LA SOLANA
Las fiestas de Soria, este año con chupinazo
La ciudad de Soria está estos días de fiesta. Su primer día es el Miércoles El Pregón, pero este año han comenzado con el chupinazo del martes. Mientras los jurados ensayaban el pregón y los operarios preparaban la cena de gala en el Ayuntamiento, la Guardia Civil prendía el chupinazo con un registro de las instalaciones municipales en el que se empleó durante todo el día. Los datos sobre las causas del registro convirtieron el chupinazo en bombazo, cuando se conoció que detrás de lo que andaban los guardias, dirigidos por el juzgado, eran delitos de prevaricación administrativa, tráfico de influencias, falsedad documental, negociaciones y actividades prohibidas a los funcionarios públicos, blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal. Al final, siete detenidos, empezando por una concejala, la de Turismo y Medio Ambiente, Yolanda Santos, un clásico en las alineaciones electorales y en los últimos equipos de gobierno de Carlos Martínez Mínguez, alcalde de Soria hasta hace un par de meses y hoy jefe de la oposición en las Cortes. Es él, por tanto, al que más le afecta la investigación como responsable político, porque el actual alcalde, Javier Antón, acaba de llegar, eso sí, por la gracia del dedo de Martínez. La oposición soriana en el Ayuntamiento se ha venido esforzando en decir que las cosas no funcionan bien en el Ayuntamiento y que algunas cosas huelen mal. Martínez les ha dicho de todo, con altanería, ante cualquier mínima denuncia. Pero ahora ya no es el PP ni Vox, sino un juzgado el que investiga tras una denuncia de una empresa que seguramente se sintió perjudicada frente al trato dado a una empresa relacionada con la concejal. Quizá debería ser un poco menos arrogante ahora, porque aunque él no esté implicado, si era hasta hace nada el capitán del barco en el que ahora se constata que las vías de agua que intuía la oposición sí existen. El reciente ex alcalde no debe olvidar que él nombró a la concejala y que la vigilancia del cumplimiento de las normas en el Ayuntamiento parece que no ha sido la adecuada. Son cuestiones importantes en cualquier barco de las que los capitanes no pueden quedar al margen ni aunque, como en este caso, haya abandonado el navío poco antes. Ese reciente desembarco va a querer aprovecharlo para tomar distancia, porque su estrategia con el presunto chivatazo parece marcar el camino. Cuando le acusan de revelación de secretos, tras publicarse declaraciones suyas en El País diciendo que le avisaron el día antes del registro (luego matizadas para decir que fue unos minutos antes), responde que no tenía conocimiento de ese secreto, pero, «si lo tuviera, como si lo canto en un megáfono. La responsabilidad nunca sería mía». Toma ya, que caiga el que se lo contó, pero él no, que es el que la lía en un medio nacional. De momento, desde su prima, la culpa, como siempre, es de los que denuncian cuando ven cosas raras. No son tan malas las denuncias si sirven para aclarar las cosas, provoquen chupinazos o no.