Soria está en el mapa
Por fin Soria está en el mapa. En el portulano sanchista de la corrupción, gracias al señor Martínez, ex alcalde de Soria, y actual Secretario General de los socialistas en Castilla y León. Lógico. Tanto hablar de transparencia, de honradez, de buen gobierno, de tanto fin de campaña con Sánchez y Zapatero como líderes de la limpieza que fija y da esplendor, y de tanta vuelta de la burra al trigo, resulta todo sospechoso. Tanto, que hasta el adagio popular –y refiero el menos procaz de esos dichos– sale al paso de este modo tan elegante: antes que acabes, no te alabes. Lo que quiere decir, que mientras no se rematen las faenas, los latrocinios, o las buenas obras –usted, señor Martínez, cuanta por anticipado con mi presunción de inocencia–, hay que ser prudente, y no soltar la boca antes de tiempo, porque la puede uno ciscar.
Que usted, con perdón, la ha ciscado, parece evidente. Nadie se cree su declaración del jueves: «ni yo ni el Ayuntamiento de Soria son causa ni investigación». Ah, ¿no? ¿Y qué son esas detenciones con un montón de imputaciones? ¿Y qué esas cuatro versiones por el chivatazo que se parecen a las de Ábalos y Delcy en Barajas? Por favor, respete las formas. Todos sabemos que en un ayuntamiento con las características del soriano, no entra ni sale un solo euro sin el visto bueno de su alcalde. Lo que son las cosas. Pocos días antes del cierre de campaña, el Consejo de Ministros, concedió a su Ayuntamiento 5 millones para la Estación de Soria, que curiosamente tiene de todo menos trenes. Con estas partidas tan suculentas –más las supuestas que salgan con la «Fuentona»–, Soria ha entrado con pleno derecho en eso que usted llama «mancha de aceite». Soria es ya una adenda del sanchismo.