AL SERENO
¿Y tú dónde andabas?
Ha pasado ya una semana, ocho días de normalidad astronómica sin mirar al cielo más que en busca de algunas nubes que nos oculten de ese sol abrasador que se apagó por unos instantes el 12 de agosto. Andando el tiempo la gente se preguntarán unos a otros donde estaban el día del eclipse, con quién y se intercambiarán el relato de aquella tarde memorable. Una ocasión única para recordar, no como aquel nefasto día de abril de 2020 del que todos nos acordamos porque se ordenó nuestro confinamiento obligatorio por culpa de la epidemia del coronavirus. El eclipse, por el contrario, fue una fiesta y más en Castilla y León que lo vio en primer plano. Espectacular, aún más, en Burgos donde se dieron unas condiciones idóneas por su ubicación geográfica y altitud y el cielo se apagó de forma mágica. Sobrecogedor el silencio absoluto que reinó en la ciudad en aquellos instantes en los que atardeció y amaneció dos veces en un día. Hasta las luces de los escaparates y los autobuses se encendió en plena tarde. Asombroso y muy satisfactorio para la enorme multitud de personas que acudieron a la capital burgalesa desde el extranjero y el resto de España. Burgos fue por un día un Babel de nacionalidades al que están acostumbrados en destinos tan turísticos como Sevilla o Santiago de Compostela pero que en Burgos aún nos resulta abrumador. Sin embargo, bienvenido sea este dedazo bajado del cielo que se posó sobre el mapa señalando a la provincia como la atalaya ideal para el eclipse. Entre turistas y científicos, que no se sabe quiénes son mejores comensales, casi acaban con las existencias de lechazo y vino de la tierra. Ojalá que esté mes de agosto sea el punto de partida que levante la estancia media de los turistas en la capital burgalesa que es, aunque parezca insólito, la menor de Castilla y León. Un día y medio y listo. Para ver la Catedral, comerse unos cojonudos y marchar al día siguiente después de visitar el museo de la Evolución. Puro turismo de fin de semana. Aunque en el caso del eclipse se notó la afluencia de forasteros desde el viernes anterior y se les siguió notando días después, por lo que es fácil deducir que el tipo de visitantes que llegaron dan un perfil de turista curioso que se ha empapado de las riquezas de Burgos y su provincia. Serán grandes embajadores de nuestra tierra que podrán predicar las bondades de la acogida que se les dispensó y recomendar una larga visita, de más de un fin de semana, que es lo típico que sucede ahora. Ojalá que el eclipse cambie esa dinámica porque no habrá otro igual en décadas.