La gratuidad de la matrícula o el ejercicio de la política real y eficaz

Mañueco durante su visita el Centro Tecnológico de Miranda de Ebro.
La gratuidad universal de la matrícula del primer curso universitario para empadronados en Castilla y León puede ser una acción política controvertida, aunque esté encaminada a fijar población. Deja de serlo en la España de las autonomías, en la que otros territorios compiten con distintos incentivos fiscales. O por ejemplo con los descuentos para los cercanías que son comunes para todos los españoles que residan en lugares que dispongan de cercanías. No es el caso de Castilla y León. Y eso desde las administraciones también desencadena desequilibrios territoriales que luego cada comunidad se encarga de corregir. En cualquier caso, igual que Buscyl, una de las iniaciativas más aplaudidas popularmente y mejor aceptadas de los últimos lustros, la propuesta de Mañueco en seguir avanzando con la financiación pública de servicios que cohesionen el territorio y favorezcan la fijación de población siempre será más elogiable que el derroche de otras comunidades en batallas lingüísticas o embajadas en el extranjero inservibles.
Hacer política real es gestionar con eficacia, con eficiencia y acorde a las necesidades de la gente. Es hacer cosas que hagan mejor la vida de la gente. Sin duda la matrícula gratuita el primer año, lo hace. Fija población. Pero también atrae población.
Siendo una propuesta que no tuvo éxito en las Cortes cuando la intentó el PSOE, tampoco es entendible que sea el PSOE al que le ha faltado tiempo para arremeter contra Mañueco por anunciarla para el próximo curso. En un mes hay elecciones. Si el PSOE gana, lo tiene fácil para atribuirse la acción que corresponderá al próximo ejecutivo que lleve las rienda de la Junta. Pero lo menos apropiado parece arremeter contra sí mismo o practicar el quejido de la gata Flora, que si se la metes grita y si se la sacas llora. Ese es el desconcierto en que el que vive el PSOE atemorizado por la hecatombe electoral que les espera tras el certificado de Extremadura y Aragón. No son conscientes de que con la queja y el lamento constante, en un asunto que la población aplaude, como hizo con Buscyl, a la vista de los cientos de miles de usuarios, el mensaje que llega, no el que pretenden mandar, es que también parecen contrariados con medidas que hagan mejor, más fácil y más asequible vivir en Castilla y León. Son razones para quedarse, pero también para venir. Son las necesidades que precisa la despoblación para combatirla, aunque la lacra siga latente desde hace 60 años.