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O sí. Es un final que no desearíamos nadie a estas alturas, cuando llega tras conflictos armados y atentados. Como título de canción y caudal de sentimiento es esta sintonía, la que amortigua el dolor de la pérdida y trasciende, en gran medida, a la muerte de un servidor público. Hay quien dice que es el himno del 12 de octubre. Tan próximo en el tiempo. En breve, volverán, supongo, a entonarse una versión de los versos del cura Azurmendi, su autor. “No es el final del camino”, dice ese himno que nos une a todos ante los que dieron o se jugaron su vida por España. Algunos creen que ya no pasa esto, que lo de morir por España es de las guerras y tiempos de historia. Pues no. En este país llevamos muriendo y matando desde la génesis de nuestra historia. Por eso, todavía hoy, escuchamos “la muerte no es el final” ante el fallecimiento en acto de servicio de guardias civiles, policías nacionales y otros miembros del ejército y de las fuerzas del orden, además de hombres, mujeres y ciudadanos sin uniforme, pero implicadas en el compromiso con la nación. Cuántos misioneros y misioneras, que son las oenegés que trabajan en silencio, sin más doctrina que la caridad, mueren por Dios y por sus necesitados y no salen en los titulares de la propaganda encarnada y radical. Ellos, los misioneros, mueren por Dios y por tanto pobre. De ahí, que la carga espiritual y de fe de esta canción hable de destino. “Tú nos hiciste, tuyos somos. Nuestro destino es vivir, Siendo felices contigo. Sin padecer ni morir…” Estamos tan faltos de una canción, una que nos levante el ánimo, que haga de mundial de fútbol todo el año para no agarrarnos solo a la nota triste, patriótica y solidaria de la “Muerte no es el final”. Ay, Francia, como te envidio cuando los tuyos te cantan. Lo que hay que evitar es que el final no sea el de la muerte. Que no tengamos que pasar por esos tragos que tanto impactan a la sociedad civil. Al común. Una sensibilidad que comparten vecinos y ciudadanos ajenos a las fuerzas del orden y de las familias. “Cuando la pena nos alcanza, por un hermano perdido.” A todos y a todas, a jóvenes y mayores nos duele y emociona. Los países ricos, las democracias solventes y las sociedades cultas, lejos de alejarse del conflicto bélico se enzarzan en él. Tiempos corren llenos de rumor, horror y olor. A pólvora y dron. Y aquí, en España, inmersos en una tragedia anunciada en Ceuta, tierra española invadida. Veremos como transcurre el 12 de octubre, día de la Virgen del Pilar, de la Fuerzas Armadas, de la Hispanidad y en una nación que sangra de nuevo en las costas de África. Feliz día Nacional de España. Y que nadie tenga que morir por ello.