AL SERENO
Los que pían y no hacen nada
YA QUEDA POCO para que vuelvan las carreras. No las de Carlos Sainz y Fernando Alonso ni las de la gran atleta burgalesa Eva Santidrián, con su oro en los relevos, o el versátil Dani Arce que lo mismo anima el Cross de Atapuerca que te borda los 3.000 obstáculos. Son otras las carreras que se nos avecinan y bien cargadas de fosas, vallas y handicaps desde el mismo momento en el que el presidente autonómico pulse el botón que desencadene las próximas elecciones autonómicas. El entrenamiento intensivo de la precampaña que se aceleró desde el verano, construyendo la velocidad de crucero necesaria, va dando sus frutos y los tres partidos que se juegan algo en las urnas de Castilla y León ya han pasado de fase. Algunos, más faltos de recursos, carecen de fases y sólo saben usar los catalejos y los megáfonos. Lo uno para no quitar la vista de la meta y lo segundo para ser los primeros en soltar la mayor sinsorgada del día, a ver si posicionan en las redes sociales o donde quiera que tengan plantada la diana. La competición está reñida entre los partidos de la oposición de Burgos y los del parlamento autonómico, que son los mismos. Los líderes del PP en Burgos y Castilla y León comparten idéntica situación con la dupla de la pinza en cuanto a la aprobación de los presupuestos del año 2026. A la alcaldesa de Burgos, sus antiguos socios de gobierno se los rechazan con el peregrino argumento de que los consideran unos presupuestos socialistas. Se conoce que, según ellos, el socialismo es demasiado radiactivo como para que alumbren unos presupuestos decentes, pero no para arrimarse para aplicar fuerza a la pinza. Cristina Ayala y sus concejales se preguntan si elevar el presupuesto de Servicios Sociales a la cifra más alta de su historia o finalizar obras como el cívico de Fuentecillas es socialismo o es dar a los ciudadanos lo que merecen, pero no hayan respuesta. Lo que va a suceder, ya les quito el suspense, es que PSOE y Vox nunca apoyarán un presupuesto tan expansivo como el que hábilmente ha diseñado el PP porque sería cortarle un traje holgado para que despliegue sus políticas y lleve a cabo sus proyectos con comodidad en 2026 y ni siquiera necesite volver a presentar unas nuevas cuentas para 2027, cuando se celebrarán las elecciones municipales. Sería del género tonto, políticamente hablando, pero a estas alturas uno ya se espera cualquier cosa. A partir de ahí, Ayala invocará la cuestión de confianza -por segunda vez- y Vox y PSOE ahuecarán las plumas, porfiarán todo lo que se les quiera escuchar y no harán nada más. Exactamente como la vicepresidenta del Gobierno y líder de Sumar sobre los escándalos que acechan al PSOE. Ruido y vuelta al coche oficial. Ayala tendrá su presupuesto y podrá gobernar cómodamente hasta las elecciones. Otra cosa es que el PP sepa o pueda aprovechar esa ventaja que se ha sabido construir.