AL SERENO
Los coches de choque
A última hora y con polémica. No estoy hablando de la primera sesión productiva en la casa de los largos pasillos y frío mármol en la que está depositada la soberanía popular en Castilla y León, sino de otro sainete con el que resulta fácil trazar paralelismos. Lo que parece que no encuentra solución pese al mucho tiempo que se ha dejado pasar no es la legislatura en el parlamento autonómico sino la feria de atracciones de las fiestas de San Pedro en Burgos. El tren de la bruja político pero con fuegos artificiales. Aquí y en Soria, a las atracciones las llamamos barracas, pero en otros puntos de la Comunidad se les dice cacharritos, cacharros o tiovivos. Pero al margen del nombre, constituyen uno de los ingredientes básicos de cualquier fiesta, aunque sea de pueblo, porque entretienen a niños y abuelos, dan color a la noche y son un clásico de los recuerdos de infancia de cualquiera de nosotros. En Burgos, además, son un arma arrojadiza política de primer orden y gasolina al fuego del descontento popular con sus fiestas. Nunca, y mira que llevo años en esto, he visto unas fiestas de Burgos acogidas bien por el público o por los grupos de la oposición. Aquí tenemos políticos capaces de hacer tales cabriolas que ni los equilibristas del alambre para criticar hoy lo que defendían antaño y no faltan Tonettis prestos a pintarse la cara de blanco y ponerse la nariz colorada. Vamos a contar mentiras, tralará. Los unos por los otros, pero a falta de quince días para que arranquen las fiestas no hay acuerdo para que los feriantes se instalen en algún punto de la ciudad con sus barracas. Soy de la opinión, lo habré repetido mil veces, de que las fiestas no suman capital político al partido gobernante. Todo lo contrario. Por muy buena que sea la programación de los festejos, los burgaleses no aplauden el programa en la convicción de que es lo que tiene que hacer el ayuntamiento; y punto. Por el contrario, somos raudos con la crítica y siempre todo nos parece poco y malo, porque generalmente es la conclusión adecuada. Si hubiera venido Bad Bunny a dar un concierto, alguno no habría levantado ni una ceja. Burgos no se merece menos pero pocas veces se logra lo que le corresponde a esta ciudad que aspira a competir en la Champions de las capitales culturales mientras se ahoga en un vaso de agua. Tierra de gentes capaces de levantar una catedral gótica que quita el hipo, pero incompetentes a la hora de encontrar cuatro hectáreas de suelo donde encajar unos tristes coches de choque sin que parezca una crisis de Estado. Cualquier alcalde o alcaldesa debe estar preparado para salir trasquilado de las fiestas por la severidad del juicio popular. No alcanzo a imaginar si en Burgos tuviéramos unas fiestas buenas como las de Soria, en qué niveles de polémica andaríamos metidos. ¡Que pasen pronto!