpa se purgaba en el confesionario. ¿Los psicólogos asumen ahora esa función?
R.- Pues a veces sí. El sentimiento de culpa es una de las lacras emocionales de nuestra sociedad.
P.- ¿De la sociedad occidental?
R.- De la cultura latina. Los anglosajones, por ejemplo, piden perdón directamente a la persona a la que han hecho daño e intentan restaurar el daño causado. Eso sí que purga toda la culpabilidad.
P.- ¿Cree que Rodrigo Rato pedirá perdón y reparará su error?
R.- No lo sé. Es un sociópata de guante blanco. El otro día vi discursos antiguos en los que hablaba sobre corrupción: su forma de controlar las emociones y de poner cara de póker cuando estás haciendo lo contrario son síntomas de un sociópata, de alguien que se aprovecha de los demás.
P.- ¿Cada vez hay más casos de bullying o al haberle puesto nombre al problema parece más frecuente?
R.- Siempre los ha habido, aunque antes era más consentido. Ahora somos más fariseos, porque a veces no queremos verlo. En Castilla y León tenemos un protocolo de atención al bullying y no lo sigue nadie. Es un convenio del Colegio de Psicólogos con la Junta y no recibimos casos. Y los hay. Pero se tapan. Un director de un centro dijo:‘¡cómo lo íbamos a hacer publico, que al año que viene se matriculan menos alumnos!’ Hasta que no haya un caso grave, con una víctima mortal, no vamos a querer saber nada.
P.- Su afición a la moto, ¿es un intento de que su vida vaya sobre ruedas?
R.- ¡Mira qué bonito! Esa frase me gusta. Yo suelo decir otra: la moto me da la vida que la vida me quita.
P.- ¿Qué diría Freud de la querencia de los hombres hacia vehículos grandes y potentes?
R.- Freud se tenía que haber preocupado más de resolver su matrimonio que de la vida sexual de los demás. Pero sí, la interpretación freudiana sería compleja.
P.- ¿Qué comida le vuelve loco?
R.- Todas. Soy muy de plancha. Y me gusta la paella. Vamos, menos el brécol, la coliflor, los callos y esas cosas me gusta todo. Además es que me gusta cocinar, me relaja mucho.
P.- ¿Y qué cosas le deprimen?
R.- La mezquindad. Que la gente se alegre del mal ajeno, que no sepa valorar a los demás.
P.- El Quijote, ¿estaba loco o era un visionario incomprendido?
R.- Estaba loco y esa es su delicia. Además, de una enfermedad que todos hemos padecido: el amor. El enamoramiento tendría que venir en los libros de diagnóstico. Cuando te enamoras vives una experiencia psicótica: idealizas a otra persona, no duermes, no comes, tu vida depende del otro… Pero es una enfermedad temporal, porqueconsume mucha energía y el cerebro dice ‘para un poco’.
P.- ¿Qué es la felicidad?
R.- Hay mucha gente empeñada en que la felicidad no existe, luego nunca la van a alcanzar. Yo creo en la felicidad porque creo en la desgracia. Ylas emociones son dicotómicas. La felicidad es como el Camino de Santiago: cada paso te pone más cerca de la meta, pero hay que ir andando. Lo suyo es hacerlo paso a paso y disfrutar del camino. Y llegar a Santiago con ampollas y heridas, reventado y quemado por el sol, pero contento.
P.- Punset dice que la felicidad está en la antesala de la felicidad
R.- Soy un enamorado de Punset, y pongo todos sus vídeos en clase. Mucha gente le critica, pero se ha entrevistado con los números uno de la ciencia mundial. En Estados Unidos le pondríamos al lado de la estatua de Colón, pero aquí no le valoramos.