Tribunales
El cabecilla del clan de los 'Monchines', condenado a cinco años de cárcel por narcotráfico
El resto de los de los acusados cumplirán penas que van de los dos a los cuatro años, tras el acuerdo alcanzado entre el fiscal y la defensa

Salvador Romero Larralde, cabecilla del clan de los 'Monchines'-Ical
Salvador Romero Larralde, el cabecilla del clan de los 'Monchines', ha sido condenado a una pena de cinco años de cárcel y a una multa de 7.000 euros por un delito de tráfico de drogas y otro de pertenencia a grupo criminal. La sentencia fue dictada hoy por la Audiencia Provincial tras el acuerdo previo de conformidad entre los abogados de los acusados y el fiscal.
Gracias a este acuerdo, Romero Larralde, también conocido como 'El Negro' y que en enero de 2007 ya fue condenado a once años de cárcel por un delito similar, ha visto reducida su pena en un año con respecto a la petición inicial del fiscal.
Además, su mujer Ana María Cortes Jiménez, ha sido condenada a cuatro años de cárcel y una multa de 7.000 euros, un año menos que la petición previa del ministerio público, y la misma pena correspondió a Salvador Romero Cortes, hijo de ambos, y a José Enrique Ramírez Romero, yerno de 'El Negro'. Además, las hijas del matrimonio, Aroa Romero Cortés e Isabel Romero Cortes, que se enfrentaban a penas de cinco años y tres meses, finalmente han sido condenadas a dos años como cómplices y a una multa de 3.500 euros, por lo que evitarán su ingreso en prisión.
Al mismo tiempo, también han sido condenados los tres colaboradores de este clan familiar acusados en el juicio. A Andrés Prieto Vaca deberá cumplir tres años y ocho meses de cárcel, mientras que José Valentín Arroyo y Juan José Rodero han sido castigados con tres años. En los tres casos se les imponen multas de 7.000 euros.
A los colaboradores Andrés Prieto y José Valentín, así como a Salvador Romero Cortés y a José Enrique Ramírez Romero se les aplicó un atenuante por adicción a las drogas.
La sentencia, que ya es firme al haberse dictado con la conformidad de los nueve acusados, fue leída esta mañana 'in situ' por los magistrados de la Sección II de la Audiencia Provincial en presencia de los imputados, que uno tras otro la aceptaron, en un acto en el que no faltaron las sonrisas entre los acusados y las críticas de 'El Negro' al presidente del tribunal, que se quejó de forma airada de la presencia de fotógrafos en la sala mientras se daba a conocer la condena, asegurando que no “somos la Pantoja”.
Operación policial
Todos los acusados fueron detenidos el pasado mes de mayo dentro de la operación 'Cholo', dispositivo que, según la Policía Nacional, sirvió para truncar el intento del clan de los 'Monchines' de volver a poner en marcha una red para introducir y distribuir heroína en Valladolid.
Las investigaciones, según fuentes policiales, comenzaron ante las denuncias anónimas que situaban a 'El Negro' en las actividades de venta de heroína y la utilización de terceras personas para su venta a toxicómanos. Estas informaciones fueron coincidentes con un repunte en determinados delitos contra el patrimonio, como hurtos en zonas comerciales próximas a los puntos de venta o robos en interior de vehículos, cometidos por personas que se encuentran enganchadas a la heroína.
Establecido el dispositivo correspondiente, los agentes pudieron comprobar los contactos que Salvador Romero Larralde y su mujer, así como el resto de los familiares detenidos, realizaban en su domicilio con personas que posteriormente acudían a otras zonas de la ciudad donde les esperaban consumidores habituales de heroína a los cuales suministran la sustancia a cambio de dinero. Posteriormente, estas personas acudían al chalet de los Monchines ubicado en calle Alta, donde entregaban la recaudación.
La casa era el punto donde realizaban las entregas de droga, utilizando vehículos que no figuraban a su nombre para transportarla. Además, durante las entregas el resto de integrantes del grupo familiar realizaba tareas de vigilancia para que no se acercara nadie extraño, ni apareciera ningún vehículo policial. El control de la zona era tan alto, que uno de los hijos del matrimonio compró un piso en la calle Ruiseñor desde donde, a modo de atalaya, vigilaba durante largas horas cualquier vehículo o persona que se acercará.
El pasado 21 de mayo y tras interceptar una entrega de unos 50 gramos de heroína a uno de los distribuidores, comenzaron las detenciones y los registros. En el dispositivo policial, en el que participaron más de 50 agentes de Unidades de Policía Judicial, Seguridad Ciudadana, Policía Científica y Unidades de Intervención, fueron registrados cuatro domicilios y dos vehículos, dando como resultado la intervención de unos 65 gramos de heroína, speed, hachís, además de varias plantas de marihuana, tranquimacines, dos vehículos, cuatrocientos euros en efectivo, numerosos instrumentos para la elaboración de papelinas, así como una gran cantidad de teléfonos móviles y documentación.