Diario de Valladolid

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Qué sofoque! Es tanta la corrupción del sanchismo, que faltan horas al día y a la noche para ponerse al tanto. Ya te notifican el nuevo hurto en tiempo y en lugares inverosímiles. Un novelón por WhatsApp. ¿No sería más fácil escribir un tratado de la sisa con la IA? Pues no. Cada cosa en su formato. Mi caso es uno de tantos. Estoy en el primer sueño, y ¡zas!: mi prima Sharon Stone, desde Nueva York, me manda el Time en pdf. ¿Cómo no atenderla si cada vez que lo hace es… una dulzura del sueño siempre en modo interruptus? Lo de mi amigo Alejandro Tudela desde Lima, con sus artículos del Expreso, es dramático: el hombre, que como ministro de Justicia encarceló a Fujimori, hoy vota a su hija Keiko para no caer en el comunismo. ¿Cómo no corresponder en el acto?

Andaba en estas duermevelas, cuando el miércoles 24, antes del alba, un amigo egipcio –oyente en el Congreso Internacional sobre el Centenario de Ángel Crespo, organizado por la Universidad de Alcalá de Henares y por la Fundación Jorge Guillén de Valladolid– me dio la primera noticia por Whats de «la última merienda de negros», según él, del sanchismo en relación con la corrupción en el Ayuntamiento de Soria. Como servidor no decía ni pío –¿qué voy a decir a las cinco y cuarto de la mañana?–, fue directo: «¿No son estos señores de tu pueblo?». Son primos lejanos, contesté, pero no, no son de mi pueblo. En mi pueblo son casi todos blancos, y los pocos negros que hay son tan buenos que hacen humanos a los angelitos de Machín.

Desde ese instante –ya en el meridiano de la convocatoria poética– mi presencia en el Congreso Internacional –había ponentes y asistentes de diversas nacionalidades–, se redujo a pasar desapercibido. Distingo. Una ausencia que nada tiene que ver con la deserción en masa de los castellanos & manchegos, y de sus instituciones –Ayuntamiento y Diputación de Ciudad Real–, que ni aparecieron por Alcalá, desentendiéndose del centenario de su paisano más universal después de don Quijote. ¿Por qué? Sospecho por lo que dice Sancho en su carta a Teresa Panza: mantén el secreto, tronca, pues «unos dirán que es blanco y otros que es negro» (Quijote II, 26), o rojo o azul. Y es que nadie es profeta en su tierra. Y si encima ese nadie es poeta y de los buenos, pues le ocurre como a Pascual que nunca le falta un mal.

Lo cierto es que la evidencia –rasgo común a todo profeta–, irrumpió en Alcalá de Henares, en Nueva York, en Lima, en Egipto, y en el resto de los dominios de internet, por una nimiedad que afecta a la corrupción triunfal del tirano Sánchez. Se han hecho tan ecuménicas y abultadas sus alforjas, que rebasan las arcas del Partido, las de Begoña, las de su hermano David, las de Ábalos, las de Cerdán, las de Zapatero, y las del sursum corda. Le faltaba –puro caprichín de chamarilero barroco– el bargueño del

Ayuntamiento de Soria. Pues ya lo tiene, y con un título de hidalguía bien soriano: la operación «Fuentona». Lo que al poeta que suscribe no le extraña nada de nada. La corrupción sanchista cae como algo que, ay, se nos deshoja.

Pero no nos pongamos trascendentes como si fuéramos a perder Cuba de nuevo. En La señora Cornelia, una de las novelas ejemplares de Cervantes, andaba la percherona «pasmada, atónita y confusa» por todos los rincones, y esto provocó la ironía cervantina. Pues igual ha ocurrido con la supuesta trama soriana del señor Martínez & Mínguez, Alcalde de Soria durante casi 20 años, actual Secretario General del socialismo en Castilla y León, procurador en Cortes, y que, según declaró, sólo tiene en su cuenta corriente cuatro mil euros. Abran una suscripción populista para paliar semejante penuria. La trama de la Fuentona, con su repercusión regional, y quizás por esperado, es un simple parte meteorológico dentro de la estampida general del sanchismo.

Insisto en lo del sanchismo, porque el sábado pasado leí que el caso del señor Martínez era realmente singular por encontrarse medio perdidico en el partido, y dentro de los que llaman «desalienados». Singular paradoja que se repite con insistencia. ¿Desde cuándo el ex alcalde de Soria y Secretario General autonómico es un desalienado, que nada tiene que ver con el sanchismo más estructurado y dependiente? El mismo Martínez deshizo esta entelequia que corre por ahí como una leyenda urbana. En el momento álgido de la campaña electoral del 15-M, que perdió sin paliativos, el mismo Martínez despejó la incongruencia, incluyéndose en la banda a todos los efectos: «ahora soy sanchista» y sobre todo «soy del PSOE». Y a otra cosa, mariposa.

Es tan del PSOE como sanchista, y tan sanchista como del PSOE. Identidad sustancial. Tanto, que parece el soliloquio de Sánchez & Begoña a capela. La consigna, tras el Comité Federal del sábado, es que el diluvio de la corrupción tenga el relato del nuevo Noé que es un guay del Paraguay: señoras y señores, aquí sólo caen cuatro gotas. Por tanto, los juicios, las sentencias, y las denuncias, son lloviznas. Desde la España vaciada, la pancarta del Ayuntamiento de Soria es la más reivindicativa: existimos porque, como en el resto de España, aquí también se corrompe. Y además se roba porque aquí, en contra de lo que se diga, seguimos los cursillos de Sánchez hasta en las fiestas de San Juan que son la oda al beodo con bote. ¡Lo que cuesta que Soria salga en los telediarios es indecible!

Bromas aparte, y a pesar de las sonoras carcajadas del tirano en el Congreso de los Diputados, descojonándose de todo y de todos, un diluvio es una cosa muy seria, porque se lleva por delante a toda la humanidad que ha perdido su humanismo en desfalcos sanchuneros. Así que delenda est tyrannia.

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